Pocas respuestas y muchas preguntas...

 

Buenos días... Seguro que el título os suena... Os suena de haberlo vivido y experimentado en vuestras vidas... Muchas preguntas y pocas respuestas...

El hombre por naturaleza es buscador... Buscador de altos ideales, de valores, de la verdad, de un montón de cosas... Y ¿qué ocurre...? Ocurre que en nuestra búsqueda van surgiendo cantidad de preguntas, de cuestiones, de interrogantes... Pero, por otro lado, muy pocas respuestas... A veces nos desesperamos en nuestra búsqueda, nos cansamos, nos abatimos... ¡Cuántas veces queremos obtener resultados en cuanto hemos hecho una apuesta! Es como sembrar una semilla y querer que, al momento, ya haya nacido... Hemos de dar tiempo...

Es cierto que en una sociedad práctica, utilitarista y rápida como la nuestra, decir que hemos de dar tiempo a las cosas suena a perderlo y no va con nosotros... Pero todo, y digo TODO, necesita su tiempo, necesita su maduración, sus ritmos y etapas y querer precipitar las cosas es acabar matándolas... Todavía recuerdo a ese niño, que cansado de que su planta no creciera más que la de sus compañeros de clase, un día decidió estirarla. Se dijo: “La estiraré y será mayor que la de mis amigos...” Lo que consiguió fue arrancarla..., cortarla..., matarla... Se quedó sin planta...

Lo que le ocurrió a este niño nos pasa a nosotros en infinidad de ocasiones... Nos quedamos sin plantas, sin personas, sin amigos, sin Dios, porque estiramos hasta romper... Porque pedimos respuestas a nuestras preguntas inmediatamente... Porque queremos tenerlo todo muy agarrado... Y no dejamos lugar para la sorpresa... Es decir, esa capacidad de admiración ante lo nuevo, ante lo desconocido, ante el otro...

Un abrazo muy fuerte de Miguel Ángel y feliz día...