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A este buen amigo
lo vamos a llamar Manolo. Iba un día Manolo en su coche por una
carretera con sus hijos. Hablaban y uno de los hijos, el menor, cortó
la conversación poniendo la atención sobre una señora
que estaba de pie a la orilla de la carretera junto a su vehículo.
Manolo paró su vehículo tras el de la señora, con
discreción para no asustarla y , al punto, pudo comprobar que la
señora había pinchado y no se determinaba a cambiar la rueda.
Manolo, sin titubear, bajó de su coche y se brindó a la
señora para echarle una mano. Al poco rato cada uno seguía
su camino.
Al llegar a la ciudad donde se dirigía, Manolo dejó a sus
hijos en la escuela y realizó los recados que tenía que
hacer. Volvió a recoger a sus hijos que salían de la escuela
y regresaba felizmente a su hogar cuando se percata, al pasar un semáforo,
de que delante del coche empieza a salir vapor. Se detiene en el aparcamiento
de un restaurante, levanta la tapa del motor, lo examina y descubre que
el radiador está perforado. Se echa las manos a la cabeza con cierta
preocupación e invoca al Señor para que le sea propicio.
Mira a su alrededor y ve que un camión ha aparcado no lejos de
él. Baja de la cabina el conductor y se acerca hasta él,
preguntándole qué le sucede. Manolo le explica lo que le
ha ocurrido y añade que iba a telefonear a uno de sus hermanos
que es mecánico.
-Pero, ¿tardará mucho en venir su hermano?
-Seguramente, porque vive a una hora de la ciudad.
-Llame usted a su hermano y mientras usted lo espera yo me encargo de
sus hijos.
- Pues, ¿qué va a hacer usted con ellos?
-Lo que usted haría y no puede: darles de cenar. Mire la hora que
es.
"Aquel señor se portó de maravilla: no hubo manera
de que yo pagara la cena; y, además, nos llevó a casa de
unos amigos suyos que vivían allí cerca para que estuviéramos
bajo techo, mientras esperábamos a mi hermano. Y cuando llegó
mi hermano nos acompañó a revisar el coche y solamente se
despidió de nosotros cuando estuvo cerciorado de que el radiador
había quedado bien reparado y el coche funcionaba con perfección.
Yo le di las gracias, como es natural, y entonces él me contestó:
-No es nada. Resulta que hace unas horas venía conduciendo por
la carretera y vi que usted estaba ayudando a una señora a cambiar
un neumático. Y, bueno, el que da recibe..."
P. Javier
Andrés Ferrer
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