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CAPÍTULO
GENERAL INTERMEDIO, 1986
... La Orden Agustiniana, que en su tradición plurisecular ha respondido a la llamada de la Iglesia para ser continuación y prolongación en el tiempo de la misión evangelizadora de Cristo, desea verificar a la luz del Evangelio y del testimonio pastoralmente fecundo y coherente de Agustín, que la ha acogido, vivido y comunicado con gozo, la fidelidad a la Palabra que es Cristo. ... II.
Misión y evangelización
... Misión
y evangelización para nosotros agustinos
12. El deber
esencial de la Orden es la evangelización, en virtud del mandato
divino dirigido a toda la Iglesia. La consagración religiosa, en
cuanto llamada y don de Dios, nos ha dedicado por sí misma a la
vida y a la misión evangelizadora de la Iglesia. La vida religiosa
es don del Espíritu en la Iglesia y para la Iglesia.
También quienes, siguiendo una llamada particular del Señor,
dedican su vida exclusivamente a la oración y al sacrificio, como
nuestras hermanas de vida contemplativa, cumplen una misión
eminentemente apostólica, en virtud de la comunión espiritual que
existe entre los miembros del Pueblo de Dios.
Las modalidades de la misión nos son concretamente indicadas
por la mediación de la autoridad que nos hemos comprometido a
aceptar con un voto corno expresión encarnada de la voluntad salvífica
de Dios. Tal mediación es autentica cuando entre los que sirven en
la autoridad y quienes se han comprometido a aceptarla existe el
respeto reciproco que es alimentado por el diálogo. Y el diálogo
no es otra cosa, en este caso, que la escucha atenta, por ambas
partes, de Dios que se manifiesta a través de los hermanos y
hermanas y a través de los signos de los tiempos. En una mediación
de esta naturaleza es Dios sólo quien prevalece y manda: las dos
partes no hacen otra cosa que obedecer a Dios; cada una según su
propia función[6].
De esta manera se constituye la verdadera comunidad vuelta
hacia Dios, que se manifiesta concretamente en el amor reciproco. Y
cuando se hace el diálogo escucha común de la voz de Dios, el
servicio de la autoridad y la disponibilidad confirman la misión
que Dios nos ha confiado. ... Evangelizar
hoy
18. Un mundo lleno
de divisiones, alienado, tiene necesidad del anuncio de la Buena
Nueva, de ser consciente de que Dios conoce a los hombres por el
nombre, los ha elegido, los ama, está muy cerca de ellos[18].
Tiene necesidad de evidencias claras, de un mañana seguro,
garantizado por el amor de Dios. Especialmente aquellos que son víctimas
de sistemas despersonalizantes, de estructuras injustas, de
opresiones sociales tienen necesidad de la proclamación de Cristo
resucitado que combate toda forma de explotación y de
instrumentalización humana[19].
Evangelizados por el Señor en su Espíritu, somos enviados a
llevar la Buena Nueva a todos los hermanos, especialmente a los
pobres y a los marginados. El anuncio de la Buena Nueva debe
traducirse en una denuncia profética de la injusticia y en una
efectiva promoción del hombre.
La opción preferencial por los pobres no debe ser marginal o
periférica, sino central no simplemente a nivel social, sino también
eclesial y agustiniana, para demostrar que el Reino de Dios, es
decir la salvación, está ya presente entre nosotros.
El pobre, que está en el centro del Evangelio, debe estar
también en el centro de nuestra vida religiosa: para ser profetas
de esperanza, que se funda en el Señor presente en medio de su
pueblo, y de liberación de toda forma de miseria, debemos hacer una
elección decisiva de vida con los pobres y por los pobres. Sólo así
nuestra pobreza, aceptada y compartida como estado de vida y como
libertad de las cosas, anunciará al Reino que viene, llevará a la
comunión fraterna y se hará acción para construir un mundo más
habitable y humano[20].
Este compromiso de evangelización nos conduce a la plena
conversión y comunión con Cristo en la Iglesia; impregnará
nuestra cultura; nos llevará a la autentica promoción de nuestras
comunidades y a una presencia critica y orientadora frente a las
ideologías y políticas que condicionan la suerte de nuestras
regiones[21]. Varias
formas de evangelización
19. El compromiso
apostólico de los Agustinos se ha desarrollado a través de los
siglos en múltiples campos. La experiencia de la conversión de
Agustín, que fue experiencia profunda de liberación y que está en
la raíz de la vida monástica agustiniana, los llama a dedicarse a
la verdadera liberación del hombre en todos los niveles[22].
Cualquier apostolado que se ejerce, bien dentro de la
comunidad o bien al servicio del Pueblo de Dios, tiene valor en
cuanto hace presente al Cristo del Evangelio corno verdadero
liberador que perdona los pecados, que se ofrece en el pan eucarístico,
que aconseja y consuela, que se dedica a los pobres, que no olvida
tampoco las almas de los ricos[23],
sino que se presta y ofrece siempre y en todas partes para
regenerarlo todo y a todos con la Palabra y con la gracia.
El anuncio de la salvación, que se renueva continuamente según
las necesidades de la Iglesia y de las situaciones locales, estimula
el servicio pastoral de nuestros religiosos.
Una parte de nuestros hermanos está empeñada en la obra de
reevangelización de los pueblos ‘cristianos’ de occidente;
otros en la labor misionera de la primera evangelización de los
pueblos aún no cristianos o en los cuales el Evangelio no ha puesto
aún raíces profundas.
Quienes se dedican al estudio y al apostolado de la pluma son
evangelizadores en el sentido profundo de la palabra. Descubren las
riquezas escondidas en las Escrituras, la teología, la
espiritualidad, la historia, para enriquecimiento de todos.
Los educadores tienen una gran importancia para el desarrollo
del hombre y de la sociedad, porque abren las mentes de los hombres
a los vastos horizontes de la cultura y de la ciencia, y, al mismo
tiempo, al encanto y la fuerza del Evangelio para la verdadera
liberación y exaltación de los hijos de Dios. El
ejemplo de San Agustín
20. San Agustín
puso a disposición su aguda inteligencia, su habilidad oratoria y
su capacidad intuitiva, hablando o escribiendo, para difundir la
Buena Nueva que él mismo, con la ayuda de la gracia, había
descubierto[24].
Al pueblo sencillo de Hipona predicaba en términos
elocuentes y persuasivos, adaptados al mismo tiempo a su capacidad
de comprensión, para convencerles de la palabra evangélica. Su
auditorio habitual lo constituían gente humildes e indoctos y sin
embargo supo introducirles en las profundidades del misterio de
Cristo y supo inculcarles los conocimientos de la dignidad a la que
habían sido elevadas para Ilegar a ser el templo[25] y el cuerpo[26]
de Cristo.
Por medio de cartas Agustín se comprometió con las
cuestiones planteadas en su tiempo, respondiendo a las preguntas que
le hacían. Desde su generosa disponibilidad se ofrecía no
solamente a tratar las grandes cuestiones de su tiempo sino también
a interesarse de los pequeños problemas cotidianos de sus
interlocutores. Pero incluso en las respuestas a los pequeños
problemas manifestaba su profundidad y, al mismo tiempo, su respeto
por las personas que lo interpelaban. Por mostrar tan sólo un
ejemplo, la especulación teológica y las muchas ocupaciones del
episcopado no le impidieron contestar a una joven que le pedía
consejos. Agustín le respondió que no podía ofrecerle mejor
consejo que el de ayudarla a descubrir el Maestro interior que es
Cristo[27].
Con su ejemplo Agustín nos enseña que una evangelización
auténtica requiere, además de la fidelidad a la Palabra, la
fidelidad a las personas a las cuales debemos transmitir esta
Palabra viva e intacta.
Bajo el ejemplo de san Agustín somos llamados a andar al
encuentro del hombre concreto en su situación real. Este hombre
tiene necesidad de la Palabra que libera, tiene necesidad de darse
cuenta que Cristo está presente dentro de él, en su indigencia[28].
La llamada agustiniana a la interioridad, “donde
se saborean las riquezas
imperecederas de la Verdad y del Amor”[29],
desvela el misterio del hombre y favorece su reflexión.
Cristo que ‘se encarna’ en la situación real del hombre
de hoy nos interpela. Nos exige que lo hagamos emerger de un modo
autentico y comprensible. Ha venido a liberar al hombre de todo
aquello que lo disminuye y a denunciar todo aquello que lo oprime,
lo mantiene esclavo o le limita la posibilidad o la libertad. Es
nuestra tarea, con la gracia del Espíritu, hacerlo nacer y creer en
el corazón y en la vida de los hombres hasta que todos lleguemos a
la plena madurez de Cristo mismo[30].
Evangelización
y vocaciones
21. Un indicio, aunque no exclusivo, para verificar la
eficacia de la influencia de nuestra vida en el Pueblo de Dios lo
constituye el número de vocaciones que atraemos y la perseverancia
entusiasmada de quienes se acercan a nosotros para compartir su
vida. La regla agustiniana que conforma nuestro estilo de vida es
profundamente simple; en grandes líneas propone el estilo de vida
que eligió Agustín y que él mismo vivió, una vez descubierto el
encanto y la fuerza de Dios en su vida.
Es un estilo de vida que huye de las exageraciones,
equilibrado, atento a las personas y preocupado de fomentar el amor
que crea comunidad en Dios. Es una participación de la felicidad
para quienes se sienten llamados. Felicidad que se comunica a los
demás, y de la que tiene tanta necesidad nuestro mundo de hoy. Si
nuestra vida religiosa no atrae, no es porque le falten contenido y
significado. Puede ofrecer, sin duda, hoy aquel ambiente sencillo y
familiar que Agustín, basándose en la experiencia de la primitiva
comunidad cristiana, creó y propuso para realizar plenamente los
valores del Evangelio.
La ausencia de Dios no es verdadera ausencia, dice san Agustín[31].
Las dificultades de hoy no dependen del hecho que el estilo
agustiniano de vida esté superado ya o sea poco actual; mas bien
son signos con los cuales Dios nos está desafiando a descubrirlo
mejor y a manifestarlo a los demás. El quiere hacerse visible a
través de nuestra vida para ofrecerse al mundo de hoy como Buena
Nueva de gozo y de salvación, como fuerza para quien cree en la
Palabra[32].
El escaso número de vocaciones en diversas partes del mundo
nos compromete a hacer una evaluación critica de nuestro modo de
vivir la regla:
¿Aparece en él, ante el mundo, la belleza del ideal que la
regla propone?
¿Cómo podemos mejorar y hacer más sencilla nuestra vida
común para que aparezca claramente en ella la presencia de Cristo? Compromiso
del Pueblo de Dios
22. Por otra parte
el problema vocacional nos estimula a la inventiva para crear nuevos
estilos y nuevos modos de participación del Pueblo de Dios en
nuestra vida y en nuestro trabajo de evangelización. El Señor nos
está llamando a nuevas e inesperadas soluciones. Por ejemplo, podríamos
ensayar el modo de acoger entre nosotros a quienes quisieran
comprometerse por un cierto período de tiempo; asociar a nuestro
quehacer a parejas, jóvenes, y familias que desean dedicarse
plenamente por un período de tiempo a la evangelización; renovar
las Fraternidades Seculares Agustinianas y ensanchar y profundizar
los lazos de vida y de trabajo con otros grupos que están
conectados con nosotros y que colaboran con nosotros. Dios no dejará
de sorprendernos si somos capaces de abrirnos a las novedades
inesperadas de la gracia.
Nuestra continua búsqueda de significado y nuestro esfuerzo
de adecuación a las exigencias actuales del Pueblo de Dios están
cada vez más ligadas a la comunión y a la colaboración con los
laicos, cuyo papel en la Iglesia es hoy reconocido y valorado. Este
comportamiento no consiste sólo en una búsqueda de una colaboración
práctica en el apostolado, sino que tiene profundas raíces teológicas.
Compartimos con los laicos las esperanzas y angustias de toda la
humanidad[33]
y junto a ellos constituimos ese campo que Cristo vino a cultivar y
a redimir[34].
Sólo en estrecha comunión, nosotros con ellos, y ellos con
nosotros, podemos abrirnos hacia un porvenir de esperanza, con la
garantía del Espíritu que nos viene dado por Cristo resucitado. Conclusión
23. El Capítulo
General Intermedio del Año de la Conversión se dirige a toda la
Orden para hacerle una invitación y un desafío.
La invitación es la del Evangelio: acoger la gracia de la metanoia
que nos es ofrecida permanentemente por Dios. Somos llamados cada día
a vivir una vida nueva, más abundante, más fraterna, una vida en
la cual la comunión íntima con Dios y la amistad en la comunidad
sean, por la fuerza de su testimonio claro y sencillo, evangelización.
¿Qué sucede hoy con esa potente energía de la Buena Nueva,
capaz de herir profundamente la conciencia del hombre?
¿Hasta qué punto y cómo esta fuerza evangélica es capaz
de transformar verdaderamente al hombre de este siglo?[35]
Verifiquemos nuestro modo de vivir juntos y nuestros
apostolados a la luz de la Palabra que es “viva,
eficaz, y más penetrante que una espada de doble filo; ella penetra
hasta las fronteras del alma y del
espíritu, hasta las junturas y médulas, y escruta los sentimientos
.y pensamientos del corazón”[36].
La Palabra jamás constituye una amenaza, es siempre un desafío.
Acoger el desafío, al tiempo que verifica los modos y las formas de
apostolado a los que hoy nos dedicamos, crea también oportunidades
formidables de supervivencia y de eficacia en el servicio del Señor.
Ha llegado la hora del discernimiento y de la elección.
24. El desafío es
el de la Palabra de Dios que llega a nosotros en los signos de los
tiempos. ¿Nuestra vida y nuestro trabajo inciden de veras en la
vida de los hombres de hoy para hacerles más felices, para
ofrecerle la libertad evangélica, y en toda la sociedad para darle
valor, plenitud y sentido?
¿Estamos ciertamente comunicando a Cristo y su fuerza
redentora de tal modo que la acojan los hombres de hoy y se dejen
convertir para que puedan gozar también ellos la vida, el gozo, la
libertad, la paz y finalmente la vida sin fin que es Cristo?
¿La distribución de nuestro personal en el mundo está de
acuerdo con los intereses de Cristo necesitado?
¿El empleo de nuestras energías apostólicas ofrece frutos
espirituales suficientes corno para justificar nuestra presencia en
todos los lugares y puestos donde nos encontramos?
¿Nuestras actuales formas de. apostolado están inspiradas
ciertamente por las necesidades de Cristo pobre o continuamos en
ellas simplemente por rutina o por comodidad humana o económica?
“Cada uno de vosotros espera recibir a Cristo sentado en el
cielo.
Prestadle atención a él, yacente
en un portal; prestadle atención a él, que
tiene hambre, pasa frío; a él pobre, peregrino. Hacedlo quienes
soléis, hacedlo quienes
acostumbráis. Crece el conocimiento de la palabra
de Dios, crezcan también las obras buenas. Alabáis la semilla,
mostrad la mies”[37].
¿Hay fuerzas ajenas al Evangelio que condicionan nuestro
apostolado o nuestra vida? ¿Nos sentimos programados ciegamente por
las fuerzas sociales, políticas o económicas, o somos verdaderos
agustinos, flexibles y abiertos delante de Dios, iluminados por la
luz del Evangelio, libres como personas que viven bajo la gracia en
la búsqueda de la belleza espiritual?
Es hora de leer atentamente los signos de los tiempos para
descubrir las heridas abiertas de una humanidad que está buscando
su identidad. Cristo
necesitado está llamando a nuestra puerta. Ahí nos espera también
el futuro que Dios nos ha preparado. Es un futuro lleno de
esperanza, garantizado por el Espíritu[38].
Si acogemos la invitación de Cristo descubriremos su rostro
y lo veremos nacer y crecer para la renovación del mundo allí
donde nos invita confiándonos nuestro campo de evangelización. En
nuestra vida una vez más se hará presente y transparente el Cristo
Redentor, de quien somos el cuerpo y en quien, según el designio
divino, serán recapituladas todas la cosas[39]. Agustín, haciendo suyas las palabras de Cristo[40], nos dice que María, la Madre de Dios, fue mas bienaventurada por haber acogido y conservado la Palabra de Dios en el corazón por la fe que por haber dado a luz a Cristo en la carne. La vocación de María es también la nuestra: acoger a Cristo en la fe para comunicarlo al mundo[41]. [[6] Cfr. Evangelica
Testificatio 25.
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