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Andrés Kim
Tae-Gon, nació el 21 de agosto de 1821 en Solmoe (Corea). Sus padres
eran Ignacio Kim Chejun y Ursula Ko. Era niño cuando la familia
se trasladó a Kolbaemasil para huir de las persecuciones. Su padre
murió mártir el 26 de septiembre de 1839. También
su bisabuelo Pío Kim Chunhu había muerto mártir en
el año 1814, después de diez años de prisión.
Tenía quince años de edad cuando el padre Maubant lo invitó
a ingresar al seminario.

Fue enviado al seminario de Macao. Hacia el año 1843 intentó
regresar a Corea con el obispo Ferréol, pero en la frontera fueron
rechazados.

Se ordenó diácono en China en el año 1844. Volvió
a Corea el 15 de enero de 1845. Por su seguridad sólo saludó
unos cuantos catequistas; ni siquiera vio a su madre quien, pobre y sola,
tenía que mendigar la comida.
En una pequeña embarcación de madera guió, a los
misioneros franceses hasta Shangai, a la que arribaron soportando peligrosas
tormentas.
En Shangai recibió la ordenación sacerdotal de manos de
monseñor Ferréol el 17 de agosto de 1845, convirtiéndose
en el primer sacerdote coreano. Hacia fines del mismo mes emprendió
el regreso a Corea con el obispo y el padre Daveluy. Llegaron a la Isla
Cheju y, en octubre del mismo año, arribaron a Kanggyong donde
pudo ver a su madre.
El 5 de junio de 1846 fue arrestado en la isla Yonpyong mientras trataba
con los pescadores la forma de llevar a Corea a los misioneros franceses
que estaban en China. Inmediatamente fue enviado a la prisión central
de Seúl. El rey y algunos de ministros no lo querían condenar
por sus vastos conocimientos y dominar varios idiomas. Otros ministros
insistieron en que se le aplicara la pena de muerte. Después de
tres meses de cárcel fue decapitado en Saenamt´õ el
16 de septiembre de 1846, a la edad de veintiséis años.
Antes de morir dijo: “¡Ahora comienza la eternidad!”
y con serenidad y valentía se acercó al martirio.

Pablo Chong Ha-Sang
nació en el año 1795 en Mahyon (Corea) siendo miembro de
una noble familia tradicional. Después del martirio de su padre,
Agustín Chong Yakjong, y de su hermano mayor Carlos, ocurridos
en el año 1801, la familia sufrió mucho. Pablo tenía
siete años. Su madre, Cecilia Yu So-sa, vio cómo confiscaban
sus bienes y les dejaban en extrema pobreza. Se educó bajo los
cuidados de su devota madre.
A los veinte años dejó su familia para reorganizar la iglesia
católica en Seúl y pensó en traer misioneros. En
el año 1816 viajó a Pekín para solicitar al obispo
algunos misioneros; se le concedió uno que falleció antes
de llegar a Corea. Él y sus compañeros escribieron al papa
para que enviara misioneros. Finalmente gracias a los ruegos de los católicos,
el 9 de septiembre de 1831 se estableció el vicariato apostólico
de Corea y se nombró su primer obispo encargando a la Sociedad
de las Misiones Extranjeras de París la evangelización de
Corea.
Pablo introdujo al obispo Ímbert en Corea, lo recibió en
su casa y lo ayudó durante su ministerio. Monseñor Ímbert
pensó que Pablo podía ser sacerdote y comenzó a enseñarle
teología... Mientras tanto brotó una nueva persecución.
El obispo pudo escapar a Suwon. Pablo, su mamá y su hermana Isabel
fueron arrestados en el año 1839.
Aguantó las torturas hasta que fue decapitado a las afueras de
Seúl el 22 de septiembre. Poco después también su
madre y su hermana sufrieron el martirio.
ORACIÓN: “Oh
Dios, creador y salvador de todos los hombres, que en Corea, de modo admirable,
llamaste a la fe católica a un pueblo de adopción y lo acrecentaste
por la gloriosa profesión de fe de los santos mártires Andrés,
Pablo y sus compañeros; concédenos, por su ejemplo e intercesión,
perseverar también nosotros hasta la muerte en el cumplimiento
de tus mandatos”. Por N.S.J. Amén.
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