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Si tengo que resumir en unas líneas
todo lo que viví y sentí durante los dos meses que tuve la suerte de
compartir con la gente de Cafayate..., seguro que me dejaré muchos
detalles significativos... Pero intentaré transmitir lo que ha
significado para mi..., y significa..., la experiencia misionera del
verano de 1999...
Lo primero que quiero dejar claro
es que no tuve que hacer nada excepcional para ir... Simplemente expresé
mi deseo de tener una experiencia misionera "fuera" de la
Parroquia de Nuestra Señora de La Vid (en Sanse)..., y todo lo demás
fueron preparativos del viaje...
Cuando quedaban pocos días para
salir, reconozco que me entró un poco de miedo..., pero enseguida se
transformó en curiosidad, ya que el apoyo de todos me hizo estar más
confiada...
Confiaba en que..., si realmente
tenía esa inquietud..., sería porque Alguien me estaba llamando a
seguirle..., a hacer lo que desde pequeña me está enseñando...
Era una Llamada...
Llegar a Cafayate fue abrir los
ojos a una realidad que nunca habría imaginado... Fue darme cuenta de
que hay muchas maneras de vivir..., que no tienen por qué ser peores
que la que conocemos aquí..., muchas maneras de comprender las
cosas..., muchas culturas diferentes y tan aceptables como otra
cualquiera...
Enseguida me di cuenta de que
necesitaban un “empujón”..., una ayuda que nunca va a ser
suficiente..., pero que poco a poco va cambiando la situación..., sin
cambiar su tradición y su forma de vivir...
Quizás lo que más me impresionó
fue darme cuenta de que Jesús siempre está con los más
desfavorecidos..., y de que se sirve de gente como tú..., y como
yo..., para darles ése ánimo con el que viven su pobreza...
Si analizo por partes nuestra labor
pastoral, no puedo evitar centrarme en los niños y en los jóvenes...
Ellos..., sin darse apenas cuenta..., son los que más me han enseñado
y me siguen enseñando a superarlo todo con la inocencia y la fuerza de
vida que les caracteriza especialmente...
Todos los días guardábamos un
ratito para estar con ellos: con los niños en los comedores, una
realidad impresionante que solo lo ves posible cuando lo compartes..., y
con los jóvenes, en su camino de hacerse personas útiles en su
sociedad...
También tuvimos una experiencia
muy cercana con las familias: las de Caritas..., las más pobres del
pueblo..., y las que participan todos los años en La Misión..., que es
su manera de reunirse para aprender y crecer en la fe...
En el campo de la tercera edad y de
los enfermos también tuvimos la suerte de acompañar a los Padres en
sus visitas; son los más necesitados los que más me transmitieron
esa fuerza por vivir..., y la entrega de la vida misma a Dios
reconociendo que todo lo que han vivido viene de Él y agradeciendo
constantemente todo lo que han recibido...
Aparte del tiempo que dedicamos a
Cafayate, no puedo olvidar los viajes que hicimos a los cerros..., con
motivo de los cursillos de animadores de Comunidad...
Si la realidad de Cafayate ya me
dejó impresionada..., llegar a Molinos..., Luracatao..., Santa María...,
fue todavía más significativo... Es aquí donde se hace presente el
concepto de familia, de comunidad, de solidaridad, sobre todo entre los
componentes de un mismo pueblo...
Nuestra misión era darles un
cursillo sobre algunos aspectos de la fe cristiana que los sacerdotes no
pueden dar con normalidad debido a las distancias y las dificultades
para acceder a estos lugares...
Aprendí mucho de su manera de
enfocar la vida..., aunque también vi muy clara la explotación y
esclavitud en la que viven muchos pueblos... Es una injusticia que
hace que todavía hoy me pregunte cómo puede ser posible..., y que...,
aunque desde mi pequeñez me sienta en parte impotente..., sé que todos
los que hagamos algo por ellos..., por mínimo que sea..., va a quedar
allá..., y que algún día les servirá..., aunque los avances en estas
zonas son muy lentos...
Soy consciente de que lo que pueda
hacer una persona como yo, o como otro misionero que pase allí unos
meses, es insignificante en relación a todo lo que hay que hacer y lo
que están haciendo las personas que trabajan con ellos día a día y
con continuidad... Pero también sé que no fue inútil el tiempo que
estuvimos allá, ni para ellos ni para nosotros.
Personalmente gané mucho, me
dieron mucho...
Me enseñaron a tomarse las cosas
con tranquilidad, a no venirse abajo por un problema rutinario, a
confiar siempre en que las cosas van a mejorar, a creer que nuestra vida
tiene sentido por más dura que sea. Me dieron un cariño inmenso, un
acogimiento que nunca había visto, una alegría por recibir ayuda que
en una cultura como la nuestra no es imaginable. Por supuesto ahora
tengo un recuerdo muy presente de todas las personas con las que pude
compartir e intento mantener un contacto con ellos porque siento que
forman parte de mi.
La convivencia con los demás
misioneros, Padres, Hermanas y colaboradores no podría haber sido
mejor... Siento un profundo agradecimiento hacia todos ellos porque sin
ellos supongo que todo se habría quedado a la mitad...
La posibilidad de vivir en
comunidad con los Padres Agustinos me ayudó muchísimo, porque me sentí
como en casa, con todas las facilidades que ellos nos podían prestar y
por supuesto con su cariño y apoyo en todo momento que siempre
agradeceré.
Animo a cualquiera que tenga la
inquietud que yo tuve y tengo..., a intentarlo...
Porque todos tenemos algo que
hacer, en Cafayate y en todo el mundo; y todos tenemos algo que recibir,
mucho más de lo que podamos dar..., de todos aquellos que necesitan un
mínimo de nuestro tiempo y de nuestra dedicación...
Todos somos manos...,
pies..., corazón de Jesús..., y estamos llamados a hacer lo que Él
nos diga: “si quieres seguirme, déjalo todo y sígueme”...
Sabemos que no hace falta irse muy
lejos para ser útil..., pero es verdad que una experiencia así te
abre los ojos para conocerte a ti mismo y descubrir todo lo que eres
capaz de dar por los demás..., los de aquí y los de allá...
Ánimo a todos y aquí me tenéis
para lo que necesitéis.
GRACIAS.
Paloma
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