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La
normativa del sábado es conocida por todo. Si Dios descansó una vez concluida la
creación, también el hombre debería descansar. Por eso, el pueblo judío no trabajaba
ese día, ya que estaba consagrado a Dios. El problema fue que, con el tiempo, aquella
norma, aquel recuerdo de que Dios era lo primero pasó a convertirse en un precepto que
estaba incluso por encima de la persona.
Jesús aprovecha la
acusación de los fariseos para recordarles que lo importante es la persona. Por eso,
porque la persona está por encima de todo, al final del relato evangélico Jesús realiza
una curación.
Este no es un hecho aislado
en la vida de Jesús. Para él, siempre, lo primero fue la persona. Por eso curaba, por
eso perdonaba, por eso comprendía, agradecía a los niños que estuviesen alrededor de
él... Tal vez por eso, si el cristiano quiere ser un reflejo de Jesús deberíamos ver en
cada persona un tesoro, como Jesús lo vio. Un tesoro que hay que respetar y cuidar.
Porque el día que no se cuida, ese día se marchita y la persona deja de tener
"vida".
Tal vez todos recordemos a
esa actriz tan conocida: Marilyn Monroe. Aunque, tal vez, sólo conozcamos la primera
parte de su historia: que se suicidó un domingo 5 de agosto de 1962 y que el juez de
instrucción declaró más tarde que se trató de un "suicidio". Pero, como
digo, es posible que desconozcamos la segunda parte de esta historia...
...Cuando la doncella de
Marilyn descubrió su cuerpo sin vida aquella mañana de domingo, se dio cuenta que el
teléfono de su mesita de noche colgaba del cable. Era obvio que Marilyn había realizado
un último intento de comunicarse con alguien. Y, cuando aquel último intento fracasó,
se rindió y murió sola.
Clare Booth Luce escribió
un artículo sumamente conmovedor en la revista Life titulado: "Lo que
realmente mató a Marilyn", cuyo subtítulo decía: "La Diosa del Amor que nunca
encontró el amor". La autora sugería que el teléfono colgando constituía un
símbolo muy adecuado de la vida de Marilyn. Porque Marilyn Monroe había intento durante
mucho tiempo decir que era una persona, pero muy pocos la tomaron en serio. Y sólo
después de su muerte se conocieron muchos acontecimientos de su vida.
Marilyn Monroe no caía nada
bien a la mayoría de sus contemporáneos de Hollywood. Estaba etiquetada como "prima
donna". Con frecuencia llegaba al rodaje con horas de retraso. Cuando andaba por el
estudio, nadie sospechaba que había estado vomitando de nerviosismo. Las cámaras le
aterrorizaban. Sin duda alguna, sus reacciones emocionales eran el resultado de su triste
turbulenta infancia. Su padre, un panadero ambulante, había abandonado a la familia. SU
madre había sido internada varias veces en instituciones psiquiátricas. Cuando tenía
ocho años, Marilyn fue violada por un huésped de su familia adoptiva, y le dieron cinco
centavos para que no dijera nada.
Y, a sus treinta y cinco
años, el espejo le decía que lo único que los demás llegaron a ver y alabar en ella se
estaba desvaneciendo. Es probable que se sintiera como un pintor que está perdiendo la
vista o un músico cuyas manos están siendo atacadas por la artritis. Marilyn había
soportado una dolorosa infancia, había pasado por varios matrimonios y había hecho
muchas películas, pero muy pocos la tomaron en serio... hasta que murió. Entonces el
país entero hizo un acto nacional de constricción. Y todos se preguntaron qué es lo que
realmente mató a Marilyn Monroe. Tal vez aquel teléfono descolgado lo exprese todo. A
nadie le importó lo suficiente como para estar presente y accesible. Quizás aquel
teléfono dejado colgando en un acto de desesperación sea el triste símbolo de su
trágico intento de pedir que se la tratase como persona, que se la comprendiese, que se
la escuchase.
En el fondo, lo que esta
actriz necesitaba, y lo que tantas personas, creyentes y no creyentes, es lo que Jesús
ofreció a la gente con la que se encontraba. Era el encanto de Jesús: saber tratar
a las personas como personas.
Por eso, el mensaje de
Jesús sigue siendo actual. Por esto, también, si Jesús hubiese escrito un testamento
habría dicho, además de que amemos a Dios algo así como: "Por favor, traten a las
personas como personas".
Quizá podríamos decir,
entonces, que la peor cosa que le puede ocurrir a un cristiano es que se olvide que cada
persona es un tesoro y que pase su vida, en vez de haciendo el bien, como lo hizo Jesús,
viviendo desde actitudes que no respectan, que no toleran, que hacen daño...
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