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El pasado verano, dos jóvenes de Madrid, tuvimos la
oportunidad de viajar a Argentina para colaborar con el trabajo que
llevan realizando hace más de 30 años los misioneros agustinos.
Nuestra labor consistió en compartir su trabajo diario
en la entrega de los más necesitados.
Son muchas las carencias que allí tienen y como siempre,
los que más sufren son los más pequeños.
Muchos de ellos caminan todos los días durante horas,
para llegar a la escuela, a pesar de que, desde que tienen uso de razón,
saben que tienen pocas, por no decir ninguna oportunidad, de salir de
aquellos cerros.
Fue toda una experiencia y volvimos con la única obsesión
de seguir haciendo algo por aquellas personas que tienen mucho que enseñarnos
a nosotros los de «el primer mundo» sobre humanidad y
solidaridad.
Sin embargo, hay cosas que el dinero no puede
comprar.
Bastó un contacto y una carta dirigida a don Julio Senn
para conseguir hacer realidad el sueño de Agustina,
82 años, misionera agustina: por vocación e hincha del Real Madrid por
devoción. Ella quería ver a sus chavales de El Divisadero (escuela que
han levantado con mucho esfuerzo los misioneros y misioneras agustinos)
con las camisetas del Madrid.
Desde estas páginas queremos agradecer el trato
recibido, que como pudimos comprobar responde al espíritu solidario del
Club.
Gracias a Julio y Encarnita por recibirnos con tanta amabilidad y,
por supuesto, por habernos dado la oportunidad de hacer felices a
aquellos niños que son el reflejo de una sociedad que lucha por
sobrevivir.
De manera que aunque en Argentina ahora es verano, este año
tendrán unas «Navidades blancas», y aunque necesiten mucho más que
las camisetas del Real Madrid, sabemos que cuando lleguen las 40
equipaciones completas, además de un centenar de pins, llaveros y
balones, sus ojos se iluminarán y sus risas inundarán aquellas
tierras. Y eso, no hay quien lo pague, ¿no creen?
Pilar Cerezuela y Ramón Pinna
Madrid
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