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| Huevo: Muchas cáscara y poca sustancia |
| La finalidad de este símbolo
es mostrar que muchas veces tras una apariencia normal se puede esconder
una persona vacía. Puede servir como final de una reflexión
sobre nuestra vida cristiana y, bien realizado, puede tiene un fuerte impacto.
El material que vas a necesitar es un huevo al que le vas a quitar toda el interior. Es muy fácil. Sólo tienes que hacer un pequeñito agujero en un lado. A ser posible no en los extremos del huevo, sino en la parte en la que siempre queda apoyado el huevo. De esa forma, si lo deja apoyado en el suelo, nadie se dará cuenta de que está con un agujero.
Para sacar el interior basta con una aguja e remover poco a poco el interior. Verás que al final va saliendo todo. Es muy fácil. Seguramente con una jeringa también funcione, pero no lo he probado. La forma de presentar el símbolo puede depender de cada persona. En mi caso dejé el huevo, desde el comienzo de la charla, sobre un plato, teniendo cuidado que el agujero quedase hacia abajo, para que nadie se diese cuenta. Una vez acabé la charla me acerqué al huevo, que estaba en medio del grupo, y lo cogí con el pulgar y el índice. Uno de esos dos dedos estaba tapando el agujero. Entonces, mostrando el huevo digo algo así como lo siguiente: "Desde el principio estuvo el huevo en medio de la sala y tal vez algunos se preguntaron qué hacia este huevo aquí. Está aquí porque todos cuando vemos el huevo en seguida, aunque no lo veamos, sabemos que dentro está la yema. ¿Es verdad o no?". Aquí hago una pequeña pausa para esperar las respuestas y que la gente asimile inconscientemente que dentro de ese huevo está la yema. La pausa tiene que ser muy breve: 3 segundos. Durante esta pausa miro las caras de todo el grupo... Luego miro al huevo y hago una pausa de 1-2 segundo, como mirándolo fijamente y lo aplasto con la mano dejando caer los pedazos al suelo. Lo normal es que se oiga un suspiro entre la gente porque esperaraban que el huevo tuviese yema. Ese asombro es el que se utiliza para coronar la reflexión. Podemos decir algo parecido a lo siguiente: "Muchas veces a las personas nos ocurre como a este huevo. Parecíamos llenos, pero sólo era la cáscara. Tal vez nosotros deberíamos pararnos a pensar si nos estará ocurriendo lo mismo con nuestra vida cristiana. Y, quien sabe, puede ser que nos sorprendamos de nosotros mismos, igual que quedamos sorprendidos por lo que le ocurrió a este huevo". En fin, las palabras finales cada uno las puede hacer como quiera. Pero el efecto, bien llevado, provoca bastante impacto. Pedro
Muñoz
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