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2. Valor eclesial de la vida contemplativa

            ... el Concilio reconoce en la vida contemplativa “una misteriosa fecundidad apostólica”[6]. Recogiendo esta cita conciliar afirmaba el Papa últimamente a propósito de los institutos contemplativos: “tienen en la Iglesia una función apostólica. De hecho la oración es una servicio a la Iglesia y a las almas. Produce ‘frutos abundantísimos de santidad’ y procura al pueblo de Dios ‘una misteriosa fecundidad apostólica’ (PC, 7). Se sabe que los contemplativos oran y viven por la Iglesia y frecuentemente gracias a su soporte y progreso se obtienen gracias y ayudas celestes muy superiores a aquellas obtenidas por medio de la acción”[7]. También el reciente documento de la Congregación para los Institutos de vida consagrada titulado La vida fraterna en comunidad reconoce en la vida contemplativa “una proyección apostólica eficacísima, que permanece en buena parte escondida en el misterio”[8].

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            Vivir en la clausura no significa vivir ajenas a los problemas del mundo o de la Iglesia. Al contrario, significa compartir con la humanidad doliente sus problemas y sufrimientos en la intimidad del corazón y de la plegaria, en profunda solidaridad con todos los hombres. Como el resto de los discípulos de Cristo, aunque de otro modo, las religiosas contemplativas “comparten el gozo y la esperanza, las tristezas y angustias de los hogares y mujeres de nuestros días, especialmente de los pobres y de toda clase de afligidos, porque nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en e] corazón de los discípulos y discípulas de Cristo”[11].

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g) presencia en la iglesia local

            El documento “La dimensión contemplativa de la vida religiosa” invita a los institutos específicamente contemplativos a “continuar a dar con fidelidad la contribución de su específica vocación y misión a la Iglesia universal y a las Iglesias particulares en las que están insertos”[41].

            Hoy se destaca el papel que los monasterios de contemplativos y contemplativas pueden desempeñar como escuelas de oración. Deben enseñar a orar a quienes se acercan a los monasterios, movidos por la curiosidad o la inquietud existencial. Es un modo de prestar un valiosísimo servicio a la Iglesia local, haciendo sentir su presencia en el contexto de la diócesis. Una acción que puede tener incluso una importante repercusión vocacional

            En este contexto de la presencia de la vida contemplativa en la iglesia local me permito recordaros la importancia de llevar la experiencia de la vida contemplativa a las iglesias jóvenes. 

            Ya el Concilio valoró positivamente el esfuerzo por llevar la vida contemplativa a otras iglesias donde no está presente: “Son dignos de especial mención los varios intentos realizados para establecer la vida contemplativa [en los lugares de misión]... Dado que la vida contemplativa pertenece a la plenitud de presencia de la Iglesia, es preciso que se instaure por todas partes en las Iglesias jóvenes”[42]. Nuestra Orden tiene presencia contemplativa en trece países, pero casi el noventa por ciento de los monasterios se encuentra concentrada ampliamente en dos solas naciones: España e Italia. Hay iglesias jóvenes, en países de misión, que se están abriendo a la vida contemplativa. Esta presencia indica la madurez de una iglesia local. Nuestra Orden debe acompañar ese proceso abriéndose con coraje a estas nuevas realidades. La dimensión misionera debe empujaros a intentar elevar el testimonio de vuestra vida también a otras latitudes.

 

7. Un valiosísimo servicio a la Iglesia

            Deseo concluir evocando las palabras que el Papa ha dirigido a todas las mujeres consagradas y aplicándolas especialmente a vosotras: “Gracias a ti, mujer consagrada, que sobre el ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a la entera humanidad a vivir en relación con Dios una respuesta ‘nupcial’, que expresa maravillosamente la comunión que Él quiere establecer con su criatura”[43].

            Gracias a vosotras, hermanas, por vuestra fidelidad a la oración, que es un soporte para la vida de la Orden.

            Que sea María, maestra de contemplación, vuestra guía y ayuda para seguir fielmente a Cristo y para hacer de vuestra vida un testimonio vivo y operante en la Iglesia y la sociedad.

Afectísimo en san Agustín,

Roma, 11 de julio de 1995

Miguel Ángel Orcasitas 
Prior General OSA


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[6] PC 7.
[7] Juan Pablo II, Audiencia 4 enero 1995.
[8] n. 59
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[11] GS 1.
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[41] n. 24.
[42] AG 18. Ver también el número 40 donde “se pide a estos Institutos que funden casas en los países de misiones”.
[43] Juan Pablo II, carta a las mujeres, 29 junio 1995, n. 2 : L'Osservatore Romano, 10.07.97.

Texto completo: Servicio de Documentación O.S.A

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