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Querida/o
amiga/o:
La verdad es que no sé que contarte... Ni por donde empezar...
Son tantos los recuerdos, historias,
anécdotas..., vividos en estos cinco años que llevo en la misión
de los Valles Calchaquíes, que me resulta muy difícil decirte algo
significativo...
Voy a intentar hacerlo con dos pequeñas anécdotas que me ocurrieron
con niños, que es lo mejor que
tenemos...
Uno de los primeros recuerdos, me sucedió en San José (Catamarca), al
poco de llegar a la Prelatura de Cafayate, en octubre de 1995.
Al principio, la verdad, lo pasé mal... Yo venía con muchas
ganas e ilusiones; pero la primera dificultad que encontré fue que casi
no entendía a la gente...
Me hablaban y me quedaba a la mitad...
Sí, hablaban castellano..., pero las palabras, los giros y sobre
todo el tono, me descolocaban...
Recuerdo que cuando algo no entendía yo les decía que
"si"..., y les sonreía; a la vez que pensaba que ellos a mí
si me entendían porque les hablaba despacio y esforzándome en
pronunciar bien...
Un
domingo, después de decir una misa a los niños, donde me esforcé más
que nunca porque me entendieran, una niña de unos cinco años se me
acercó y me preguntó:
- ¿"Padresito" por qué habla usted tan mal?
- ¿Cómo es eso que hablo mal? Respondí yo.
- Sí, porque no sabe hablar... Habla raro... No habla como
nosotros y no le entendemos...
A mí se me vino el mundo a los pies... Y yo que pensaba que hablaba
bien, y más siendo castellano de Palencia...
Desde entonces, trato de acomodar mi oído a sus palabras y sobre todo
mi corazón al suyo... Así, aunque no me entiendan muchas veces, sabrán
que les quiero y eso es suficiente...
La
otra anécdota es de hace unos pocos meses, de noviembre del 2000... Iba
yo por una calle de Cafayate y un grupo de niños, de cuatro a seis años,
estaban jugando... Al verme se pararon y uno me saludó:
- ¡Hola, padre Santiago!
Antes que yo les pudiera devolver el saludo..., otro niño intervino:
"Calla tonto, ¿no ves que es "diosito"?.
- No, -le replicó un tercero- es el "padresito" Santiago.
- Ya lo sé, -volvió el niño a decir- pero es "diosito"
porque está junto a Diosito y hace el bien a todos...
Los demás niños, entonces, intervinieron: "Si..., es cierto, es
diosito... Yo te conozco de misa y de la fiesta en la procesión... ¿A
qué vos es "diosito"?
Ya me gustaría ser "Diosito", les contesté... De momento soy
el padre Santiago..., y vosotros, ¿quiénes sois? Y continué hablando
un poco con ellos...
Qué alto me han puesto el listón, ¿verdad amigo/a? Si ya es difícil
parecerse un poco a Dios..., cuanto más ser Dios; aunque sea en
diminutivo cariñoso "diosito".
Espero amigo/a que te hayan gustado estas dos pequeñas anécdotas de
esta misión de Cafayate.
Seguro que tú también tienes otras parecidas, aunque no estés
aquí. Sería bueno que las compartas..., para que todos nos
enriquezcamos con ellas.
Recibe un fuerte abrazo de un amigo.
Santiago
Alcalde
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