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Lectura
del libro del Génesis 1, 1-2, 2
Al
principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío,
las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las
aguas.
Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Dios
vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día
a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este
fue el primer día.
Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que
establezca una separación entre ellas.» Y así sucedió. Dios hizo el firmamento,
y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima
de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el segundo día.
Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo
el cielo, y que aparezca el suelo firme.» Y así sucedió. Dios llamó Tierra
al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.
Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla
y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con
su semilla adentro.» Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba
que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie
con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde
y una mañana: este fue el tercer día.
Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir
el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años,
y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra.»
Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir
el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas.
Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir
el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que
esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes
y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo.» Dios
creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes
que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales
con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo:
«Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las
aves se multipliquen sobre la tierra.» Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el quinto día.
Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes:
ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y así sucedió. Dios
hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado
y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio
que esto era bueno.
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza;
y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado,
las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo.»
Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón
y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen
la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo
y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y continuó diciendo:
«Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos
los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.
Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos
los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto
verde.» Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era
muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que
hay en ellos.
El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de
hacer la obra que había emprendido.
Palabra
de Dios.
Salmo Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14ab. 24 y 35c (R.: cf. 30)
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la superficie
de la tierra.
Bendice
al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz. R.
Afirmaste
la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas. R.
Haces
brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas. R.
Desde
lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva. R.
¡Qué
variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
¡Bendice al Señor, alma mía! R.
Lectura
del libro del Génesis 22, 1-18
Dios
puso a prueba a Abraham «¡Abraham!», le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que
tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre
la montaña que yo te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó
consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la
leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus
servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos
adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo
Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron
caminando los dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
El respondió: «Sí, hijo mío.»
«Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el
cordero para el holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham.
Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió
un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar
encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar
a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas
ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera
a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos
enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en
holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá»,
y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá.»
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el
cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor- : porque has obrado
de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones
y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena
que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades
de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones
de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»
Palabra
de Dios.
Palabra
de Dios.
SALMO Sal
15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)
R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
El
Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.
Por
eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.
Me
harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.
Lectura
del libro del Exodo 14, 15-15, 1
Después
el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los
israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende
tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie.
Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar
detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón
y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán
que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de
sus carros y de sus guerreros.»
El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel,
retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó
también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio
y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros
iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse
los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder
el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó
el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron
a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha
e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón,
sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas
egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre
ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran
con dificultad.
Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate
en favor de ellos contra Egipto.»
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que
las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros.»
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió
a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron
con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente
a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían
entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se
salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del
mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios.
Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar,
y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo
temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del
Señor:
SALMO Ex
15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: 1b)
R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
«Cantaré
al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.
El
Señor es un guerrero,
su nombre es "Señor".
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.
El
abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.
Tú
llevas a tu pueblo,
y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!» R.
Lectura
del libro del profeta Isaías 54, 5-14
Tu
esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor
es el Santo de Israel: él se llama «Dios de toda la tierra.»
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor:
«¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?», dice el Señor.
Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré
conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante,
pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de
Noé no inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra
ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las montañas y vacilen las
colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice
el Señor, que se compadeció de ti.
¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré
turquesas y por cimientos, zafiros; haré tus almenas de rubíes, tus puertas
de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán
discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás afianzada
en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor,
porque no te alcanzará.
Palabra
de Dios.
SALMO Sal
29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo
te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
Canten
al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.
Escucha,
Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.
Lectura
del libro del profeta Isaías 55, 1-11
Así
habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero,
venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen
vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias,
en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán
con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré
con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David.
Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones.
Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía
correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel,
que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras
está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus
pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios,
que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los
míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor -. Como
el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis
pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven
a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con
la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza
todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra
de Dios.
SALMO Is
12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)
R. Sacarán aguas con alegría
de las fuentes de la salvación.
Este
es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación. R.
Den
gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.
Canten
al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.
Lectura
del libro del profeta Baruc 3, 9-15. 32-4, 4
Escucha,
Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir.
¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra
extranjera? ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre
los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! Si
hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre.
Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde
la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y
la vida, dónde la luz de los ojos y la paz.
¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado
en sus tesoros? Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia;
el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos;
el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. Las
estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: él las llama, y ellas
responden: «Aquí estamos», y brillan alegremente para aquel que las creó.
¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! El penetró
todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel,
su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los
hombres.
La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la Ley que
subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los
que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por
su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero.
Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a
Dios.
Palabra
de Dios.
SALMO Sal
18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68c)
R. Señor, tú tienes palabras de Vida eterna.
La
ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
Los
preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. R.
La
palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
Son
más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
Lectura
de la profecía de Ezequiel 36, 17-28
La
palabra del Señor me llegó en estos términos.
Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio
suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones: su conducta era ante
mí como la impureza de una mujer en su menstruación. Entonces derramé mi
furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por
los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones
y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus
acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo
Nombre, haciendo que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero
han tenido que salir de su país.» Entonces yo tuve compasión de mi santo
Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había
ido.
Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor : Yo no obro
por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo
Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo
santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por
ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando
manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos
los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y
ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de
todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo:
les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de
carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos,
y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que
yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Palabra
de Dios.
SALMO Sal
41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)
R. Como la cierva sedienta busca las corrientes de
agua,
así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi
alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? R.
¡Cómo
iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta! R.
Envíame
tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.
Y
llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.
Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-11
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo
Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados
con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del
Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante
a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo:
nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido
este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque
el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con
él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte
ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas;
y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos
al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra
de Dios.
SALMO Sal
117, 1-2. 16-17. 22-23
R. Aleluia, aleluia, aleluia.
¡Den
gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.
La
mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.
La
piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.
X Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 24, 8 - 15
Al
día siguiente del sábado, muy de mañana, llegaron al sepulcro trayendo los
aromas que habían preparado; y encontraron que la piedra estaba removida
del sepulcro. Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
Y sucedió que, estando desconcertadas por este motivo, he aquí que se les
presentaron dos varones con vestidura refulgente. Como estuviesen llenas
de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: ¿Por
qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, sino que ha
resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea diciendo
que conviene que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores,
y que sea crucificado y que resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron
de sus palabras. Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los Once
y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María de Santiago; también
las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los Apóstoles. Y
les pareció como un desvario lo que habían contado, y no le creían.
Pedro, no obstante, levantándose corrió hacia el sepulcro; y al inclinarse
vio sólo el sudario. Entonces se volvió a casa admirado de lo que había
ocurrido.
Palabra
del Señor.
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