"¿Dónde aprendió
a comportarse así?", le preguntó el profesor.
"En la guerra", contestó Ralph.
Entonces le contó su experiencia en
Vietnam. Allá su misión había sido limpiar
campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo
varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte
prematura.
"Me acostumbré a vivir paso a
paso" -explicó. "Nunca sabía si el
siguiente iba a ser el último; por eso tenía
que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría
entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo.
Me parecía que cada paso era toda una vida".
Nadie puede saber lo que habrá de suceder
mañana. Qué triste sería el mundo si
lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería,
nuestra vida sería como una película que ya
vimos.
Ninguna sorpresa, ninguna emoción.
Pienso que lo que se requiere es ver la vida como lo que es:
una gran aventura.
Al final, no importará quién
ha acumulado más riqueza ni quién ha llegado
más lejos. Lo único que importará es
quién lo disfrutó más.
Ama más quien más ha servido,
porque aprecia su vida y la de los demás.