¿Por qué será que quien menos tiene, más da? ¿Que quien más necesita, más solidario es? Estas preguntas me las hacía hoy mismo al regresar del paraje "La Cieneguita" a donde fui a celebrar la fiesta patronal de "Ntra. Sra. la Virgen del Valle". "La Cieneguita" está a unas cinco horas desde Cafayate. La mitad, más o menos, se puede hacer en camioneta y el resto andando o a caballo.

La gente de esta zona es pobre y está necesitada; sin embargo lo que tiene lo da con alegría y esto les parece la cosa más normal del mundo. A mí, y a los que venían conmigo, ayer por la tarde, nos pusieron a disposición sus caballos. Podíamos haber ido caminando, como iban ellos, pero no, los visitantes éramos sagrados. Nada más llegar al ranchito, las personas que allí estaban nos dieron un mate cocido para entrar en calor, luego nos prepararon la cena y finalmente nos dejaron sus "catres" y mantas para dormir. Y esta mañana, antes de salir el sol, ya se pusieron a preparar el desayuno para que lo tuviéramos listo nada más levantarnos. Luego vino la preparación del almuerzo. Una vaca y varios corderos asados, que pusieron todos los vecinos del lugar, fueron el plato fuerte. Y aunque éramos muchos para todos hubo y sobró.

Hoy en La Cieneguita se celebraron dos misas. Una, la litúrgica, la celebré yo en nombre de Cristo. La otra, la celebró la gente de este lugar. En la primera Cristo se nos dio como alimento. En la segunda, la gente de aquí, hizo lo mismo al repartir el alimento que había preparado. Y como pasa siempre, ninguno se dio cuenta: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento?... Señor, ¿cuándo nosotros celebramos tu misa?"...

Al regresar, como esto de la solidaridad y el compartir es contagioso, algo se nos pegó. Cuando llegamos a donde habíamos dejado los coches, en el que me trajeron a mí no funcionaba. Aunque viendo el coche, lo raro es que funcionara. Rápidamente, todos se pusieron a ayudar, primero empujando y luego arrastrándole con una camioneta hasta lo alto del puerto. La bajada ya fue por la propia inercia del vehículo. Pienso que la Virgen María, en esta bajada, viendo el gesto y las buenas intenciones nos "hecho una manita". El camino era de tierra, estrecho, con pronunciadas curvas y el "técnico" que conducía estaba un poco bebido... Pero llegamos a Cafayate, sanos y salvos.

Bueno, anécdotas aparte, amigos..., les dejo con la pregunta del principio para ver si encuentran respuesta: "¿Por qué será que quien menos tiene, más da? ¿Que quien más necesita, más solidario es?"

Un abrazo y hasta otro momento.

Santiago Alcalde

De aquí y allá...