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sala principal del Museo se encuentra instalada en un local de 239 m2
que forma parte del conjunto de construcciones realizadas en el s. XVIII.
Durante doscientos años fue despensa y graneros de la abadía.
Se han respetado y restaurado todos los elementos arquitectónicos
originales, destacando y potenciando las tres grandes arcadas centrales.
El acceso al Museo se realiza a través de un arco de medio punto
desde el claustro principal, con lo que se encuentra dentro del recorrido
habitual que realizan los visitantes de la casa. En el interior del local
se ha creado un patio central que libera las arcadas y unas entreplantas
a ambos lados a las que se accede por una escalera que distribuye con
plataforma intermedia a media altura cada una de ellas. Los elementos
arquitectónicos que se han introducido no afectan a la estructura
original, pudiendo ser desmontados sin alteración de la obra antigua.
En el Museo se muestran:
Obras de orfebrería religiosa: custodias, cálices, copones,
atriles, sacras, relicarios, etc. datadas entre los siglos XVI y XIX.
Una colección de marfiles, compuesta por piezas de elevado mérito
entre las que destacan los llamados "marfiles hispano-filipinos",
así denominados porque reproducen modelos españoles precedentes,
que fueron realizados en Filipinas. Sus autores fueron los "sagleyes",
chinos residentes en las islas, por lo que al influjo español se
suman rasgos de la imaginería oriental budista.
Ornamentos eclesiásticos: casullas, dalmáticas, capas pluviales,
frontales de altar, etc. Bordados con materiales nobles, sedas, rasos
y terciopelos con hilo de oro y pedrería, realizados entre los
siglos XVI y XIX.
Diversos
pinturas seleccionadas de la colección del monasterio, compuesta
por más de 100 obras (sobre lienzo, cobre y tabla), fechadas entre
el XVI y el XVIII. Destacan las firmadas por: Bartolomé Murillo,
José de Ribera, Fabrizio Santafede, Wensel Cobergher, Juan Bautista
Cavagna, Girolamo Imperatore, Ignacio de Prado, Francisco Camilo, Francisco
Collantes, Hernando de Avila y Mateo Cerezo.

Algunas
esculturas entre las que sobresalen algunas obras del taller de Gregorio
Fernández y algunos alabastros anónimos de finales del s.
XV.

Otro de los tesoros del Monasterio lo componen los locales dedicados a
numismática. A ellos se accede desde el Claustro Procesional y
la Sacristía Mayor. La colección se expone en dos salas,
con una superficie cercana a los 50 m2. La primera de ellas, construida
en el siglo XII, está cubierta con bóveda de medio cañón
y conserva restos románicos en sus muros. La segunda, construida
en el siglo XVII, comunicada con la anterior y cubierta con bóveda
de tres cuerpos, conserva el magnífico lavabo de mármol,
piedra y alabastro realizado en el siglo XVIII, así como frescos
de época en alguno de sus muros.
En ambas salas se han instalado 15 vitrinas donde se expone una parte
representativa de la colección numismática que se compone
de 10.793 monedas catalogadas y unas 3.000 pendientes de catalogación.
Las cifras, siempre frías, dan una visión global; los expertos
preferirán contemplar las monedas mismas acuñadas en las
cecas ibéricas o celtibéricas de Abdera, Sagunto, Aregrada,
Cartagonova, Carteya, Clunia, Corduva, Gadir, Ilerda, Itálica,
Malaca, Nortobriga, Segobriga, Tarraco, etc. O las acuñadas bajo
el imperio de Adriano, Calígula, César Augusto, Claudio,
Constantino I, Diocleciano, Galba, Germánico, Julio César,
Majencio, Nerón, Teodosio, Tiberio, Tito, Volusiano, etc. Y tantas
otras: bizantinas, visigóticas, de las monarquías medievales
españolas, rarezas como las procedentes de la dinastía helénica
que gobernó en Palestina durante el siglo I a. de Xto., o las acuñadas
por las dinastías imperiales chinas.
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