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De
esto hace ya 32 años... (10/02/1969 - 10/02/2001)
Estrenado
mi sacerdocio en la Escuela Apostólica de Palencia (10 años), y
después de tres más en la Parroquia de San Manuel y San Benito de
Madrid, cuando la Provincia se abría democráticamente a una nueva
andadura apostólica: las misiones en los Valles Calchaquíes, hoy Prelatura
de Cafayate.
El
entonces provincial P. Macía, dio el bando pretendiendo reclutar
personal mediante el voluntariado.
Sin
pensarlo mucho..., pero temeroso..., porque entendía que el rumbo a
tomar iba a ser completamente diferente, y para lo que no habíamos sido
ni formados ni mentalizados; un buen día pasé mi tarjeta de
disponibilidad al mismo padre Macía, quien me tomó por la palabra.
Me tocó ser uno de la primera hornada y uno de los dos
primeros que pusieron el pie en el ruedo... Habíamos sido acuartelados
varios en Buenos Aires, reclutados de España, Brasil, Montevideo, y el
mismo Buenos Aires. Quien había sido nominado superior de la nueva misión,
el P. Diego, llegada la hora de tomar el toro por las astas, pocos días
después de arribar a Buenos Aires, me agarró del brazo (nada de virtud
de santa obediencia) y me dijo: mañana salimos para Salta tú y yo...
Entonces
tenía 36 años y “aparentemente” no me arrugaba por nada, pero me
temblaron las piernas ("quería ir, pero no el primero"...)
Hasta
aquí era un sueño, pero ahora sonaba el despertador.
Muchas
sorpresas...
Fuimos
recibidos con un calor humano inolvidable en Salta por el Sr. Arzobispo,
quien nos mimó, nos presentó a algunos “gallegos” del ramo, y no
del ramo, y un par de días después nos acompañó personalmente a la
primera línea; vale decir nos metió en la boca del lobo...
En
su auto y por unos caminos de tierra reseca y árida, nos sacó de la
civilización por paisajes de lo más pintorescos y polícromos, haciéndonos
rezar rosarios casi ininterrumpidamente (era salesiano y muy devoto de
la Virgen) Parecía que teníamos que ahuyentar diablos en cada curva
del camino, que por las señales se anunciaba sinuoso...
Con
temor, pero ilusionado..., y como niño con zapatos nuevos (así me decía
Diego), hacía parar el auto y también el rezo del rosario, para tomar
fotografías boquiabierto por el raro colorido del paisaje y las
filigranas de los erosionados cerros.
Kilómetros eternos de naturaleza espléndida,
pero sin que apareciera un alma por ninguna parte. “¿A dónde nos
lleva, Monseñor, a cazar?” Y un codazo de Diego..., “!tonto!”
Cerca
de medio día..., nos desviamos de la ruta principal siguiendo la señal
que decía: a San Carlos, por unos parajes llamados Las Conchas y
Corralito.
¡Aparecieron
los primeros seres humanos!, ranchos de barro y cañas, y coyitas chicos
y grandes. ¡Qué contrastes con “los madriles” que acababa de dejar
atrás! ¡Qué pobreza! Sin luz, sin agua, sin medios de comunicación,
sin puentes para cruzar los ríos (era la época de lluvias...), y
envueltos en tierra rojiza.
“¿Dónde
te metes, Gerardo?”,
pensaba...
Claro
que aquello era solo el aperitivo, aunque formaría también parte de la
comida, porque lo que vendría, iba a tener mejor pinta.
San
Carlos primero y Cafayate después y todo en el mismo día. En San
Carlos de incógnito (sin pena ni gloria) y por la tarde entrada y
recepción en Cafayate.
¡Apoteósico!
Cómo nos recibieron! Las autoridades a la entrada y el pueblo agolpado
en las veredas..., saludando con enorme calor y cara de fiesta..., y
nosotros en un auto saludando y correspondiendo... Y de nuevo codazos de
Diego: “¡abres la boca de oreja a oreja!”...
Plaza del pueblo y atrio de la Iglesia abarrotados de
gente; saludos y discursos y hasta algún pronóstico a la oreja: “¿Va
a ser usted el Obispo?” (no sabían que el médico me había
diagnosticado “insuficiencia mitral”)
Aterrizados
y terminado el dulce, al ruedo.
¿Qué
hacemos? ¿Por donde empezamos?
Primera intervención del Sr. Obispo. Llevaba ya
hechos los nombramientos: Diego Párroco de Cafayate y el menda de San
Carlos. Era sábado y había que estrenarse al día siguiente.
Misas en Cafayate y algún comentario: “acaban de
llegar y que bien hablan el castellano”...
Y
ahora la realidad sin confituras.
San
Carlos, mi primera parrroquia: agreste, extensa y árida material y
espiritualmente y al frente un inexperto y con la Semana Santa por
delante. ¿Planificar?. No tenía elementos, ni tampoco era la palabra
de moda..., que ahora parece sinónimo de “éxito”..., y que
viene a ser como lo que hoy se llama “marketing”..., pero que
no actúa “ex opere operato”...
¿Elementos
materiales? Ninguno..., ni siquiera dinero. Pese a las distancias, los
malos caminos y la dispersión de la gente..., solamente contaba con las
ganas y el aguante, bagaje con que los años vitenses (12), de formación
severa y llena de privaciones, equiparó el ánimo y templaron el hierro
para la lucha... No buscando comodidad en el camino, sino
robusteciendo los neumáticos...
Llegué
a la conclusión que el plan sería jugar con todas las fichas de mi
dominó, que no eran muchas en verdad, pero eso sí, con todas las ganas
y en todos los campos, por aquella gente...
Superar
las saudades (léase morriña) de la patria, la familia, los amigos, las
aspiraciones e ilusiones, etc. etc. que empujaban hacia otras metas...
Vale decir, quemar las naves y poner toda la carne en el asador y no
solo por narices, sino porque
algo muy hondo empujaba y daba sentido y valor a tantas cosas y
sentimientos que irían quedando enterrados y fuera de cualquier
recompensa humana, fertilizante exigido en esta tarea.
Con
rubor digo que en estos 32 ininterrumpidos años, creo no haber juntado
nada para mi persona. Gracias a Dios no tengo ninguna vistosa colgadura,
que exhibir.
Hice
de todo: CURA, mecánico, albañil, electricista, constructor, (hasta me
caí de un andamio), boticario, transportista, di cine por los pueblos,
para terminar siendo agricultor y bodeguero, (un “mini
empresario”...) y..., por supuesto..., y como al principio..., CURA, y
con ayuda de Dios hasta el fin de la jornada.
¿Resultado?
No me interesa saberlo... Solo Dios juzgará y sabrá si para algo ha
servido la herramienta... En realidad, el que evangeliza, convence,
convierte y salva, es El... Y creo que solo lo da el que lo tiene...
Llegué
sin nada y me propongo terminar sin nada.
Se
consumió la vela con pabilo y cera y sin candelero...
Cumplo
69 años.
P. Gerardo Ureta O.S.A.
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