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Lectura
del libro del Génesis 1, 1-2, 2
Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La
tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían
el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.
Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz
existió. Dios vio que la luz era buena, y separó
la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y
Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el primer día.
Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas,
para que establezca una separación entre ellas.»
Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó
las aguas que están debajo de él, de las que están
encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento.
Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo
día.
Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas
que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.»
Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo
firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era
bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales,
hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre
la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.»
Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales,
hierba que da semilla según su especie y árboles
que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios
vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el tercer día.
Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para
distinguir el día de la noche; que ellos señalen
las fiestas, los días y los años, y que estén
como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar
la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos
grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el
menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas.
Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra,
para presidir el día y la noche, y para separar la luz
de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo
una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres
vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el
firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos
marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las
aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales
con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo,
diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen
las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la
tierra.» Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el quinto día.
Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes:
ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y
así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales
del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles
de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era
bueno.
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según
nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del
mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra,
y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios
creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de
Dios, los creó varón y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar,
a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre
la tierra.» Y continuó diciendo: «Yo les doy
todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos
los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán
de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros
del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo,
les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió.
Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era
muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este
fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los
seres que hay en ellos.
El séptimo día, Dios concluyó la obra que
había hecho, y cesó de hacer la obra que había
emprendido.
Palabra de Dios
Salmo Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14ab.
24 y 35c (R.: cf. 30)
R. Envía tu Espíritu,
Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz. R.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas. R.
Haces brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas.R.
Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva.R.
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
¡Bendice al Señor, alma mía! R.
Lectura del libro del Génesis
22, 1-18
Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!»,
le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo
único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región
de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña
que yo te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló
su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo
Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto,
se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar
desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí
con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos
culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la
cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó
en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los
dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
El respondió: «Sí, hijo mío.»
«Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac,
pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto»,
respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham
erigió un altar, dispuso la leña, ató a su
hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.
Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar
a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde
el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho
ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes
a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía
los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero,
y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham
llamó a ese lugar: «El Señor proveerá»,
y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña
del Señor se proveerá.»
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a
Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo
-oráculo del Señor- : porque has obrado de esa manera
y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré
de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las
estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla
del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de
sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas
las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»
Palabra de Dios
SALMO Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)
R. Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.R.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.R.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.
Lectura del libro del Exodo 14, 15-15, 1
Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por
qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas
que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto,
extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que
puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de
los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás
de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas
del Faraón y de su ejército, de sus carros y de
sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor,
cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de
sus carros y de sus guerreros.»
El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel,
retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la
columna de nube se desplazó también de adelante
hacia atrás, interponiéndose entre el campamento
egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras
que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la
noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y
el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del
este, que sopló toda la noche y transformó el mar
en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron
a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla,
a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la
caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros,
entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó
las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró
la confusión entre ellos. Además, frenó las
ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad.
Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor
combate en favor de ellos contra Egipto.»
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano
sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios,
sus carros y sus guerreros.»
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer,
el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían
emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor
los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente
a los carros y a los guerreros de todo el ejército del
Faraón que habían entrado en medio del mar para
perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas,
en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras
las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las
manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los
egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo
de la hazaña que el Señor realizó contra
Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó
en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en
honor del Señor:
Palabra de Dios
SALMO
Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: 1b)
R. Cantaré
al Señor, que se ha cubierto de gloria.
«Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "Señor".
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.R.
El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.
Tú llevas a tu pueblo,
y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!» R.
Lectura del libro del profeta Isaías
54, 5-14
Tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los
ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él
se llama «Dios de toda la tierra.»
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado
el Señor: «¿Acaso se puede despreciar a la
esposa de la juventud?», dice el Señor. Por un breve
instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré
conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté
mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con
amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando
juré que las aguas de Noé no inundarían de
nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más
contra ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las
montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará
de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor,
que se compadeció de ti.
¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras,
te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré
tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu
contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos
del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás
afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque
nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
R.
Lectura del libro del profeta Isaías
55, 1-11
Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga
dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración
de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué
gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo
que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y
vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo
para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás
a una nación que no conocías, y una nación
que no te conocía correrá hacia ti, a causa del
Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo
mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino
y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor,
y él le tendrá compasión, a nuestro Dios,
que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes
no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos
-oráculo del Señor -. Como el cielo se alza por
encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no
vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla
fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale
de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que
realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo
le encomendé.
Palabra de Dios
SALMO
Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)
R. Sacarán
aguas con alegría
de las fuentes de la salvación.
Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación. R.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.
Lectura del libro del profeta Baruc 3, 9-15.
32-4, 4
Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención
para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás
en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera?
¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote
entre los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado
la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino
de Dios, vivirías en paz para siempre.
Aprende dónde está el discernimiento, dónde
está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer
al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida,
dónde la luz de los ojos y la paz.
¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría,
quién ha penetrado en sus tesoros? Pero el que todo lo
sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que
formó la tierra para siempre, y la llenó de animales
cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la
llama, y ella obedece temblando. Las estrellas brillan alegres
en sus puestos de guardia: él las llama, y ellas responden:
«Aquí estamos», y brillan alegremente para
aquel que las creó.
¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado
de él! El penetró todos los caminos de la ciencia
y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después
de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre
los hombres.
La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la
Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán
la vida, pero los que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor,
atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios
a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se
nos dio a conocer lo que agrada a Dios.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68c)
R. Señor,
tú tienes palabras de Vida eterna.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.R.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
Lectura de la profecía de Ezequiel
36, 17-28
La palabra del Señor me llegó en estos términos.
Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio
suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones: su
conducta era ante mí como la impureza de una mujer en su
menstruación. Entonces derramé mi furor sobre ellos,
por la sangre que habían derramado sobre el país
y por los ídolos con que lo habían contaminado.
Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron
por los países. Los juzgué según su conducta
y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían
ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos:
«Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir
de su país.» Entonces yo tuve compasión de
mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones
adonde había ido.
Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor
: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel,
sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado
entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran
Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y
las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo
del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de
ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré
de entre todos los países y los llevaré a su propio
suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán
purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de
todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes
un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el
corazón de piedra y les daré un corazón de
carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que
sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes
habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes
serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)
R.Como la cierva
sedienta busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? R.
¡Cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta! R.
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.
Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos
de Roma 6, 3-11
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en
Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el
bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que
así como Cristo resucitó por la gloria del Padre,
también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante
a la suya, también nos identificaremos con él en
la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre
viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido
este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos
del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al
pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos
con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar,
no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre
él. Al morir, él murió al pecado, una vez
por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también
ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios
en Cristo Jesús.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
R. Aleluia, aleluia,
aleluia.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
La
diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
La
piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
+ Lectura del santo Evangelio según
San Marcos 16,1-8.
En
aquel tiempo María la Magdalena, María la de Santiago
y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.
Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el
sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
-¿Quién
nos correrá la piedra a la entrada del sepulcro?
Al
mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron
en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha, vestido
de blanco. Y se asustaron.
Él
les, dijo:
-No
os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno,
el crucificado? No está aquí. HA RESUCITADO. Mirad
el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos
y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí
lo veréis, como os dijo.
Salieron
corriendo del sepulcro, temblando de espanto. Y no dijeron nada
a nadie, del miedo que tenían.
Palabra del Señor
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Nexo
entre las lecturas
¡Qué
noche tan dichosa! Canta el pregón pascual que se proclama
en esta solemne vigilia. En esta noche toda la comunidad cristiana
está invitada a velar con sus lámparas encendidas
porque Cristo triunfa de la muerte y del pecado mediante su resurrección.
El sentido profundo de las lecturas de esta noche se anuncia claramente
en la introducción que hace el celebrante principal al
inicio de la liturgia de la Palabra: Recordemos las maravillas
que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo
en el avance continuo de la historia de la salvación, al
llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su
Hijo, para que con su muerte y su resurrección, salvara
a todos los hombres. La vigilia de esta noche se ilumina
con la Palabra de Dios que nos narra la historia de la salvación:
la creación, el sacrificio de Abraham, el paso del mar
rojo, la promesa de una misericordia que nunca acaba, la purificación
de los corazones... el significado del bautismo. El evangelio
de san Marcos pone de relieve que el crucificado ha
resucitado, no para volver a una nueva vida terrenal, sino que
ha sido elevado a una nueva dimensión: con la fe en la
resurrección de Jesús encuentra la comunidad primitiva
su propia salvación, contempla así su futuro definitivo.
Mensaje doctrinal
1.
La resurrección del Señor el primer día de
la semana. La Resurrección de Cristo es el principio y
fundamento de la fe cristiana, pues "si Cristo no resucitó,
vana es nuestra fe" ( 1 Cor 15, 16s). La Resurrección
de Cristo es el culmen de la Historia de la Salvación:
Jesús ha vencido al pecado y a la muerte y es el principio
de nuestra justificación y de nuestra futura resurrección.
Por eso, esta noche celebramos la fiesta de las fiestas, aquella
que da significado a todo nuestro humano caminar.
Después
de escuchar atentamente las lecturas del Antiguo Testamento y
la Epístola de san Pablo, llegamos al momento culminante
de la proclamación del evangelio. En el ciclo B se lee
el evangelio de Marcos quien pone su acento en que el crucificado,
es el mismo que ha resucitado. La tres mujeres que habían
estado en la crucifixión: María de Magdala, María
la de Santiago y Salomé se reúnen, como era costumbre
entre los judíos, para visitar la tumba de Jesús,
deseaban, además, ungirlo debidamente, pues la tarde del
viernes todo había sido muy precipitado. El reposo sabático
no les había dado la oportunidad de hacerlo. Ahora, al
despuntar el día, se dirigen al sepulcro, no sin un profundo
dolor y una viva emoción. Se debe notar que san Marcos
habla del primer día de la semana. Hasta ahora,
los anuncios de la resurrección hablaban del tercer
día. Cómputo que se hacía a partir
del día de la crucifixión (Cfr. Mt 16,21; Lc 9,22).
El tercer día en la biblia se reconocía como día
de la teofanía. Al tercer día desciende Yahveh sobre
el Sinaí (Ex 19,16); al tercer día llega Abraham
al lugar del sacrificio con su hijo Issac (Gen 22,4). Por su parte
los santos Padres prefieren mencionar el octavo día
poniendo de relieve la venida del Señor al final de los
tiempos.
Comenta
el Card. Ratzinger al respecto: De este modo, los tres simbolismos
(primer día de la semana, tercer día de la semana,
octavo día de la semana, respecto a la pascua ndr ) terminan
por identificarse: el más importante de ellos, sin embargo,
es del primer día de la semana. En el mundo
mediterráneo en el que el cristianismo se ha formado, el
primer día de la semana era visto como el día del
sol, .... El día de la celebración litúrgica
de los cristianos había sido elegido como memoria del obrar
de Dios, a partir de la resurrección de Cristo Joseph
Ratizinger Introduzione allo spirito della liturgia , San Paolo
Milano 2001, p. 92 (la traducción es nuestra). Es decir,
el tiempo encontraba su punto de referencia para los cristianos
a partir de la resurrección de Cristo, de aquí nace
la importancia del domingo cristiano. A esto se debe añadir
que el primer día es el día de la creación.
La nueva creación re-toma la antigua. Así, el día
de la resurrección es también fiesta de la creación:
la comunidad cristiana da gracias a Dios por el don de la creación.
Esto ha quedado de manifiesto en la primera lectura de esta vigila
que narra poéticamente la creación del mundo y del
hombre. Dios no permite que la creación se destruya, sino
que la reconstituye después de las prevaricaciones del
hombre. En el término primer día de la semana
está también contenida la idea paolina según
la cual la creación espera la manifestación de los
hijos de Dios (Rm 8,19): como el pecado destruye la creación,
así la creación se cura cuando los hijos de
Dios se hacen presentes (Cfr. Ratzinger ibidem).
2. Id a decir
a sus discípulos y a Pedro. Las mujeres reciben el encargo
de decir a Pedro y a sus discípulos que el crucificado
ha resucitado. Aquellas mujeres que habían conocido
a Jesús, que habían visto sus milagros, que habían
oído su predicación, que habían sido objeto
de su misericordia y que lo habían visto materialmente
destrozado en la cruz, reciben un mensaje inesperado y desconcertante
para ellas: el crucificado ha resucitado. Aquel que
ellas tanto amaban y por el que habían arriesgado su vida
siguiéndole hasta la cruz, ha resucitado. No simplemente
ha vuelto a la vida, sino que ya no muere más. Así
las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección
de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9_10).
Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a
Pedro, después a los Doce (cf. 1 Co 15, 5). Pedro, llamado
a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31_32), ve por
tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio
es sobre el que la comunidad exclama: "¡Es verdad!
¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!"
(Lc 24, 34). Se debe notar, sin embargo, que las primeras en anunciar
la resurrección del Señor fueron las mujeres.
El
catecismo de la Iglesia católica nos dice: La Resurrección
de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo,
creída y vivida por la primera comunidad cristiana como
verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición,
establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada
como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la
Cruz:
Cristo
resucitó de entre los muertos.
Con su muerte venció a la muerte.
A los muertos ha dado la vida.
(Liturgia
bizantina, Tropario de Pascua)
Catecismo
de la Iglesia católica 638.
Esto
es lo que hoy también estamos invitados a anunciar.
Sugerencias pastorales
1.
La meditación sobre la resurrección. La piedad cristiana
se ha detenido siempre mucho en los misterios de la pasión
y muerte, y con razón, pues de ellos depende nuestra salvación.
Sin embargo, no siempre ha dado la importancia que merece al misterio
de la resurrección, es decir, no siempre ha considerado
el misterio pascual de Cristo de forma integral. Creo que sea
muy útil introducir a nuestros fieles en la meditación
del misterio de la resurrección del Señor como victoria
sobre la muerte y el pecado. En un mundo transido de violencia
y terror, es precisamente la resurrección del Señor
la que debe alentar e impulsar llena de esperanza la vida de los
cristianos. Ellos deben seguir siendo en la sociedad como el alma
para el cuerpo, porque ellos tienen el deber de anunciar que el
amor de Dios en Cristo ha vencido por encima de la mentira, del
pecado, de la calumnia y, sobre todo, de la muerte. Aquello que
el catecismo aplica a Pedro y a los apóstoles, podemos
aplicarlo a nosotros creyentes de este nuevo milenio: Todo
lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a
cada uno de los Apóstoles _ y a Pedro en particular _ en
la construcción de la era nueva que comenzó en la
mañana de Pascua. Lo que sucede en esta Vigilia Pascual,
en este domingo de resurrección nos compromete a todos
en la construcción de un nuevo mundo, en la construcción
de la civilización del amor.
2.
Valorar el propio bautismo. La vigilia pascual con su liturgia
bautismal nos invita a considerar el valor del propio bautismo.
Por medio de él, nos dice san Pablo, hemos sido injertados
en Cristo, hemos sido incorporados al cuerpo de Cristo, liberados
del pecado y hechos hijos de Dios. ¡Oh cuántas cosas
grandes ha obrado Dios en favor nuestro! Sucede, sin embargo,
que a veces vivimos distraídos de las verdades fundamentales
que sostienen nuestras vidas. Nos dejamos arrebatar por el miedo,
el cansancio, el sueño, porque no nos damos cuenta de las
riquezas que llevamos en el alma: Despierta tú que
duermes y el Señor te alumbrará. Que cada
uno valore hoy la dignidad de su ser cristiano (Reconoce Oh Cristiano,
tu dignidad decía san León Magno), que cada uno
sienta en toda su belleza la alegría de ser hijo de Dios
-porque en verdad lo somos-, de ser coheredero con Cristo, de
ser partícipe de la misión de Cristo. Si, así
lo hacemos, nuestra vida dará un vuelco y seremos más
cristianos , alejaremos de nuestra vida la tentación
de vivir de forma pagana como si Dios no existiese y como si Cristo
no hubiese muerto y resucitado por nosotros.
Otras
homilias.
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