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Santa Apolonia 9 de febrero |
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“Apolonia”, del latín, que significa: “consagrada a Apolo”. Sucedió en tiempos del emperador Felipe que es una época tranquila en la práctica de la fe cristiana. El lugar de los acontecimientos es Alejandría y estamos entre los años 243 y 249, previo a la persecución de Decio.
El Obispo Dionisio, en una carta a Fabio de Antioquia, comenzará a contar la súbita aversión naciente contra los cristianos, al menos en su provincia. Sale a la calle un poeta con aires de profeta de males futuros; practicaba la magia, según se dice; va por las vías y plazas alejandrinas publicando, como agorero de males, las catástrofes y calamidades que van a sobrevenir a la ciudad si no se extermina de ella a los cristianos. No se sabe qué cosas dieron motivo para predecir esos tiempos aciagos, pero la verborrea produjo su efecto: muchos cristianos fueron flagelados y lapidados. El obispo Dionisio Alejandrino es el que relata el comienzo de la persecución. Tomaron violentamente al anciano Metro, sin respetar sus canas; le exigen blasfemias contra Jesucristo, se desalientan con su firmeza y acaban moliéndolo a palos y lapidándolo a las afueras de la ciudad. Luego van por la matrona Cointa que es atada, arrastrada y también muerta a pedradas. Ahora la ciudad parece en estado de guerra; han crecido los tumultos; la gente va loca asaltando las casas donde puede haber cristianos. Se multiplican los incendios, los saqueos y la destrucción... consecuencia de las persecuciones desencadenadas contra los cristianos por el emperador Filippo el Árabe.
En Alejandría vive una cristiana bautizada desde pequeña y educada en la fe por sus padres; en los tiempos de su juventud decidió la renuncia voluntaria al matrimonio para dar su vida entera a Jesús. Se llama Apolonia y ya es entrada en años; los que la conocen saben mucho de sus obras de caridad, de su sólida virtud y de su retiro en oración; incluso presta ayuda a la iglesia local como diaconisa, según se estila en la antigüedad.
Las hordas incontroladas la secuestran y pretenden obligarla a blasfemar contra Jesucristo. Como nada sale de su boca, a la buena anciana diaconisa, tras ser golpeada con mazas y piedras, le abren la boca con un trozo de hierro y con unas tenazas le fueron arrancando los dientes uno a uno, destrozándole las mandíbulas. Quisieron obligarla a pronunciar frases blasfemas bajo la amenaza de quemarla viva. Después la llevan fuera de la ciudad amenazándola con arrojarla a una hoguera, si no apostata. Pide un tiempo para reflexionar. Se abisma en oración. Luego, ella misma es la que, con desprecio a la vida que sin Dios no vale, con paso decidido, pasa ante sus asombrados verdugos y entra en las llamas donde murió. Los cristianos recogieron de entre las cenizas lo poco que quedó de sus despojos. Los dientes fueron recogidos como reliquias que distribuyeron por las iglesias.
Su representación iconográfica posterior la presenta sufriendo martirio de manos de un sayón que tiene una gran piedra en la mano para impartir el golpe que le destrozó la boca. Por eso es abogada contra los males de dientes y muelas. Emblemas: lirio, palma y pinzas, y hasta una pira ardiendo. Su culto se difundió en Oriente y en Occidente. En varias ciudades europeas, como en la propia Roma, se le dedicaron iglesias. En el término de Talavera de la Reina, se está recuperando su celebración en una jornada con misa y romería popular, en torno a su “ermita”, que se remonta a 1575...
Siempre sorprendió la decisión de santa Apolonia, por parecerse al suicidio, que plantea el problema de si es lícito darse voluntariamente la muerte para no renegar de la fe. De ello, se hace eco la “Ciudad de Dios” de S. Agustín, sin tomar posición. Algún magnánimo escritor habla de que «eso sólo es lícito hacerlo bajo una inspiración de Dios». Desde luego es susceptible de más de una glosa. Sólo que los santos, tan extremosamente llenos de Dios, adoptan en ocasiones actitudes inverosímiles y desconcertantes bajo el aguijón del Amor y ¡quién sabe si esas son «locuras» sólo para quien no tiene tanto amor! Al fin y al cabo, cada santo es el misterio de responder sin cuento a Dios.
Vuestros prodigios, la fama de sanar muelas y dientes ha esparcido entre las gentes, y todo el orbe lo aclama: Pues, porque cobre mayor crédito con la verdad, Por vuestro dolor templad de mis muelas el dolor. ORACIÓN: “Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo; concédenos cuantos celebramos el triunfo de tu mártir, santa Apolonia, imitar la firmeza de su fe. Por NSJ.”. Amén. |