San Fulgencio de Ruspe, Obispo

(3/Enero)


           
A comienzos del siglo VI, Ruspe, pequeña ciudad de la provincia romana bizantina, había quedado sin obispo, como otras ciudades africanas, porque el rey visigodo Trasamundo, celoso arriano, había prohibido la elección de nuevos obispos católicos. Pero, al fin, los obispos de la región bizantina resolvieron no acatar la injusta disposición. Entre los candidatos, estaba también Fulgencio, un hombre de gran cultura teológica y humanística, que al amor del estudio unía la práctica de la ascética cristiana.

                Había nacido en Thelepte (hoy Medinet-el-Kedima, Túnez) el 462, de una familia senatorial romana, Gordiani, su madre era cristiana. que se había establecido en Cartago. Allí se había mostrado buen administrador del rico patrimonio paterno y buen procurador de los impuestos de la provincia. Pues muy joven comenzó a ejercer el cargo de procurador en su pueblo natal, cargo que implicaba la gestión pública entre los vándalos de la recaudación de impuestos. La convivencia era difícil, entre los arrianos, que eran los dominadores, y los católicos, los súbditos. Bajo el reinado de Trasamundo (496-523) no falta la persecución.

                Atraído por la vida religiosa, se decidió definitivamente por ella, después de haber leído el Comentario de San Agustín al salmo 36. Tras algún tiempo, hacia el 499, decidió unirse a los solitarios de Egipto, en la Tebaida, orientando decididamente su vida hacia la austeridad y hacia la búsqueda de la soledad. Trató de unirse a los monjes egipcios, pero la nave que lo llevaba, pasando por Sicilia, tuvo que detenerse en Siracusa, donde le disuadieron de su propósito por el influjo monofisita que existía entre aquellos monjes. Fue ordenado sacerdote. Antes de regresar a África, visitó Roma el año 500, poco después le llegó la noticia de que estaba en la lista de los candidatos al episcopado. Era demasiado. Fulgencio fue y se escondió en un lugar apartado, hasta que supo que todos los nuevos obispos habían sido ya consagrados. Cuando reapareció, hacia el 502, quedaba todavía una sede vacante, la de la pequeña ciudad de Ruspe, y los obispos se apresuraron a consagrar al recalcitrante monje.

 

                Sufrió dos veces destierro en Cerdeña, por el furiosísimo rey Trasamundo, que desterró junto con Fulgencio a otros 59 obispos católicos. Muerto Trasamundo en el 523, los obispos desterrados pudieron regresar a sus sedes. Durante nueve años, Fulgencio gobernó su pequeña diócesis de Ruspe según el estilo monástico. En efecto, cerca de la iglesia catedral había fundado un nuevo monasterio, en donde él mismo vivía pobremente, dedicando gran parte de su tiempo a la oración coral y a la composición de obras doctrinales y pastorales. Su labor se extenderá a atender también a obispos, sacerdotes y fieles, con una pedagogía muy eficaz, la del propio ejemplo. Padre y pastor de su rebaño, daba a los pobres todo lo que recibía. Tenía una grande aptitud para la predicación. Se cuenta que el obispo de Cartago, al escuchar un sermón suyo en la basílica de Furnos, lloró de conmoción.

                En Cagliari, Fulgencio pudo desarrollar una intensa actividad religiosa. El mismo Trasamundo, que se las daba de teólogo, le escribió proponiéndole algunas difíciles cuestiones y ofreciendo así a Fulgencio la ocasión para escribir algunos tratados teológicos que llegarían a ser muy famosos. La oración, la lectura y su labor de escritor llenaban su jornada. En su obra, expone con nítida precisión la doctrina trinitaria y cristológica, trata los problemas de la gracia y de la predestinación, polemiza con los arrianos. El Concilio Vaticano II (en el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia) hará referencia al pensamiento de Fulgencio, en concreto a una carta al rey Trasmundo.

                Cultivó intensamente la doctrina agustiniana, como lo denotan sus obras. Su vida monástica se ajusta en líneas generales  la mentalidad y al estilo de vida de San Agustín. Ha sido llamado con razón “Augustinus breviatus”. Amó profundamente la vida de comunidad y la comunión de vida. No acertaba a vivir sin monjes. Por eso fundó varios monasterios, lo mismo en su patria que en el destierro. San Fulgencio murió en Ruspe el l de enero del 532. La Orden celebra su culto por lo menos desde 1581.