Esta carta..., escrita desde una Comunidad eclesial de una diócesis del Gran Buenos Aires... (República Argentina), describe de una manera sencilla..., abierta y dramática..., algunos aspectos de la realidad eclesial actual...
Aparecen en estas líneas dos modelos de iglesia..., más allá de los nombres o rótulos que se les quiera dar...
Puede servir como ayuda para la reflexión y  la búsqueda de una mayor fidelidad al proyecto de Jesús, en los grupos y Comunidades.

Había una vez un barrio muy..., pero que muy..., tranquilo... De tan tranquilo llegó a ser aburrido... Hasta que un día llegaron unos curitas misioneros..., y nos comenzaron a reunir..., y a conversar sobre el barrio...
 
Visita va..., visita viene..., y entre mate y torta frita..., fue llegando la gente... Cada uno con su historia...

Los curitas pusieron la Biblia..., y nosotros nuestra fe..., y así se fueron formando las Comunidades... 

Nuestra parroquia se llama Cristo Obrero... Muy humilde... Techo de chapa..., las paredes sin revocar... Nunca soñamos con algo superior... Eso sí: mucho calor humano..., lugar de reunión de los domingos..., la Misa..., reuniones de formación de Catequesis..., Consejo Parroquial...

¿Y el resto de los trabajos? Todos en el barrio... Encuentros bíblicos en casa de Doña Rosa..., misión casa por casa..., empanadas para juntar fondos para Doña Juana que está internada..., canasta comunitaria para Gustavito que más tarde fallece de un tumor en el cerebro con 19 años... Y junto a la vía..., Teresa, portadora de sida..., con ocho criaturas...

“¿De dónde son ustedes?”, nos pregunta la gente...,  Somos de Cristo Obrero -es decir-  de la Parroquia, representada por la Comunidad”...

Somos un barrio pobre..., que sufrimos el desempleo..., la marginación..., la corrupción..., y lo peor..., la violencia... Pero un día..., Jesús dejó un Mensaje: "Yo soy el camino..., la luz..., la vida"... No ocultó que seguirle no sería fácil... Y su Mensaje nos llegó...

Otro día..., nuestros curas se reunieron..., y con mucha diplomacia..., nos dijeron: "Ustedes ya maduraron..., están unidos..., tienen la fe muy clara... Hay lugares donde nos necesitan más que ustedes"...

Para hacerlo corto: se fueron...

Y en 1999..., llegó el nuevo sacerdote...

Nos dijo..., "que a partir de ahora todos los trabajos se harían en la parroquia..., nada de en el barrio... Y lo que se recaude en la misa de los sábados será para colocar la cerámica de los nuevos salones..., y para cambiar el techo"...

El domingo fue el día más triste...

Nosotros..., que estábamos acostumbrados a compartir el Evangelio con el sacerdote..., de ahora en adelante nos toca escuchar su discurso..., según el ánimo que traiga... Eso sí..., el altar está lleno de ministros..., y el cura en el medio... Ahora..., dice..., tenemos un misa parroquial...

Doña Clara nos comentaba que el sacerdote le había dicho que "se acabaron las comunidades..., porque es perder el tiempo"... También nuestro Obispo..., en una homilía..., nos dijo: "Ustedes no son asistentes sociales..., ustedes son asistentes espirituales"...

Sería largo de contar..., pero no se trata de un sueño..., es realidad...

Claro que..., hemos progresado..., no nos podemos quejar..., porque vamos a tener una parroquia de lujo...

Muchas veces nos preguntamos: ¿es que todo lo que hacíamos antes estaba mal? ¿es que una autoridad eclesial puede romper con todo este trabajo que veníamos realizando?

Reciban un abrazo.

Comunidad Nuestra Señora de Luján

 

Para pensar y dialogar en grupo: 

1. ¿Conoces alguna realidad igual o semejante a esta?
2. ¿Qué aportan los documentos de la Iglesia: Puebla, Líneas para la Nueva Evangelización, Senderos Pastorales, La parroquia hoy, etc., respecto a este tema?
3. "Asistentes sociales..., frente a asistentes espirituales": ¿es un planteamiento correcto?
4. ¿Cómo debería actuar esta Comunidad que quiere seguir en el camino de Jesús?

Tomado del Boletín "Nueva Tierra", Buenos Aires

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