Con el corazón oxidado

Pasan los días, pasan los meses, pasan los años y simplemente pasan... No he tenido tiempo de pararme a vivir, he estado demasiado ocupado con mi trabajo y mis estudios, con dar una buena apariencia de mi persona, con destacar en algo…; me he centrado tanto en cosas sin importancia (a las que yo convertía en un objetivo para mi vida, o mejor dicho, en mi vida) que no me he parado a ver la realidad de este mundo, aún menos sus “pros” que sus “contras”, aún menos sus alegrías que sus penas. Tal vez pensé tanto en mí, en las obligaciones que yo mismo me impuse, en resumen: en mis “problemas”, que no caí en la cuenta de que no soy especial y que otras personas también los tienen; a lo mejor, la vida esta para vivirla y no para sufrirla y tengo que aceptar que, si sigo sufriendo, nunca conseguiré vivir, será entonces cuando me dé cuenta de que he perdido una oportunidad única. Ya que sólo se vive una vez. No lo pienso permitir, no quiero que esto ocurra y que mi corazón termine oxidándose.

Y es que… aún me sorprendo cuando recuerdo que llamaba problemas a las cosas sin importancia, aún me llevo las manos a la cabeza al pensar que el no disponer de una camisa que hiciera juego con mi traje era un problema. Cuando me di cuenta de que no estaba viviendo, y me di cuenta de lo que realmente es un problema porque empecé a pensar en los demás en vez de pensar en mi todo el tiempo. Es un problema el que en pleno siglo XXI exista el maltrato doméstico tanto de niños como de mujeres, es un problema que en nuestra sociedad no se permita a cada persona expresar su amor y su sexualidad como su corazón les dicte, es un problema que en el Tercer Mundo la gente muera por lepra y por desnutrición además de por muchas otras enfermedades, no deja de ser un problema el que siendo personas “civilizadas” intentemos resolver los conflictos internacionales mediante la guerra; pero lo que realmente es un problema, es que la mayoría de la gente no se haya dado cuenta de esto o que lo considere normal. Esos son problemas.

Pero… ¿De qué sirve que te diga todo esto? Cuando termines de leerlo será como un texto más, tal vez no lo admitas ya que a tu orgullo de humano le duela admitir que está obrando mal y decidas seguir viviendo como lo has hecho hasta entonces, seguirás inmerso en el consumismo aunque te diga que éste sólo consigue que cada vez desees más solo por el hecho de tener. Seguirás confesándote cristiano aunque tal vez pienses en Dios una vez al año, Continuarás diciendo a la gente que la quieres por el mero hecho de quedar bien. Aceptarás tus defectos (o a lo mejor ni los aceptas ya que te crees en la posesión de la verdad absoluta) limitándote a decir que eres humano y que por lo tanto no eres perfecto, en vez de intentar corregirlos.

Pero algo en mi corazón me dice que todavía hay esperanza, que podemos cambiar esta situación, que todo saldrá bien aunque ello necesite de nuestro esfuerzo. Ese “algo” que me susurra al corazón es Dios, que me da esperanzas de vida y me dice que yo puedo hacer algo. Gracias a Dios estoy aprendiendo a vivir y eso es lo que realmente me proporciona la felicidad. Olvida tus pequeñas preocupaciones y nace todos los días sin dejar de ser un lo más parecido a un niño. Éstos son los que realmente disfrutan la vida y aprovechan todos sus momentos exprimiendo al máximo cada segundo. Un abrazo y… carpe diem.

Santiago Ruiz Galacho
Colegio Los Olivos, Málaga

“Hazte cuenta de que cada día empieza de nuevo” SAN AGUSTÍN