Entre las muchas experiencias que uno puede haber tenido a lo largo de la vida..., esto de “ir a misionar” podría ser “una más”..., tal vez con un cierto matiz de aventura..., algo “distinto” a lo que estamos acostumbrados a vivir normalmente..., u otras cosas así...
Pero..., para mi..., ir a misionar..., no fue una simple experiencia... Aquellos días dejaron una carga de especial importancia en mi vida...

El verano pasado tuve la oportunidad, y la gracia de Dios, de poder participar, trabajar y aprender en la misión del Vicariato de Cafayate...
Ya sé que para muchos puede sonar un poco extraño por ser yo argentino y de la provincia de Salta..., donde está Cafayate..., pero todo adquiere un tinte muy diferente desde la perspectiva de la misión...

Al principio me parecía un sueño..., imaginarme por esas tierras con mis hermanos de comunidad, José Félix, Luis Ángel y Juan Carlos..., y dos jóvenes de la parroquia de La Vid de san Sebastián de los Reyes, Marta y José Emilio..., haciendo un poco de anfitrión y otro poco de compañero de apostolado...

En la guardería infantil...Cuando esto comenzó a hacerse realidad y entramos en contacto con la gente..., comencé a descubrir un montón de riqueza humana..., que desde la sencillez de sus vidas..., me enseñaban mucho más de lo que ellos pudieran imaginar...

Han sido muchas las tareas: comedores infantiles, hogar de ancianos, visita al hospital, guardería, jóvenes de la parroquia, y muchas otras que fueron reafirmando mi deseo de trabajar mucho más por los que menos tienen...

A veces..., pensando en aquellos días..., no sé si el misionero fui yo..., o si esa gente tan humilde y sencilla..., ha hecho su misión conmigo...

Carecen de muchas cosas..., es verdad..., pero tienen un corazón muy grande y generoso que brinda lo que tienen sin recortes o intereses...

§         Lo que más me ha conquistado el corazón: los niños.

§         Lo que me ha hecho encontrar con Dios: cada rostro y situación encontrada.

§         Lo que me ha hecho crecer: la simpleza y generosidad en las personas.

§         Lo que me ha hecho reflexionar: la fe y esperanza que tienen, a pesar de...

§         Lo que ha fortalecido mi vocación: el entusiasmo de mis hermanos de las comunidades de estos Valles Calchaquíes..., y la alegría que encontré en mi corazón después de esta tarea..., que no sé qué o quién la ha depositado ahí...

No ocurrieron grandes conversiones..., tampoco grandes manifestaciones..., pero si ha sido una de las mejores experiencias de mi vida..., la cual no creo que vaya a olvidar y que, por supuesto, espero repetir en algún momento.

Pareciera que ser misionero es tender una mano para que entre dos podamos caminar mejor...            

A la lista...

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