Santa Lucia mártir
13 diciembre

Lucía, su nombre evoca la “luz”; viene del latín y significa luminosidad, resplandeciente. Martirizada con toda probabilidad en Siracusa, muere decapitada en torno al 304, bajo la durísima persecución de Diocleciano, emperador entre el 284 y el 305, la última, contra los maniqueos y los cristianos al haber impuesto el mandato de obedecer y venerar al emperador, como a una divinidad.

¿Quién es Lucía? Los datos no son muy seguros, detrás de las abundantes narraciones legendarias, que describen su martirio, en latín y en griego, que tiene mayor credibilidad por ser más antigua. En ella, se dice que era de una familia aristocrática, y que todo se debió al gobernador Pascasio.

El documento, no obstante, más emocionante sobre Lucía, ha aparecido en la catacumba de S. Juan de Siracusa (la más rica en catacumbas, después de Roma): consiste en una inscripción fúnebre en griego, dedicada a una joven esposa de nombre Euskia que “era buena y pura, y había muerto en la fiesta de santa Lucía...”. Según el gran historiador de Sicilia, Biagio Pace (1889-1955), el texto es de finales del siglo IV, que tuvo su inicio con la gran persecución; “no sólo confirma la personalidad histórica de la virgen siracusana, sino también la veracidad de la tradición cronológica relativa a su martirio”. Con el descubrimiento, hecho en 1894, de la inscripción sepulcral sobre el “loculus” o sepulcro de la santa en las catacumbas de Siracusa, desaparecieron todas las dudas sobre la historicidad de la joven mártir, Lucía, cuya fama y devoción se deben en gran parte a su legendaria “pasión”, posterior al siglo V. La inscripción se remonta a comienzos del siglo V, cien años después del glorioso testimonio que dio de Cristo la mártir de Siracusa.

Epígrafes, inscripciones y el mismo antiguo recuerdo litúrgico. Se debe probablemente al Papa Gregorio Magno la introducción del nombre de Santa Lucía en el Canon de la Misa y la divulgación de su veneración por toda la Iglesia. Su devoción, desde antiguo, se difundió muy pronto no sólo en Occidente, sino también en Oriente.

Lucía pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía, que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre se enfermó gravemente. Devota de Santa Águeda, la mártir de Catania, que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad su rica dote.

El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un prostíbulo para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma es consciente”.

El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada hirió a Lucía, pero aun con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra.

En el lugar de su muerte, los cristianos de Siracusa “le dedicaron un templo, en el cual los fieles depositaron sus reliquias”. Por ello, el culto, comenzó de inmediato. Prosiguió en el tiempo, gracias al Papa Gregorio Magno (590-604).

En 1039, el general bizantino Jorge Maniace tomó provisionalmente a los Árabes la Sicilia Oriental, con Siracusa, y trasladó su cuerpo a Constantinopla. Cuando después la capital imperial es ocupada por los “cruzados” (1204), Enrique Dandolo ordena llevarlo a Venecia (con otras “trofeos bélicos”, como los famosos cuatro caballos de bronce. Allí se conserva el cuerpo, excepto una pequeña reliquia en Siracusa.

Con todo, el afecto a Santa Lucía en toda Sicilia después de tantos siglos es enorme, como se manifiesta cada año en su fiesta: la litúrgica en el 13 de diciembre, y la que en Siracusa y Sicilia se celebra en mayo, a raíz de un voto realizado en 1646, durante una grave pobreza sufrida en su ciudad natal.

Es patrona de los “ciegos”. Su emblema está formado por: un lirio, símbolo de la virginidad; unos “ojos” sobre un plato y la palma del martirio.

 

ORACIÓN

“Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por NSJ.”. Amén.