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Lectura
de los Hechos de los Apóstoles 10,14a.37-43.
En
aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
Hermanos:
Vosotros conocéis lo que sucedió en el país
de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque
la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de
Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo,
que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por
el diablo; porque Dios estaba con él.
Nosotros
somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén.
Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó
al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino
a los testigos que él había designado: a nosotros,
que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos
encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de
que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio
de los profetas es unánime: que los que creen en él
reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.
Palabra
de Dios
R/. Este es el día en que
actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. [o, Aleluya]
Dad
gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
R/.
La
diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.
La
piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.
Lectura de la carta del Apóstol San
Pablo a los Colosenses 3,1-4.
Hermanos:
Ya
que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de
allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha
de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque
habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida
en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también
vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Palabra
de Dios
O bien puede
sustituirse por la siguiente:
Lectura de la primera carta del
Apóstol San Pablo a los Corintios 5,6b-8.
Hermanos:
¿No
sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred
la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos.
Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja
(levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes
ázimos de la sinceridad y la verdad.
Palabra de Dios
SECUENCIA
Ofrezcan
los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero
sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon
vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es Vida,
triunfante se levanta.
¿Qué
has visto de camino,
María, en la mañana?
-A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó
de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.
Primicia
de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey
vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén.
Aleluya.
X Lectura del santo Evangelio según
San Juan 20,1-9.
El
primer día de la semana, María Magdalena fue al
sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la
losa quitada del sepulcro. Echó
a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo,
a quien quería Jesús, y les dijo:
-Se
han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde
lo han puesto.
Salieron
Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos
corrían juntos, pero el otro discípulo corría
más que Pedro; se adelantó y llegó primero
al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo:
pero no entró.
Llegó
también Simón Pedro detrás de él y
entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario
con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con
las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces
entró también el otro discípulo, el que había
llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues
hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él
había de resucitar de entre los muertos.
Palabra
del Señor
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| HOMILÍA:
"JESÚS
HA RESUCITADO" |
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¡Cristo
vive! Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe.
Jesús,
que murió en la cruz, ha resucitado. Ha triunfado de la muerte,
del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia.
El
tiempo pascual es tiempo de alegría.
De
una alegría que no se limita a esa época del año litúrgico, sino
que se instala en todo momento en el corazón de los cristianos,
porque Jesús está vivo.
Jesús
no es una figura que pasó, que existió en un tiempo y que se fue,
dejándonos un recuerdo y un ejemplo maravillosos. No: Cristo
vive. Jesús es el Emmanuel; Dios con nosotros.
Su
Resurrección nos revela que Dios no abandona a los suyos.
¿Puede
la mujer olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque se olvidara,
yo no me olvidaré de ti, había prometido el Señor, según lo
relata el libro de Isaías. Y ha cumplido su promesa.
La
Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda
su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre
la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil, y nuestra
fe estaría vacía de contenido.
La
Resurrección de Cristo es la realidad central de la fe católica.
La importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles
son, ante todo, testigos de la Resurrección. Anuncian que Cristo
vive, y este es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que,
después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo
vive! La Resurrección es el argumento supremo de la Divinidad
de Nuestro Señor.
Después
de resucitar por su propia virtud, Jesús glorioso fue visto por
los discípulos, que pudieron cerciorarse de que era Él mismo:
pudieron hablar con Él, le vieron comer, comprobaron las heridas
de los clavos y de la lanza. Los Apóstoles declaran que se manifestó
con numerosas pruebas, y muchos de estos hombres murieron testificando
esta verdad.
Jesucristo
vive. Y esto nos colma de alegría el corazón. Esta es la gran
verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en
la cruz, ha resucitado, ha triunfado sobre el dolor y la muerte.
En Él, encontramos todo. Fuera de Él, nuestra vida queda vacía.
La
Resurrección de Jesús, no tuvo otro testigo que el silencio de
la noche pascual. Ninguno de los evangelistas describe la Resurrección
misma, sino solamente lo que pasó después. El hecho de la Resurrección
misma no fue visto por nadie, ni pudo serlo. La Resurrección
fue un acontecimiento estrictamente sobrenatural. No se puede
constatar por los sentidos de nuestro cuerpo mortal, ya que no
fue un simple levantarse de la tumba para seguir viviendo como
antes. La Resurrección es el paso a otra forma de vida, a la Vida
gloriosa.
María
de Magdala fue a visitar el sepulcro de Jesús, al amanecer del
primer día de la semana, del Día del Señor. Todas las apariciones
de Jesús Resucitado ocurren en el día domingo.
El
día del Señor, fue el amanecer de la Nueva Creación en Jesucristo.
En el Señor fue renovada la primera creación, que había caído
bajo la corrupción del pecado. Por eso los cristianos santificaron
desde el comienzo este día.
María
de Magdala es precisamente una de aquellas mujeres que estaban
al pie de la cruz de Jesús y que estaban presentes cuando lo sepultaron.
Así que no hay error posible a propósito de la tumba de Jesús.
Jesús,
al resucitar de entre los muertos, no ascendió inmediatamente
al cielo. Si lo hubiera hecho, los escépticos que no creían en
la Resurrección, hubieran resultado más difíciles de convencer.
El Señor decidió permanecer cuarenta días en la tierra. Durante
este tiempo se apareció a María Magdalena, a los discípulos camino
de Emaús y, varias veces, a sus Apóstoles.
El
Señor ha resucitado de entre los muertos, como lo había dicho.
Alegrémonos y regocijémonos todos, porque reina para siempre,
aleluya!
Nunca
falta la alegría en el transcurso del año litúrgico, porque está
permanentemente relacionado, de un modo u otro, con la solemnidad
pascual, pero es en este día, Domingo de Pascua de Resurrección,
cuando este gozo se pone especialmente de manifiesto.
Con la Muerte y la Resurrección del
Señor hemos sido rescatados del pecado, del poder del demonio
y de la muerte eterna.
La
alegría profunda de este día tiene su origen en Cristo, en el
amor que Dios nos tiene y en nuestra correspondencia con ese amor.
Se cumple aquella promesa del Señor: Yo les daré una alegría que
nadie les podrá quitar. La única condición que nos pone es no
separarnos nunca del Padre, no dejar nunca que las cosas nos separen
de Él; experimentar en todo momento que somos hijos suyos.
Más
homilias
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Nexo
entre las lecturas
La
fe en la Resurrección del Señor es el tema fundamental
de este día. “Este es el día en el que actuó
el Señor” canta el Salmo 117. Es el domingo por excelencia.
Es el día en el que se expresó su poder soberano
venciendo la muerte y que, en consecuencia, es motivo de gozo
y alegría para todos los cristianos. En su discurso, Pedro
proclama que se le ha encomendado el anunciar y predicar la Resurrección
de Cristo. Los apóstoles son los testigos que han visto
al Resucitado, han comido y bebido con Él. Ellos han recibido
el encargo de predicar que Cristo resucitado ha sido constituido
juez de vivos y muertos (1L) San Pablo subraya, de modo especial,
que la Resurrección del Señor instaura una nueva
vida en el bautizado. El cristiano es aquel que ha muerto con
Cristo y ha resucitado con Él a una vida nueva. La fe en
la Resurrección es la roca firme para san Pablo, el lugar
donde se asienta todo su dinamismo apostólico.(2L). El
Evangelio nos muestra a Pedro y Juan que, entrando en el sepulcro,
“ven y creen”. El sepulcro vacío es para ellos
el inicio de una meditación que los conduce a la fe en
Cristo resucitado.
Mensaje doctrinal
1.
Cristo ha resucitado. “La Resurrección de Jesús
es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo” nos dice
el Catecismo de la Iglesia Católica (CCC 683). La comunidad
cristiana de los primeros tiempos vivió esta verdad como
el centro de su existencia. Todas sus certezas: su caridad patente
a todos, su serenidad ante el martirio, su amor por la Eucaristía...
todo se refería en último término al misterio
Pascual de Cristo a su muerte y su resurrección. “Si
Cristo no resucitó vana es nuestra fe” argumenta
san Pablo.
Así
como las primeras comunidades cristianas vivían de la fe
en la Resurrección del Señor, así también
los cristianos están llamados a vivir más a fondo
el misterio de la Resurrección en sus vidas. “Si
habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”.
Para el creyente la resurrección es el dato culminante
de su fe en Cristo; por la resurrección se confirman todas
las promesas del Antiguo Testamento. El Señor ha sido fiel
a su amor y se ha dado sin límites, con sobreabundancia.
Por la Resurrección se confirma la divinidad del Señor:
verdadero Dios y verdadero hombre. La Resurrección nos
enseña la verdad íntima acerca de Dios (Dios es
amor) y acerca de la salvación humana. Cristo en su misterio
pascual lleva a su plenitud la revelación de Dios. Autorevelación
definitiva de Dios. Por eso, es contraria a la fe católica
la tesis del carácter incompleto, limitado e imperfecto
de la revelación en Cristo y que se completaría
con la revelación de otras religiones (Cfr. Dominus Iesus
6).
Conviene
poner de relieve el carácter universal y salvífico
de la muerte y resurrección del Señor. Cristo murió
por todos para perdonarlos a todos de sus pecados. Porque Dios
quiere que todos los hombres se salven.
2.
El cristiano está llamado a “con-resucitar”
con Cristo y a “buscar las cosas de arriba”. Él
es una creatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado
y su vida está escondida con Cristo en Dios. ¿Está
muy lejos de nuestra vida diaria esta verdad fundamental? A veces
parecería que sí, que es una verdad demasiado bella
para ser realidad, que es un sueño, un ideal inalcanzable.
Parecería que el pecado y la muerte son más fuertes
y condenan al hombre a una vida de obscuridad. Sin embargo, cuando
consideramos con mayor atención el problema nos damos cuenta
de que el poder y el amor de Dios son más fuertes que el
pecado. “El amor es más fuerte” y Dios suscita
en el corazón de los hombres anhelos de conversión,
de bien, de transformación, y, con su Providencia Divina
los conduce por caminos de salvación. Creed vivamente en
la resurrección del Señor para vivir una nueva vida
llena de esperanza, de fortaleza, de amor. Resucitar con Cristo
será no vivir más en el pecado; será participar
con Cristo en el misterio de la cruz y la salvación de
los hombres; será vivir esta vida como peregrinos hacia
la posesión eterna de Dios.
Sugerencias pastorales
1.
Las mujeres son las primeras encargadas de anunciar la resurrección.
El Evangelio nos dice que fueron las mujeres las primeras mensajeras
de la resurrección del Señor, incluso antes que
los apóstoles. Por su feminidad la mujer tiene una particular
sensibilidad religiosa y humana. Comprende más rápida
e intuitivamente las verdades religiosas y las verdades humanas.
Se inclina espontáneamente al valor religioso, a la protección
de la vida humana, al cuidado de los más débiles.
A ella se le encomendó anunciar el triunfo definitivo de
Cristo sobre la muerte. Ella experimenta, como lo muestra el Evangelio,
una particular fortaleza de espíritu porque comprende que
se le ha encomendado de algún modo el bien de los hombres.
En
el mundo post-moderno que nos toca vivir con un fuerte relativismo
y pérdida de la fe, la mujer cristiana está llamada
a ser nuevamente mensajera privilegiada de las verdades cristianas.
Ella será en el hogar aquella que irradia amor, comprensión
y que educa a la familia en los valores sobrenaturales. Podemos
decir que de la mujer depende en gran medida la fe del hogar,
porque ella la transmite no sólo por sus palabras, sino
por medio de su vida, de sus actitudes, de su capacidad de sufrimiento,
de perdón. Ella, en el seno del hogar, o en el seno de
una comunidad religiosa, o en el seno de la sociedad, o en la
vida pública, o en los hospitales, o en la escuela... es
la que hace presente los valores trascendentes y, lo que es más
importante, la que revela a Dios como amor, la que muestra a Cristo
resucitado y conduce hacia Él. Ella es maestra de la fe.
Ella es el sol de la familia y de la sociedad.
2.
La comprensión de la resurrección del Señor.
Sabemos que hay una gran ignorancia religiosa en nuestras generaciones
jóvenes. Surgen por todas partes ideas erróneas
de la fe, de la Iglesia, del dogma... En el tema de la resurrección
también se da este fenómeno. No son pocos los que
piensan en la reencarnación o en cosas semejantes. Es pues
importante, salir al encuentro de nuestros fieles y ayudarlos
a conservar su fe. Ayudarles con nuestra predicación, con
nuestra atención personal, proporcionándoles, además
materiales de apoyo como buenas lecturas, folletos, documentales...
que les ayuden a ilustrar su fe. Promover círculos bíblicos,
escuelas de oración, encuentros fortuitos o preparados
para defender y promover la fe de nuestros fieles. Debemos hacer
todo lo que está en nuestras manos para que ninguna oveja
se pierda por ignorancia o por falta de cultivo de nuestra parte.
María,
reconoció a Jesús resucitado cuando escuchó
pronunciar su nombre. Quizá muchos de nuestros fieles puedan
descubrir a Cristo resucitado cuando experimenten su amor, cuando
comprendan su pasado, su presente y su futuro a la luz de este
amor. Cuando hagan la experiencia de Cristo resucitado en sus
propias vidas.
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