Preámbulo

            El Capítulo General Intermedio, al terminar sus sesiones celebradas en la casa de estudios de Nuestra Señora del Buen Consejo en Ballyboden, Irlanda, del 28 de agosto al 14 de septiembre de 1974, se dirige por el presente documento a los hermanos de la Orden de San Agustín, con un fraternal saludo y deseo de comunicarles algunas reflexiones, sugerencias y recomendaciones que han procedido de nuestras discusiones.

           ...

            NOTA PREVIA

            5. El carácter selectivo de este documento requiere, ante todo, una explicación. Dada la amplitud y la complicación de los problemas originados por las relaciones entre la Orden y el mundo, el documento tenía que limitarse a un esfuerzo por identificar las cuestiones clave y sugerir algunas líneas directivas para las soluciones, y que se dirige a personas que viven en una variedad de circunstancias mayor de lo que ordinariamente se piensa.

            6. Este estudio sobre el papel de la Orden se basa en dos principales premisas: 1) La vida religiosa, en cualquier forma que se presente en el futuro, es y continuará siendo una parte importante de la vida y del trabajo de la Iglesia. 2) La Orden Agustiniana, aunque llegue a cambiar su estructura jurídica, debe continuar siendo una comunidad cuya misión es mantener vivo y transmitir el carisma especial de san Agustín.

            7. En consecuencia, el Capítulo General Intermedio está convencido de que nosotros, los agustinos, podemos dar una contribución positiva, indicando el camino hacia la solución de algunos de los más urgentes problemas de nuestra época. Como un primer paso en este sentido, este documento intenta formular ciertos principios generales, que pueden servir como base de discusión e intercomunicación a nivel de toda la Orden. 

           ...

            9. El fin de este documento es estimularnos a reflexionar, de modo que pueda llevarnos a consecuencias prácticas. Tendría muy poco valor, si no fuera seguido de una acción que envuelva a toda la Orden.

            10. Es cierto que la Orden se enfrenta a problemas muy serios. Sin embargo es necesario darnos cuenta que semejantes problemas en el presente son parte de las experiencias de todas la instituciones y organizaciones tanto religiosas como seculares. Tales problemas debemos considerarlos como un desafío. Si aceptamos el desafío con valor y confianza en la acción del Espíritu, seremos guiados, a través de los dolores de un renacimiento, al gozo de una vida nueva.

Los Miembros del Capítulo General Intermedio

Ballyboden - Dublín, septiembre 1974

            11. El Papa Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelica testificatio (29 de junio, 1971), se dirigía a todos los institutos religiosos en estos términos: "Según el modo que vuestra vocación divina os exige a las familias religiosas, debéis seguir con ojos muy atentos las necesidades de los hombres, sus problemas y sus anhelos, dando testimonio en medio de ellos, con la oración y la acción, de la eficacia de la Buena Nueva de amor, de justicia y de paz"[1]
            Con esta intención el Capítulo General de nuestra Orden, en Roma 1971, decidió crear una Comisión "para esclarecer la misión que nuestra Orden debe tener en la Iglesia", demostrando cómo y hasta dónde el pensamiento de san Agustín y el carisma agustiniano responden a las necesidades de nuestro tiempo, y cómo la espiritualidad de nuestra vida agustiniana sintoniza con los valores primordiales de nuestra época[2].  

          ...

Capítulo II

LA ESPIRITUALIDAD AGUSTINIANA Y NUESTRA MISIÓN EN EL MUNDO MODERNO

            29. La misión de los cristianos en el mundo de hoy ha recibido del Concilio Vaticano II una orientación muy definida hacia las más urgentes necesidades de la humanidad [7]. Nosotros participamos de esta misión con todos los cristianos y con todas las gentes de buena voluntad.

            30. Debemos interrogarnos, como agustinos, si dentro de este cuadro general, tenemos una vocación especial para destacar ciertos puntos del Mensaje de Cristo, no movidos tan sólo por la intención de continuar la tradición de una orden religiosa que a lo largo de la historia de la Iglesia presentó positivos valores, sino respondiendo a la angustiosa llamada del hombre actual que reclama una luz para guiar su vida, la cual nosotros podríamos ofrecerle a través del pensamiento de San Agustín.

            31. La visión agustiniana de la vida tiene efectivamente algo peculiar y valioso en orden a satisfacer las necesidades del hombre moderno. La manera como san Agustín presenta el Mensaje del Evangelio podría hacerlo más atractivo justamente porque Agustín trata determinados problemas que podemos calificar de cruciales y que cabalmente son objeto de seria confrontación para la humanidad de hoy.

            32. No pretendemos, de ningún modo, ofrecer un esquema más o menos acabado de la espiritualidad de San Agustín. Simplemente hemos reunido en cinco puntos algunas ideas del santo, que nos conducirán a la interpretación del Mensaje de Cristo dentro del marco de nuestra vida religiosa:

            1. Comunidad 
            2. Búsqueda de Dios
            3. Amor Integral
            4. Tensión Escatológica
            5. Autoridad

            33. Trataremos cada uno de estos puntos observando el método siguiente:

a) se dará una breve explicación;
b) Se indicará, en forma general, cómo se podría ayudar a             satisfacer ciertas necesidades vitales de la humanidad de hoy; 
c) Se sugerirán algunas líneas de acción para nosotros, agustinos, a fin de hacer del carisma de Agustín un servicio efectivo a la Iglesia y al mundo en orden de proveer dichas necesidades y resolver los problemas que surgen de ellas.

1. Comunidad

            34. a) La comunidad apostólica de Jerusalén fue considerada por Agustín como un ideal de vida cristiana [8]. Además, «la amistad» tiene un papel muy importante en su vida y en su pensamiento [9]. La verdadera vida comunitaria es, por lo tanto, fundamental para Agustín [10].

            35. b) Contacto Humano. El mundo siente necesidad de un mayor contacto humano por medio de la amistad y de la verdadera fraternidad. Existe un ferviente deseo de una colaboración más estrecha en todos los niveles de la sociedad humana. Las divisiones, los desacuerdos y las guerras, al lado de un sentimiento de soledad y aislamiento especialmente presentes en las áreas urbanas, acentúan la necesidad y el anhelo de amistad, interés, preocupación o simplemente reconocimiento de parte de los demás. La organización y las realizaciones técnicas no son suficientes por sí mismas y fallan lamentablemente en orden a llenar el deseo de calor humano en la sociedad. La tendencia de algunos a huir de ésta, está fundada casi siempre en el convencimiento de que es imposible encontrar ahí los valores humanos. Se cuestiona seriamente la posibilidad de una autentica comunidad Muchos piensan que lo más que puede lograrse en cualquier nivel de la sociedad humana es la «co-existencia», la cual más parece una tregua armada, que una verdadera comunión.

            36. Semejante necesidad la encontramos dentro de la Iglesia. La gente siente que ésta debería ser una comunidad en la que los cristianos «vivan» su relación con Dios y el prójimo. El contacto humano y la comunión dentro de la Iglesia deberían proveer las condiciones y el clima por los cuales la fe crecería basta alcanzar plena madurez, conociendo los cristianos la voluntad de Dios al escuchar tanto su Palabra revelada, como la palabra del prójimo en reciproco diálogo. Los cristianos de hoy sienten fuertemente la necesidad de vivir su fe, no en aglomeraciones anónimas, sino en grupos en que son conocidos como individuos y apreciados como personas.

            37. c) Nuestra Misión. Nosotros, agustinos, deberíamos dar especial atención a la vida comunitaria. No debemos subestimar nunca la efectividad del testimonio de una verdadera comunidad religiosa, ya que tales comunidades han dado un testimonio existencial del empuje salvífico de la enseñanza de Cristo en el campo de las relaciones humanas, a pesar de todas las fallas que pudieron haber padecido a lo largo de su historia. Pues este tipo de comunidad no se basa en lazos naturales de parentesco, como la familia, sino en el concepto evangélico de la fraternidad humana.

            38. Junto al hecho de que la vida de comunidad es un valor en sí mismo, puede dársele, además, valor de testimonio para el mundo a través de una afirmación existencial, encarnada, que demostrará palmariamente la posibilidad de una autentica comunidad. Otros valores, como ventajas económicas o eficiencia laboral, de ningún modo se equipararían en importancia a esta consideración.

2. Búsqueda de Dios

            39. a) La visión que profesaba Agustín sobre la vida, nunca le permitió sentirse satisfecho con la meras apariencias externas, sino le impulsó a buscar el significado real y profundo de los seres y los acontecimientos. Para él, todas las cosas, en maravillosa transparencia, revelan a Dios. Aún antes de su conversión fue urgido por un hondo deseo de la experiencia de Dios. Su vida entera fue modelada por su celebre ad te, el cual no es otra cosa, que una proyección espiritual y existencial hacia Dios [11].

            40. b) Felicidad y gozo reales. Es evidente que la humanidad se hastía de la trivialidad de la vida diaria. El mundo técnico absorbe toda la atención del hombre por el acrecentamiento de la actividad y la producción. El hombre carece de tiempo para encontrarse a sí mismo, padece una verdadera necesidad de valores trascendentales, necesidad de ser consciente de algo que va más allá de las observaciones de los sentidos y que abra horizontes nunca antes percibidos. La peregrinación del hombre en pos de la felicidad es, en realidad, una búsqueda inconsciente de Dios y de la Verdad, como un hambre y deseo de paz interior.

            41. En la conciencia del hombre moderno Dios está más presente de lo que suele pensarse. La impresión común de que la falta de toda fe es un factor dominante en el ambiente social de nuestro tiempo, es engañosa.

            42. En estos últimos años se nota, en el mundo occidental, un anhelo creciente de experimentar la comunión con Dios. Este fenómeno aparece especialmente entre la juventud como una forma nueva que consiste en un acercamiento más directo y menos complicado: se piensa que en un ambiente de secularismo extremo, que aprecia tan sólo la vida intramundana, no pueden encontrarse los más altos valores humanos, ni se puede responder satisfactoriamente a los problemas más profundos.

            43. Por otra parte, el hombre, insatisfecho y desilusionado de su propio mundo, a la par que ávido por la felicidad y la experiencia de Dios, sufre y se escandaliza por el formalismo, la burocracia, la mera rutina, la sobre estimación de sí mismo y el afán exagerado de autoconfirmarse, dentro de la Iglesia. Es cierto que estos fenómenos existirán siempre en cierto grado en cualquier sociedad humana, pero su preponderancia ahora, en un período tan crítico, es realmente molesta y contraproducente.

            44. e) Nosotros debemos tratar de comprender la profunda bondad de este mundo y la verdadera dignidad del hombre, de modo que, a través de esto, podamos encontrar a Dios [12]. De esta manera, el hombre moderno, cuya atención está plenamente concentrada en las realidades de este mundo, podría ser guiado hacia la búsqueda de Dios, sin renunciar a su amor por el mundo y su respeto por la vida humana.

            45. Agustín, quien «se encontró perdido entre muchas cosas y dividido por tantas otras», fundó una comunidad como el marco más adecuado para proseguir la búsqueda de la sabiduría de Dios. Esta característica de Agustín atrae particularmente al hombre moderno, porque demuestra cómo la armonía (tranquilidad), que este hombre busca desesperadamente, puede ser encontrada [13].

            46. El servicio, que debemos a nuestro prójimo, debe incluir también, en forma muy especial, el testimonio de comunión sincera con Dios y la expresión de gozo que encontramos en nuestra propia fe, base e inspiración de toda nuestra actividad. Solamente manteniéndonos abiertos a la acción del Espíritu por medio de la oración y meditación diaria, el servicio a nuestro prójimo se convertirá en una experiencia personal de Dios para nosotros mismos y en un testimonio de fe para los demás, y nos capacitará para conducirlos a una experiencia de Dios en sus propias vidas.

3. Amor integral

            47. a) La inseparabilidad del amor a Dios y el amor al hombre es un punto destacado en los escritos de San Agustín [14].

            48. b) Condiciones materiales que garantizan una vida humana. El hombre ha aprendido a apreciar el valor de la vida humana en este mundo. Debido a que ve, con mayor claridad que antes, la posibilidad de eliminar las causas de la miseria, desea dedicarse vivamente a la construcción de un mundo mejor. El anhelo de mejores condiciones para la vida humana es uno de los principales factores de su inquietud. Un grado mínimo de bienestar es indispensable para que el hombre pueda Ilevar su vida humana con dignidad. La posibilidad técnica de proveer este mínimo existe, pero una de las tragedias de la sociedad moderna consiste en que demasiada gente tiene que esperar demasiado tiempo para que esta posibilidad se realice en su beneficio.

            49. Hay inquietud dentro de la Iglesia porque, dada la identidad entre el amor a Dios y al prójimo, muchos cristianos sienten que un amor a Dios bien entendido les urge a movilizar y usar los recursos técnicos para hacer de este mundo un hogar mejor para todos, preocupándolos activamente en favor del pobre y comprometiéndolos seriamente en los esfuerzos para eliminar las causas de la miseria.

            50. e) Nuestra Misión. Una respuesta sensible a las más apremiantes necesidades de la humanidad deberá tener precedencia sobre cualquier otro factor en nuestro modo de pensar y obrar. La gloria de la Orden, la seguridad económica de la comunidad, las tradiciones y aún el celo excesivo por formas externas de la liturgia, han reclamado algunas veces nuestra principal atención permitiéndonos, de paso, olvidarnos de la preocupación que debemos tener por nuestros hermanos.

4. Tensión escatológica

            51. a) La Ciudad de Dios ofrece una interpretación de la historia humana en el sentido de que está guiada por el 'Señor de la Historia' hacia un fin glorioso que será la salvación final y total del hombre [15].

            52. b) Esperanza y Objetivo. Es de todo punto necesario abrir los ojos de la gente para que mire el sentido último de todo esfuerzo humano. Parece que, en general, se ha perdido la capacidad para dar significado a la vida. Especialmente el sufrimiento, así como el sacrificio y la renuncia, aunque en alguna forma se aprecian como situaciones importantes de la vida humana, han perdido su carácter de signo positivo.

            53. Es preciso, además, enriquecer la motivación de la gente que se siente inspirada por un fuerte sentido de solidaridad humana, aunque ésta, con frecuencia, se limite al ámbito de éste mundo.

            Es también necesaria una fuerte dosis de esperanza dentro de la misma Iglesia. El criterio de que ésta está perdiendo la batalla contra el mal se conviene para muchos en un factor paralizante.

            54. c) Nuestra Misión. La abnegación y la renuncia a valores genuinos parece que no se justifica en el juicio del hombre secular. Es nuestro cometido probar cómo, a través de tal abnegación y renuncia, el amor se fortalece y se libera al grado de convertirse en el factor dominante de la vida. Debemos mostrar, además, por medio de estas ideas, cómo se realizan la justicia y la paz y cómo está estableciéndose la Ciudad de Dios [16].

            55. La renuncia a ciertas cosas, buenas en sí mismas, se justifica porque conduce a mejores cosas y cuando se entiende que el hombre puede esperar encontrar la satisfacción de su propio ser, únicamente por medio de su esfuerzo constante por aquello que es mejor.

5. Autoridad

            56. a) En la visión de Agustín sobre la estructura de la sociedad humana, la autoridad es considerada como un servicio a la comunidad [17] y como tal debe ser obedecida por los miembros de la misma [18].

            57. b) Libertad de presiones injustas. La autoridad reside no solamente en aquellas personas que la ejercen, se extiende también a las instituciones, tradiciones, leyes y costumbres que exigen obediencia y determinan las relaciones humanas.

            58. El abuso de la autoridad y el poder no es una característica de nuestro tiempo, ya que la gente se ha hecho más sensible a estos fenómenos. La intranquilidad y la rebelión han nacido, en muchos casos, porque la autoridad, más que considerarse como un servicio en favor de los hombres, ha forzado a éstos a que le sirvan.

            59. Muchos directivos eclesiásticos han hecho sinceros esfuerzos por entender el concepto cristiano de autoridad y obrar de acuerdo con él. No obstante, existe todavía en algunas autoridades de la Iglesia una rara mezcla de deseo de servir y de amor al poder. Tal es el caso de algunos que, sin razón, se aferran a tradiciones anacrónicas, y otros, que presionan indebidamente para imponer determinados cambios.

            60. c) Nuestra Misión. El concepto de Agustín sobre la autoridad como servicio [19], (según se entiende también en el Nuevo Testamento), y su exhortación para que no seamos esclavos de la ley [20], son diferentes aspectos de una misma línea de pensamiento.

            61. Este concepto, al lado de la saludable influencia que produce en la vida de comunidad, nos llevará a una cierta libertad con relación al orden establecido dentro de la sociedad. Debemos rechazar cualquier afán desmesurado de «hacer carrera». No debemos aceptar la creencia común de que la mera posesión aumenta nuestro valor personal [21] o de que mientras más «consumamos», mejor será nuestra vida [22]. El mero hecho de ser religiosos nos conduce a adoptar una actitud crítica hacia la sociedad humana y sus valores y prioridades. Debemos ser hombres que obramos bajo la inspiración y guía de la Gracia [23].

 

Capítulo III

LA VIDA COMUNITARIA HOY

            62. El fundamento de nuestra vida agustiniana es la vida común plena [24]. Es característico de los Institutos religiosos poner de relieve algún aspecto del evangelio. Nuestra Orden, siguiendo el carisma de san Agustín, quiere manifestar a la Iglesia y al mundo, junto con otros institutos, que es posible hoy la vida común, siguiendo el deseo de Cristo para su Iglesia [25], fruto de la mutua caridad.

            63. Los comienzos de nuestra Orden tuvieron un carácter más bien carismático, y el Espíritu Santo era el verdadero guía. Pero el tiempo ha creado estructuras que han llegado a veces a ahogar el Espíritu, quedando el carisma oculto bajo la letra y el formalismo. Se hace necesario responder a la llamada del Espíritu, que nos pide una renovación del carisma por el bien de la Iglesia.

            64. El Capítulo está convencido de que si nosotros Agustinos no conseguimos una renovación de la vida común, a luz del Nuevo Testamento y del espíritu de san Agustín, el resto de nuestros problemas (crisis de vocaciones, crisis de identidad, problemas apostólicos, etc.) no se resolverán ni surgirá una nueva vitalidad en la Orden.

1. Dimensión de la vida común agustiniana

            65. Se hace necesaria la creación de una nueva comunidad, a la medida del hombre de hoy. Nuestro mundo moderno pide nuevas estructuras y nueva organización. Una reflexión actualizada del pensamiento agustiniano sobre la vida común nos lleva a concluir que:

            - nuestras comunidades deben tener la dimensión humana capaz de engendrar contactos personales profundos [26];

            - sus estructuras deberán favorecer la profundidad espiritual, de manera que haya un encuentro más fácil con Dios a través de nuestros hermanos [27].

            66. Nuestra vida común sólo tendrá fuerza en medio del mundo si la vivimos con la intensidad querida por san Agustín [28]. El modelo por él elegido es la primitiva comunidad de Jerusalén  [29], que cultivaba explícitamente la comunión (koinonía) [30]. Esta comunión es una realidad distinta, más allá de las relaciones pacíficas. La crea una puesta en común constante no sólo de nuestros bienes materiales, sino también de nuestra intimidad psicológica y espiritual [31]. Esta intercomunicación, fundada en la presencia de Cristo en el hermano [32], desemboca en el gozo de la amistad, superando los distintos temperamentos, edades e ideologías. Además no sólo es una gozosa consecuencia de nuestra vida común, sino también fuente de regeneración de la comunión mas genuina.

            Consecuencias:

            67. a) La comunidad agustiniana es como una pequeña Iglesia, un grupo de personas que viven su fe. Nuestra oración es no sólo un acto de piedad sino un estilo de vida. El diálogo con Dios es la cumbre del diálogo con nuestros hermanos. Por ellos y con ellos llegaremos al encuentro con el Señor [33]. Y para que esta fe común madure, se necesita vivir no sólo la oración en común sino también la oración participada o comunitaria, en la que hacemos nuestras las experiencias personales de la unión con Dios de nuestros hermanos [34]. Esta práctica debemos extenderla también a aquellos que, sin pertenecer a la comunidad, viven urgidos por la caridad del pueblo de Dios.

            68. b) Es necesario que en nuestras comunidades haya tiempos dedicados, con cierta flexibilidad, al intercambio de experiencias apostólicas, de gozos y de fracasos, de luces interiores y estados de nuestro espíritu, de forma que cada día nos sintamos más miembros de un cuerpo, que trabajadores solitarios. En particular los jóvenes, hoy especialmente sensible a este intercambio, deben ser educados en él desde los comienzos de la vida religiosa. El intento de una relación profunda. puede resultar embarazoso y difícil al principio. Pero vale la pena si creemos que el amor de Cristo es la razón de nuestra unión y que el Espíritu Santo habita en nosotros.

            69. c) La experiencia demuestra que un clima de fraternidad profunda hace posible la autoevaluación comunitaria constante y una actitud de escucha de Dios. Los «Capítulos de Renovación» [35] podrían ser momentos oportunos para ello. Así sería posible evitar un estancamiento y mantenernos adaptados a las necesidades cambiantes de nuestro tiempo.

            70. d) Deben cultivarse en nuestras comunidades los detalles humanos de delicadeza y sociabilidad, de forma que nuestras comunidades lleguen a ser verdaderos hogares. Esto significará muchas veces una buena disposición a soportar las debilidades y los escándalos de otros y Ilevar las cargas que recibimos por culpa de algunos.

            71. e) Aunque la vida de hoy nos exige una cierta libertad en el uso del dinero, debe practicarse, no obstante, la comunidad de bienes, elemento esencial de nuestra vida común, evitando toda forma disimulada de propia posesión o administración que ofendería a nuestra unidad [36].

            72. f) Dado que nuestro ideal no es un determinado trabajo, sino un género de vida, nuestros ocupaciones serán de tal forma que no obstaculicen la vida comunitaria [37].

            73. Entendida así la vida común, es más fácil hallar una respuesta a la antinomia persona-comunidad, tan frecuente en todas las áreas de la sociedad humana. En este contexto de fraternidad mutua, la persona recibe más que da, y no solamente no queda ahogada por la comunidad, sino que está constantemente enriquecida por ella. Sabemos que el precio de la unidad, no pequeño por cierto, es morir al individualismo. Pero bien merece la pena pagarlo a cambio de la riqueza que dimana de la comunidad [38]. Por otra parte, tanto el superior [39] como los demás miembros deben estar atentos a las necesidades de cada individuo. Si deseamos tener comunidades de una calidad verdaderamente humana y religiosa, es imprescindible dar atención especial a la formación de hombres de una personalidad madura y de una espiritualidad profunda.

            74. La obediencia, en esta atmósfera comunitaria, es una vivencia más de la vida común y de servicio. Superior y súbditos, unidos, buscan con sinceridad cuál es la voluntad de Dios.

            75. Pluralismo en la unidad. La caridad no exige la uniformidad. Un pluralismo sano debe ser profesado, porque origina un clima de creatividad y enriquecimiento común. Sea estimado, no solo tolerado, porque la mera tolerancia puede degenerar en autosuficiencia, aislamiento e indiferencia. Es verdad que nuestro mundo sufre la tentación del extremismo o polarización, que ponen en serio peligro la caridad, único vínculo que no aglutina. Sin embargo nuestra comunión creará un esfuerzo por comprender las posturas ajenas, siempre suponiendo buena fe en nuestros hermanos. Debemos saber escuchar sin juzgar de antemano. Por otra parte se requiere humildad y madurez para vivir en una cierta inseguridad, sin pretender que todo tenga una explicación clara y precisa.

2. Testimonio de pobreza

            76. Las desigualdades que padece nuestro mundo, incluso el mundo cristiano, son una fuerte llamada a nuestro carisma. Si entendemos nuestra vida comunitaria abierta a toda la Iglesia y al mundo, como la entendió san Agustín [40], nuestra comunidad de bienes hará participantes también a los hombres necesitados de nuestro alrededor [41]. Así evitaremos la acumulación común excesiva y contribuiremos a una mentalización frente al problema social de nuestro mundo.

            77. La renovación religiosa comunitaria nunca será válida más que en la vivencia de la pobreza evangélica. Nuestra vida debería ser un signo de protesta contra la mentalidad de la sociedad de consumo en que vivimos. El hombre de hoy nos pide una pobreza más allá de la mera pobreza jurídica, que puede exigirnos defender sus derechos sociales y, a veces, compartir la pobreza con el pobre. Debemos tratar de mantener un nivel de vida algo más modesto que el de la gente a quienes se dirige nuestro servicio más inmediatamente.

            78. La apertura de nuestra comunidad al mundo nos debe Ilevar a crear nuevas actividades según las exigencias cristianas, y no según el rendimiento económico. Este mismo espíritu nos llevará a una distribución de nuestros miembros donde sea necesario, posponiendo las preferencias personales y de grupo a las necesidades del mundo [42].

            79. Nuestro celibato consagrado tampoco nos permite dar un testimonio al mundo a menos que nos disponga a una entrega incondicional y al espíritu de sacrificio en servicio de nuestros hermanos. La entrega personal, por la que el celibato hace libre al religioso, recibe su sentido de Cristo, que es su fuente, y así se convierte en una protesta contra la permisividad y el egoísmo que en nuestros días conspira para la destrucción del mundo.

3. Comunidad internacional

            80. La comunidad internacional agustiniana, que se ha ido creando a lo largo de la historia de la Orden, no encuentra su profunda significación y su verdadera justificación en el mero hecho de existir como comunidad humana extendida por toda la tierra. Ni ciertas características externas suyas (como p. e. el hecho de que presenta una amplia visión de la Iglesia y del mundo) ofrecen una definición adecuada de su internacionalidad.

            81. Pero así como la comunidad local tiene un valor en sí misma en cuanto es el ejemplar ideal de la fraternidad según la vida y las enseñanzas de san Agustín, así también la comunidad internacional tiene el mismo valor en sí misma. Y así como la comunidad local se esfuerza por establecer el reino de Dios en este mundo y fortalecer, mediante el testimonio de su fraternidad, la fraternidad humana a nivel local, así también nuestra Orden, viviendo su vida tradicional, inspirada en las enseñanzas de san Agustín, debe prestar su servicio a la promoción del espíritu de fraternidad en la humanidad entera. La llamada a la fraternidad en Cristo es una llamada a la liberación de los grandes males del mundo moderno: la injusticia social, la discriminación racial, el antagonismo nacionalista, la desigualdad de oportunidades que nacen de la existencia de grupos privilegiados y de la falta de participación en los bienes materiales, la cual nace del exceso de riquezas por parte de unos y extrema pobreza por parte de otros.

            82. Cada Provincia y cada comunidad local debería examinar constantemente su situación controlando hasta qué punto traduce en la práctica su carácter internacional en su propia vida y en el apostolado. Mediante nuestra vida, vivida de acuerdo al mensaje del Evangelio y a la visión y al espíritu de san Agustín, deberíamos estar en condiciones de poder dar un testimonio claro y convincente de la posibilidad de conseguir una fraternidad internacional entre todos los hombres. Nuestro ministerio pastoral debe reflejar las características de justicia, amor e interés por el progreso de la dignidad humana y del reconocimiento de la dignidad intrínseca de toda persona humana.

 

Capítulo IV

NUESTRO APOSTOLADO

1. Criterios de renovación

            83. Las comunidades religiosas realizan sus apostolados únicamente cuando su vida y su trabajo están sincera y efectivamente dedicados a Dios y a las necesidades de la humanidad.

            La comunidad agustiniana, modelada de acuerdo con la más antigua comunidad cristiana, es una comunidad abierta, forma parte de la amplia comunidad del pueblo de Dios y de la aún más amplia comunidad del género humano. Nunca podremos aislarnos del curso que domina en el mundo, ni convertirnos en meros espectadores, ya que experimentamos en nuestra propia persona las esperanzas y angustias que pertenecen a la humanidad. Cristo nos urge ser fermento y, a su imitación, servir a las necesidades de los hombres.

            84. La mera eficiencia en el trabajo, aunque es laudable y necesaria, no es, sin embargo, suficiente. Lo que actualmente se espera del religioso es la ayuda espiritual para avivar la fe, iluminar el significado de la vida, enfrentarse con valor y superar los problemas de la existencia, dar, en fin, testimonio del ser y el amor de Dios.

            Aunque tengamos que estar siempre abiertos a otras posibilidades pastorales, la fuerza del espíritu evangélico, sin embargo, entre nosotros, será manifestada por nuestro especial cuidado en favor del pobre, del enfermo, del triste, del solitario, del frustrado, etc.

            Así como lo hacemos con nuestras vidas y la Iglesia lo hace consigo misma, debemos, periódicamente, revisar y reformar nuestras actividades buscando mayor efectividad en la edificación del Reino de Dios.

            85. Para Ilevar a cabo esta revisión debemos, con franqueza y honestidad, examinarnos de acuerdo con algunas preguntas básicas:

            - ¿Somos sensibles y responsables a las más apremiantes necesidades de la humanidad? No se puede olvidar que esto incluye también atender las necesidades individuales de la gente común, como nos enseñó nuestro Señor.

            - ¿Nos consideramos a nosotros mismos, dentro de nuestros apostolados, como instrumentos efectivos en el mejoramiento de la condición humana y las aspiraciones justas de la humanidad?

            - ¿Cómo podemos ampliar nuestros horizontes dentro de nuestros actuales apostolados?

            - ¿En qué forma lograremos ser ministros del Evangelio más eficientes en orden a la liberación y salvación humanas?

2. Iniciativas nuevas

            86. Las necesidades y los problemas de esta índole varían mucho de acuerdo con los diversos lugares de la tierra, de modo que es prácticamente imposible, así como presuntuoso de parte de este Capítulo General, intentar ofrecer una lista de apostolados que podrían ser tomados por nuestra Orden. Será responsabilidad de cada Provincia y cada comunidad tomar las decisiones adecuadas de acuerdo con las circunstancias locales.

            87. EI Capítulo General se concreta a presentar algunas sugerencias que pueden ser de cierta utilidad:

            - A fin de que nuestros apostolados sean más efectivos evitando la pérdida de tiempo que suponen las labores administrativas o la preocupación propia de los asuntos financieros, es posible en algunos casos trabajar preferentemente en instituciones del Estado o ajenas a nuestro propio instituto, no significando esto, de ningún modo, abandono o descuido de nuestras fundaciones.

            - Cooperación con otros grupos o instituciones, inclusive otras Órdenes, en la creación de proyectos de trabajo apostólico.

            - Formación religiosa y teológica para adultos laicos.

            - Más ayuda a los laicos en su vida de oración, especialmente en la práctica de la meditación.

            - Servicio pastoral fraterno en favor del clero diocesano, v. gr. Cursos de espiritualidad, teología pastoral, psicología, etc.

            - En el clima de inquietudes y soledad que priva en el mundo moderno existe una general necesidad de «casas de retiro» que ofrezcan, además, la oportunidad para la dirección espiritual.

            - Colaboración en el desarrollo de pequeños grupos orientados a la oración o a la discusión.

            - Tratándose de grandes comunidades, puede celebrarse la liturgia en la forma más atractiva de modo que los fieles, especialmente la gente joven, tengan una mayor participación.

            - Podría darse también en nuestras comunidades una buena preparación a «equipos» de trabajo apostólico.

            - Sería de desearse que cada Provincia tuviese por lo menos un apostolado dedicado a aliviar las necesidades de los más pobres, sin esperar ninguna compensación o pago (misiones en el extranjero, trabajo social, etc.).

3. Condiciones básicas

            88. a) Al lado de una preparación suficiente para cualquier trabajo especial, es preciso contar con un desarrollo humano equilibrado y un alto grado de madurez.

            89. b) En la preparación de todo servicio pastoral, además de entrenamiento religioso ordinario, los miembros de la Orden deben conocer al menos los principios de las ciencias humanas psicología, sociología, etc.) y adquirir cierta práctica en los métodos de organización, conducción de grupos de discusión, etc.

            90. c) Una habilidad especial para ejercer la autoridad participadamente y distribuir con eficiencia y justicia las responsabilidades.

            91. d) En los casos en que los miembros de la comunidad trabajen fuera o en cooperación con otras instituciones, grupos u Órdenes, tener cuidado en salvaguardar la vida y derechos de la propia comunidad.

            92. e) El apostolado debe recibir apoyo e inspiración de la vida comunitaria y debe contribuir a la formación de «comunidad» entre las personas donde se realiza el trabajo apostólico.

           

Capítulo V

EL DESAFÍO DE LA EXPERIMENTACIÓN

            93. El capítulo precedente es un intento de definir la misión de la Orden. Puede quedar en un simple documento escrito, en cuyo caso el efecto será bien insignificante. Si nosotros queremos obtener resultados prácticos, es necesario hacer experiencias. Leyes y reglas pueden dar líneas de acción, pero no el espíritu que es la fuente de vitalidad. La inspiración es la voz del Espíritu de Dios, presente en la Iglesia y en nuestra vida. Las experiencias son el medio por el que la comunidad intenta responder al impulso del Espíritu, que se manifiesta en la oración, en el estudio, en la dirección de los superiores y en las sugerencias de los otros miembros de la comunidad, en las necesidades de la Iglesia y dei mundo que nos rodea [43].

            94. Las experiencias están apoyadas, incluso mandadas por nuestras Constituciones [44]. El Capítulo General del 1971 ha dado ánimos y cauces para el cumplimiento de las experiencias, indicando de un modo particular la misión del espíritu carismático y profético. «El carisma es un don del Espíritu que lleva a una nueva interpretación del Evangelio o de la espiritualidad agustiniana» [45]. Fácilmente pueden surgir conflictos entre el carisma y la ley, como también malentendidos entre las personas carismáticas y los demás miembros de la comunidad, «pero por temor al error o a la desviación, el verdadero carisma no debe ser negado o apagado». Los superiores, por tanto, deben animar las iniciativas de experiencias, y ellos, con el resto de la comunidad, tienen el deber de discernir el verdadero carisma, y de decidir cuando una experiencia pueda ser permitida o no. Experimentación tiene como objetivo responder mejor a las necesidades de la gente en casos donde claramente no respondemos. Nunca pueden ser un inadmisible «jugar» con seres humanos.

            95. Las experiencias, por otra parte, no pueden ser frenadas por el riesgo de fracaso. El Espíritu puede hablarnos tanto a través del fracaso como del éxito: la misma naturaleza de la experiencia lleva en sí la probabilidad de fracaso. Mientras el riesgo deberá ser aceptado por quienes hacen experiencias y por superiores que lo aprueban, no será tal que ponga en peligro el bien común. Un riesgo razonable debe estar en relación con el previsible daño a la comunidad, a los compromisos apostólicos y a cada uno de los hermanos que no desean exponerse al riesgo.

            96. Sumergidos como estamos en el mundo moderno, nuevas formas de vida comunitaria surgirán de la base más bien que sean impuestas desde arriba. No obstante, las experiencias sanas y beneficiosas, deben estar bien planificadas y meditadas con antelación. Los límites son bien claros: toda experiencia debe estar «de acuerdo con la naturaleza de la Orden», y no pueden ser causa de división y separación [46]. Quienes están enrolados en experiencias, son los responsables ante el proprio superior y la comunidad. Pertenece a la comunidad entera el animar, evaluar y pedir cuentas de cada experiencia dentro de un período razonable de tiempo.

            97. Lo que sigue es la respuesta a una pregunta concreta sobre la posibilidad de un compromiso temporal, en el seno de una comunidad, por parte de alguien que no pertenezca jurídicamente a la Orden.

            A la luz de la plenitud de la consagración a Dios, de la estabilidad de la vida religiosa, y la permanencia de nuestra Orden, la consagración permanente es considerada como la norma.

            98. Mientras se concede una razonable espera antes del compromiso total no se puede prolongar indefinidamente la decisión, pudiendo con ello dañar al individuo y a la comunidad. Sin embargo, si alguna persona quisiera comprometerse en alguna de nuestras comunidades por un cierto periodo, con objeto de experimentar la vida religiosa, ha de ser admitido y animado, a condición de que sean salvaguardados los derechos del individuo y de la comunidad.



[1] n. 52: AAS 63 (1971) 523-524.  
[2] Acta O.S.A., num. espec. 1971, p. 213.
...
[7] Cf. « Gaud. et Spes » 1, 3-4.
[8] «Quot animae erant, dic mihi, in Actibus apostolorum, quae crediderunt?... "Crediderunt illo die", dictum est, "tria milia animae" (Act. 2, 41). Ecce milia sunt animarum, et ecce tot milia animae; et tamen venit in eos Spiritus Sanctus, per quem diffunditur caritas in cordibus nostris (cf. Rom 5,5). Et quid dictum est de tot animabus: "Erat illis anima una et cor unum". Tot animae, anima una: non natura, sed gratia» (Sermo Guelferb. 11,5). - Cf. De civ Dei XVIII, 54; Sermo 77,4; Sermo Mai 158, 2 etc. -  Por cuanto se refiere a Ia vida monástica san Agustín tiene también presente de manera especial la comunidad apostólica de Jerusalén. - Cf.  T. van Bavel, en: Augustiniana 9 (1959) 17-18.
[9] Cf.  M. A. McNamara, Friendship in Saint Augustine, Fribourg 1958, ital. Milano 1970.
[10] «Quoniam unusquisque homo humani generis pars est, et sociale quiddam est humana natura, magnumque habet et naturale bonum vim quoque amicitiae; ob hoc ex uno Deus voluit omnes homines concedere, ut in sua societate non sola similitudine generis, sed etiam cognationis vinculo tenerentur » (De bono coni. 1,1). - Cf. De civ. Dei XII, 27 y XIX, 12 (2) etc.
[11] «Fecisti nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te» (,Conf. 11). - Para san Agustín la comunidad religiosa tiene también esta tendencia hacia Dios (anima una et cor unum in Deum) hasta aquel punto en que en aquella comunidad de cristianos se recibe la experiencia de Dios.  Hablando de si mismo san Agustín escribe: «Deum quippe illic esse sentio, in quem me securus proicio, et in quo securus requiesco» (Epist, 73, 10).
[12] Cf. san Agustín, De quant. animae 33, 72: «Tot artes opificum, agrorum cultus, extructiones urbium, variorum aedificiorum ac moliminum multimoda miracula, inventiones tot signorum in litteris, in verbis, in gestu, in cuiuscemodi sono, in picturis atque figmentis, tot gentium linguas tot instituta, tot nova, tot instaurata, tantum librorum numerum... vim rationandi et excogitandi, fluvios eloquentiae... Magna haec et omnino humana». Cf. también Serm. 241, 2,2: «Interroga pulchritudinem terrae, interroga pulchritudinem maris, interroga pulchritudinem dilatati et diffusi aeris, interroga pulchritudinem caeli, interroga ordinem siderum..., interroga animalia, quae moventur in aquis, quae morantur in terris, quae volitant in aere... Respondent tibi omnia: Ecce vide, pulchra sumus. Pulchritudo eorum, confessio eorum. Ista pulchra mutabilia quis fecit, nisi incommutabilis pulcher?» - Cfr. tambien En. in ps. 145, 5 y 12.
[13] Sobre el ideal agustiniano de la sabiduría y búsqueda de Dios, véase F. Cayré, La Contemplation Augustinienne, 2. ed., Paris 1954, 7-8 y el mismo, en: Augustinus vitae spiritualis Magister I, Roma 1959, 77-101.
[14] «Cum ergo de dilectione diligimus fratrem, de Deo diligimus fratrem; nec fieri potest, ut eandem dilectionem non praecipue diligamus, qua fratrem diligimus.  Unde colligitur duo illa praecepta non posse esse sine invicem» (De Trin.  VIII, 8, 12). - Cf.  In Joa.  Epist. 9, 10-11 y 10, 3 etc. - Véase también A. Trapè, Sant'Agostino: La Regola, Milano 1971, 103-105.
[15] «Superna est enim sanctorum civitas quamvis hic pariat cives, in quibus peregrinatur, donec regni eius tempus adveniat, cum congregatura est omnes in suis corporibus resurgentes, quando eis promissum dabitur regnum, ubi cum suo principe rege saeculorum sine ullo temporis fine regnabunt » (De civ. Dei XV, 1) - Cf. ibid XVIII, 54, etc.
[16] Esto es importante también para nuestro celibato «por el reino de los cielos». Cf. san Agustín, De sancta virg. 24, 24.
[17] «Sed in domo iusti viventis ex fide,... etiam qui imperant, serviunt eis, quibus videntur imperare. Neque enim dominando cupidate imperant, sed officio consulendi; nec principandi superbia, sed providendi misericordia» (De civ. Dei XIX, 14). - «Adiuvate nos (id est episcopos) et orando et obtemperando, ut nos vobis non tam praesse quam prodesse delectet» (Sermo 340, 1). - Regula 46 etc.
[18] La verdadera obediencia según san Agustín debe servir para asegurar el gran bien de la paz en la familia y en el estado: «Pax domus, ordinata imperandi atque oboediendi concordia habitantium. Pax civitatis, ordinata imperandi atque oboediendi concordia civium». (De civ. Dei, XIX, 13).
[19] Véase arriba nota 17.
[20] Regula 48.
[21] Cf. Regula 8.
[22] Cf. Regula 18.
[23] Regula 48.
[24] Const., 8.
[25] Jn. 17, 21.
[26] Cf. Possidius, Vita S. Augustini 22 y 25. - Cuanto él escribe acerca del cuidado por la vida de comunidad en el «monasterium clericorum» de san Agustín muestra exactamente hasta qué punto nuestro Padre se preocupaba por los contactos humanos, cuánto gustaba de conversar con sus hermanos y como quería que su comunidad se abriera fraternalmente a los huéspedes.
[27] Véase arriba nota 11.
[28] Recientemente Pablo VI nos ha exhortado a restablecer el carisma agustiniano en aquellas cosas en que por ventura se hubiera perdido (Discurso al Cap.  Gen. de 1971, Acta O.S.A. 16, 1971, 94).