Nací en la ciudad de Soria hace más de medio siglo..., y el Señor me eligió para ser sacerdote agustino el 12 de julio de 1970...
Muy cercana a esa fecha, la Provincia de España había abierto la "Misión de Cafayate"..., y me enganché rápido..., pues siempre me ilusionó la idea de ser misionero...
Tengo que dar gracias a Dios por haberme permitido entregar los primeros treinta años de mi sacerdocio a estos niños de rostro tostado..., a los jóvenes que tanto les cuesta abrirse camino en la difícil situación que vive el país..., y a los ancianos..., que han envejecido y tienen sus manos curtidas en largos días de trabajo bajo el sol radiante de nuestro querida tierra argentina..., por haber podido convivir con estas personas del Valle Calchaquí...
Uno de mis recuerdos..., grabado a fuego..., fue mi primera misión en los "cerros"..., más concretamente en Jasimaná..., un paraje de la Parroquia de San Carlos..., a unos tres mil metros de altura sobre el nivel del mar...
En 1972, cuando subí a celebrar la primera fiesta patronal, hacía unos veinticinco años que no recibían la visita de un sacerdote...
Te puedes imaginar la satisfacción de todos los vecinos..., y la gran alegría de reunirse, en aquel entonces..., en la "sala" (la casa grande del patrón)
Fue algo muy fuerte..., y lo más importante es que significó el despertar de la comunidad... A partir de entonces empezaron a comunicarse más... Primero entre ellos..., luego con las autoridades departamentales y, por supuesto..., con la Parroquia... Se empezó a pensar en construir la primera “escuela”..., el "camino"..., la "posta sanitaria"..., y la "Capilla"...
Viví y sentí..., que la Iglesia..., en su misión pastoral..., es también promotora del desarrollo humano..., educativo y social..., para toda comunidad en el continente latinoamericano...

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