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Lectura
del libro del Génesis 1, 1-2, 2
Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La
tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían
el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.
Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz
existió. Dios vio que la luz era buena, y separó
la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y
Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el primer día.
Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas,
para que establezca una separación entre ellas.»
Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó
las aguas que están debajo de él, de las que están
encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento.
Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo
día.
Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas
que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.»
Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo
firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era
bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales,
hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre
la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.»
Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales,
hierba que da semilla según su especie y árboles
que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios
vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el tercer día.
Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para
distinguir el día de la noche; que ellos señalen
las fiestas, los días y los años, y que estén
como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar
la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos
grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el
menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas.
Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra,
para presidir el día y la noche, y para separar la luz
de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo
una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres
vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el
firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos
marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las
aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales
con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo,
diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen
las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la
tierra.» Así hubo una tarde y una mañana:
este fue el quinto día.
Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes:
ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y
así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales
del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles
de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era
bueno.
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según
nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del
mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra,
y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios
creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de
Dios, los creó varón y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar,
a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre
la tierra.» Y continuó diciendo: «Yo les doy
todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos
los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán
de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros
del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo,
les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió.
Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era
muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este
fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los
seres que hay en ellos.
El séptimo día, Dios concluyó la obra que
había hecho, y cesó de hacer la obra que había
emprendido.
Palabra de Dios
Salmo Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14ab.
24 y 35c (R.: cf. 30)
R. Envía tu Espíritu,
Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz. R.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas. R.
Haces brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas.R.
Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva.R.
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
¡Bendice al Señor, alma mía! R.
Lectura del libro del Génesis
22, 1-18
Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!»,
le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo
único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región
de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña
que yo te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló
su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo
Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto,
se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar
desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí
con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos
culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la
cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó
en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los
dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
El respondió: «Sí, hijo mío.»
«Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac,
pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto»,
respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham
erigió un altar, dispuso la leña, ató a su
hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.
Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar
a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde
el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho
ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes
a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía
los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero,
y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham
llamó a ese lugar: «El Señor proveerá»,
y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña
del Señor se proveerá.»
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a
Abraham desde el cielo, y le dijo: «Juro por mí mismo
-oráculo del Señor- : porque has obrado de esa manera
y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré
de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las
estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla
del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de
sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas
las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»
Palabra de Dios
SALMO Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)
R. Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.R.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.R.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.
Lectura del libro del Exodo 14, 15-15, 1
Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por
qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas
que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto,
extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que
puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de
los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás
de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas
del Faraón y de su ejército, de sus carros y de
sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor,
cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de
sus carros y de sus guerreros.»
El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel,
retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la
columna de nube se desplazó también de adelante
hacia atrás, interponiéndose entre el campamento
egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras
que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la
noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y
el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del
este, que sopló toda la noche y transformó el mar
en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron
a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla,
a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la
caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros,
entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó
las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró
la confusión entre ellos. Además, frenó las
ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad.
Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor
combate en favor de ellos contra Egipto.»
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano
sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios,
sus carros y sus guerreros.»
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer,
el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían
emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor
los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente
a los carros y a los guerreros de todo el ejército del
Faraón que habían entrado en medio del mar para
perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas,
en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras
las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las
manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los
egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo
de la hazaña que el Señor realizó contra
Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó
en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en
honor del Señor:
Palabra de Dios
SALMO
Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: 1b)
R. Cantaré
al Señor, que se ha cubierto de gloria.
«Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "Señor".
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.R.
El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.
Tú llevas a tu pueblo,
y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!» R.
Lectura del libro del profeta Isaías
54, 5-14
Tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los
ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él
se llama «Dios de toda la tierra.»
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado
el Señor: «¿Acaso se puede despreciar a la
esposa de la juventud?», dice el Señor. Por un breve
instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré
conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté
mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con
amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando
juré que las aguas de Noé no inundarían de
nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más
contra ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las
montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará
de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor,
que se compadeció de ti.
¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras,
te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré
tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu
contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos
del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás
afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque
nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
R.
Lectura del libro del profeta Isaías
55, 1-11
Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga
dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración
de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué
gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo
que no sacia? Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y
vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo
para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás
a una nación que no conocías, y una nación
que no te conocía correrá hacia ti, a causa del
Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo
mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino
y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor,
y él le tendrá compasión, a nuestro Dios,
que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes
no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos
-oráculo del Señor -. Como el cielo se alza por
encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no
vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla
fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale
de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que
realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo
le encomendé.
Palabra de Dios
SALMO
Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)
R. Sacarán
aguas con alegría
de las fuentes de la salvación.
Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación. R.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.
Lectura del libro del profeta Baruc 3, 9-15.
32-4, 4
Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención
para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás
en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera?
¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote
entre los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado
la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino
de Dios, vivirías en paz para siempre.
Aprende dónde está el discernimiento, dónde
está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer
al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida,
dónde la luz de los ojos y la paz.
¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría,
quién ha penetrado en sus tesoros? Pero el que todo lo
sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que
formó la tierra para siempre, y la llenó de animales
cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la
llama, y ella obedece temblando. Las estrellas brillan alegres
en sus puestos de guardia: él las llama, y ellas responden:
«Aquí estamos», y brillan alegremente para
aquel que las creó.
¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado
de él! El penetró todos los caminos de la ciencia
y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después
de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre
los hombres.
La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la
Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán
la vida, pero los que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor,
atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios
a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se
nos dio a conocer lo que agrada a Dios.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68c)
R. Señor,
tú tienes palabras de Vida eterna.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.R.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
Lectura de la profecía de Ezequiel
36, 17-28
La palabra del Señor me llegó en estos términos.
Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio
suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones: su
conducta era ante mí como la impureza de una mujer en su
menstruación. Entonces derramé mi furor sobre ellos,
por la sangre que habían derramado sobre el país
y por los ídolos con que lo habían contaminado.
Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron
por los países. Los juzgué según su conducta
y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían
ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos:
«Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir
de su país.» Entonces yo tuve compasión de
mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones
adonde había ido.
Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor
: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel,
sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado
entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran
Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y
las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo
del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de
ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré
de entre todos los países y los llevaré a su propio
suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán
purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de
todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes
un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el
corazón de piedra y les daré un corazón de
carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que
sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes
habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes
serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)
R.Como la cierva
sedienta busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? R.
¡Cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta! R.
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.
Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos
de Roma 6, 3-11
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en
Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el
bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que
así como Cristo resucitó por la gloria del Padre,
también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante
a la suya, también nos identificaremos con él en
la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre
viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido
este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos
del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al
pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos
con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar,
no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre
él. Al morir, él murió al pecado, una vez
por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también
ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios
en Cristo Jesús.
Palabra de Dios
SALMO
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
R. Aleluia, aleluia,
aleluia.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
La
diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
La
piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
+ Lectura del santo Evangelio según
san Lucas 24, 8 - 15
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día
de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María
a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra,
pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose,
corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era
de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas
temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló
a las mujeres:
-Vosotras
no temáis, ya sé que buscáis a Jesús
el crucificado.
No está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho.
Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a
sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos
y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.»
Mirad, os lo he anunciado.
Ellas
se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas
de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De
pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
-Alegraos.
Ellas
se acercaron, se postraron ante él y abrazaron los pies.
Jesús
les dijo:
-No
tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan
a Galilea; allí me verán.
Palabra del Señor
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1.
Contexto. Viernes Santo era la victoria del Templo sobre Jesús,
victoria que Mateo ha querido recalcar un tanto apologéticamente
con el lacrado de la losa y la vigilancia del sepulcro. Con todo
Mateo ya ha insinuado que se trata de una victoria aparente, pues
la muerte de Jesús le ha envuelto en un fantástico
despliegue de tumbas abiertas, de terremotos y del velo del Templo
rompiéndose de arriba a abajo. Mateo indudablemente no
es un escritor neutral y así lo ha hecho saber al lector,
echando mano de la abundante imaginería que le ofrecía
la literatura apocalíptica.
Sentido
del texto. Esta misma imaginería le va a servir de vehículo
a la hora de afirmar la victoria final de Jesús sobre el
Templo. Hace ya tiempo que la exégesis no opera con el
modelo de histórico-literal. Esto quiere decir que el predicador
ha de cuidar mucho el no dar la impresión de que los hechos
ocurrieron tal y como se narran. Sin embargo, no es éste
ni el momento ni el lugar de justificar esta afirmación.
Baste simplemente recordar que en este relato el autor refleja
más bien el ambiente polémico existente entre judíos
y cristianos años después de que en la mañana
de Pascua unas mujeres descubrieron estupefactas que el sepulcro
en que había sido enterrado Jesús estaba vacío.
La finalidad de Mateo no es, pues, narrar lo que pasó,
sino dar razón del hecho cristiano, cuya base es la fe
inquebrantable en el hecho de que Jesús vive.
Cuando
Mateo escribe, el hecho cristiano se vive como ruptura con el
judaísmo. El hecho cristiano no se vive en Jerusalén
sino en Galilea. Con el Templo ya no hay posibilidad de entendimiento.
Esto ya lo ha expresado Mateo cuando el día mismo de la
muerte de Jesús hace que el velo del Templo se rasgue de
arriba a abajo. Para el cristiano Mateo el Templo es lugar de
terrores y de miedos. Pero "vosotras no temáis".
Los cristianos, simbolizados en las mujeres, son el ámbito
en que se vive la alegría de la vida. Un ángel les
impide el acceso a la tumba: ésta no es un lugar cristiano.
Un ángel-contrarréplica del ángel del Paraíso.
En el Paraíso cerraba el paso a la utopía; aquí
abre el paso a la utopía, invita a ella, sencillamente
porque la utopía es una realidad en Galilea, donde únicamente,
y no en Jerusalén, puede percibirse que Jesús vive.
2.
"Ha
resucitado y va por delante de vosotros a Galilea"
Ha
pasado el día de reposo de los judíos, el día
en que Jesús ha reposado, muerto, en el sepulcro. El primer
día de la semana empieza a despuntar. Las dos mujeres que
se habían quedado sentadas ante el sepulcro ahora vuelven
a ir, para ver el sepulcro, para ver el lugar donde reposa aquel
a quien habían seguido.
De
repente, todo cambia. Dios interviene. El terremoto, el ángel
del Señor resplandeciente extraordinariamente, la piedra
gira, los guardias quedan como muertos. Dios interviene. Nadie
ve su acción, pero el ángel del Señor, aquel
que habla en nombre de Dios, explica a las mujeres lo que ha pasado.
No
es en el sepulcro donde encontrarán a Jesús, el
crucificado. La muerte en cruz no ha sido la última palabra
sobre Jesús, su vida, su mensaje. ¡Ha resucitado!
Ha empezado algo nuevo. Jesús ya no está entre los
muertos. Jesús continúa siendo el camino a seguir:
"Va por delante de vosotros a Galilea".
Temor
y alegría se mezclan en el corazón de las mujeres,
como sucede siempre que Dios se manifiesta. Ellas hacen caso del
mensajero del Señor y no se entretienen: la Buena Nueva
es para comunicarla.
Jesús
mismo se les hace presente y los saluda de manera natural. Ellas
lo adoran: ¡es el Señor! Les repite el encargo del
ángel. Pero, así como el ángel hablaba de
los "discípulos", Jesús habla de "sus
hermanos". ¡El Señor, el crucificado resucitado,
es hermano! Un hermano que invita a hacer su mismo camino, el
camino que conduce de la muerte a la vida que ya no puede morir.
3.
El evangelio de Mateo nos recoge el anuncio de la resurrección
con fuerza y con alegría. No «en la madrugada del
sábado», sino «pasado el sábado»,
en las primeras luces del domingo, es cuando empieza a comunicarse
la gran noticia. Mateo prepara una apoteosis: hay un fuerte temblor,
hay un ángel espléndido, los guardias caen por tierra
temblando y las mujeres... Aquí todo cambia, todo es paz
y alegría, mensaje de esperanza, prisas por dar la noticia
y hasta un primer encuentro con Jesús, que todo lo llena
de música y perfume. ¿Para qué querían
ellas ya sus aromas?
La
historia ha dado un giro, y bien vale la pena dramatizarlo. Mateo
no se olvida de poner dos mujeres, porque sólo el testimonio
de dos es válido para el judío.
4.
Mt/28/01-10 /Mt/28/16-20
El
breve capítulo de la resurrección da sentido a todo
el evangelio. Como da sentido al camino la alegría de la
cumbre. Cada evangelista redactó este capítulo con
libertad de forma; pero todos los cuatro siguieron un mismo esquema
didáctico en tres fases: a) el signo del sepulcro vacío,
o) la aparición de Jesús a algunos miembros de la
comunidad, c) el encuentro definitivo con el colegio apostólico.
Todo converge hacia un pensamiento principal: que fue el mismo
Resucitado quien comunicó a los apóstoles la misión
de proclamar el evangelio a todo el mundo.
a)
La visita al sepulcro, mientras evoca la iniciativa de aquellas
mujeres, refleja también una celebración ritual
de la Iglesia de Jerusalén. Veían el sepulcro vacío
como memorial y signo de identidad entre el Jesús de la
cruz, que fue enterrado allí, y el de la gloria, que ya
no estaba allí. El "ángel" interpreta
el signo: sentado sobre la losa, escenifica el triunfo cristológico
de la Vida; al hablar, personifica la revelación del misterio
pascual, que enciende en aquellos humildes representantes del
pueblo santo la llama de la fe.
b)
Mientras, obedeciendo al ángel, corren a llevar la llama
a los discípulos, encuentran, vivo al mismo Jesús
que ya conocen. Maravilla y gozo; amor y adoración: síntesis
de la actitud cristiana. Les manifiestan la orden dada por el
ángel.
c)
Del encuentro con el colegio apostólico hace Mateo una
síntesis programática de la misión universal.
Se encuentran en «Galilea», patria y clima del evangelio
(4,15-16); en «el monte» (cc. 5-7 ), marco bíblico
de la comunicación de Dios con los hombres. Evocando y
trascendiendo la visión del Hijo del hombre (Dn 7,13-14),
Jesús glorificado proclama el omnímodo poder que
le ha sido dado (por el Padre: 11,27) sobre el universo («el
cielo y la tierra»). Este poder se ha de realizar en la
tierra ("todos los pueblos"), no haciendo un imperio
(Dn 7,27), sino una comunidad de discípulos (= una familia:
12,48-50). Llevarlo a cabo es deber y derecho de los "once
discípulos" (v 16); es decir, de la Iglesia apostólica
constituida en ellos como primicias. Sellarán la fe o aceptación
del mensaje con el bautismo, y la coronarán con la «Didajé»
o enseñanza de todo el evangelio. Jesús no se despide.
Presencia y fuerza divina en el corazón de la Iglesia (18,20)
está y estará siempre con ellos -con nosotros: 1,23-
para hacer realidad viva la misión humanamente imposible.
Otras homilias.
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