
SAN
ANSELMO POLANCO
7 de febrero
El P. “Polanco”,
Anselmo, nació en Buenavista de Valdavia (Palencia) en 1881, en una familia
humilde de labradores.
A los 15 años, entró en el convento de “los Filipinos” de Valladolid de la Orden de S. Agustín, donde hizo su primera profesión en 1897. Después pasó al Monasterio de Santa María de La Vid (Burgos), donde completó sus estudios y se ordenó sacerdote en 1904. Fue profesor y encargado de la formación de los jóvenes en esta misma comunidad. Dentro de la Orden fue siempre modelo de religiosos y ocupó varios cargos, entre otros el de Prior en Valladolid en 1922, y Provincial en el 1932. En este período, hace una visita de renovación a los religiosos de Filipinas, China, Estados Unidos, Colombia y Perú. Buscó siempre el espíritu de concordia sin renunciar a la disciplina.
En 1935, fue nombrado y ordenado Obispo de Teruel y Administrador Apostólico de Albarracín. Al tomar posesión dijo: “He venido a dar la vida por mis ovejas”. En el gobierno de la Diócesis brilló por su celo pastoral, por la pureza y santidad de costumbres, por su amor a los pobres, por su intensa vida de oración y austeridad, privándose de lo necesario para dárselo a los más necesitados.
Durante la guerra civil española, cuando el peligro se cernía sobre su diócesis y su propia vida se veía amenazada, nunca quiso separarse de sus fieles, contestando siempre lo mismo: “Yo soy el pastor y debo permanecer al lado de mis ovejas; o me salvo con ellas, o con ellas muero”. Para todos siempre fue el “P. Polanco”, y no sólo por el hecho de ser religioso, sino porque para la gente era un auténtico padre y un buen pastor.
El 8 de enero de 1938, cuando la ciudad fue tomada por el ejército republicano, se presentó vestido de hábito agustiniano y con los signos episcopales de la cruz pectoral y el anillo. En las cárceles, tuvo fuertes presiones para que retirase la firma de la “Carta Conjunta” del Episcopado Español, en la cual se denunciaba, ante la opinión pública internacional, la persecución religiosa contra la Iglesia. Sabía bien que la firmeza, en aquel momento, comportaba un gran riesgo de muerte: aceptó el peligro por fidelidad a la comunión eclesial con su hermanos en el episcopado.
Los
sufrimientos de trece meses de cautiverio en las cárceles de Valencia y
Barcelona, que soportó con paciencia, mientras animaba a los prisioneros
y vivía con una intensa vida espiritual, de piedad y meditación, fueron
coronados por el martirio en Pont de Molins (Gerona). Fue fusilado, junto
a su fiel Vicario General, Felipe Ripoll, el 7 de Febrero de 1939, día en
que la iglesia celebra su memoria litúrgica, cumpliendo al pie de la letra
el lema de su escudo episcopal: “Me sacrificaré y me consumiré por
vuestras almas”.
Sus restos mortales descansan en la Catedral de Teruel, a donde acuden devotos de muchos lugares...
Fue Beatificado por el Papa Juan Pablo II, el 1 de Octubre de 1995.
ORACIÓN:
“Dios todopoderoso y eterno, que concediste a tu mártir, Anselmo Polanco, la gracia de morir por Cristo: ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como él no dudó en morir por Ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por N.S.J.”. Amén.