El matrimonio se angustió pues era difícil
que a esa hora y con ese tiempo horroroso fuesen a conseguir
dónde pasar las noche.
Pero el empleado les dijo:
- Miren...no puedo enviarlos afuera con esta lluvia, si ustedes
aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propio cuarto...yo
me arreglaré en un sillón de la oficina.
El matrimonio lo rechazó, pero el empleado insistió
de buena gana y finalmente terminaron ocupando su cuarto.
A la mañana siguiente, al pagar la factura el hombre
pidió hablar con él y le dijo:
- Usted es el tipo de Gerente que yo tendría en mi
propio hotel... quizás algún día construya
un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho.
El concerje tomó la frase como un cumplido y se despidieron
amistosamente.
Pasaron dos años y el concerje recibe una carta del
hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba
un pasaje ida y vuelta a New York con el pedido expreso de
que los visitase.
Con cierta curiosidad el concerje no desaprovechó esta
oportunidad de visitar gratis New York y concurrió
a la cita.
En esta ocasión el hombre mayor lo llevó a
la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 y señaló
con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza y le dijo:
- ¡¡Este es el Hotel que he contruido para usted!!
El concerje miró anonadado y atinó a balbucear:
- ¿Usted me está haciendo una broma, verdad
?
- Puedo asegurarle que no...-le contestó con una sonrisa
cómplice el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf Astor construyó
el Waldorf Astoria original y contrató a su primer
gerente de nombre George C. Boldt (tal el nombre del concerje
en la noche lluviosa).
Obviamente George C. Boldt nunca soñó que su
vida estaba cambiando para siempre cuando hizo "su kilómetro
extra" para atender al viejo Waldorf Astor en aquella
noche tormentosa.