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Este símbolo
se utilizó en una celebración del envío. Para tal
efecto, el símbolo fue un caramelo gigante hecho de la siguiente
forma: lo que debería ser el caramelo, era realmente un recibiente
de plástico, de estos que se utilizan para poner comida. En su
interior había cuatro cartulinas dobladas, cada una de las cuales
tenía un mensaje escrito. Todo esto se envolvió en un papel
llamatico y se dobló como los caramelos normales. En los extremos,
para adornar, se pusieron dos lazos, aunque esto, realmente, era solo
un adorno.
La homilía
se desarrolló de la siguiente forma:
- En primer lugar
hice un mimo para que adivinasen que objeto estaba utilizando... Sacaba
un caramelo "invisible", lo abría y lo metía
en la boa.
- Les pregunté
si les gustaban los caramelos y que cuánto tiempo duraba un caramelo
en la boca... Um minuto, dos...
- Les dije que yo
tenía un caramelo que duraba un año entero, porque era
muy grande. Luego les mostraba el "caramelo gigante", que
hasta ese momento estaba escondido, y les pregunté si sabían
cuál era el sabor. Después de intentar y no acertar, les
dije que era "sabor catequesis"
- A continuación
se abre el caramelo y entretanto, una vez abierto, se dice que es de
"tutifruti", porque este saber, en realidad, es una mezcla
de cuatro sabores (los cuatro papeles que hay dentro)
- De uno en uno,
voy llamando un niño para que coja un papel y lo lea. El contenido
de los papeles es el siguiente: aprender a ser amigos, conocer a Jesus,
crecer como personas, aprender a amar. Naturalmente se pueden meter
otros.
- Finalmente les
dije que esto es lo que los catequistas les van a intentar transmitir
y que vamos a rezar por ellos en esta misa para que Dios les ayude a
vivir eso, primero ellos, para poder transmitirlo.
Pedro
Muñoz
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