¿Qué tenemos que descubrir...?

  Bueno, amigos y amigas... A todos nos gusta descubrir nuevas cosas y nuevas personas... Recuerdo cuando era pequeño y solía hacer expediciones por la naturaleza con mis hermanos en busca de nidos de pájaros, de casas abandonadas... ¡Qué alegría descubrir...!

Y nosotros, ¿qué queremos descubrir?... Tal vez la felicidad, el amor, la paz, la vida, la justicia, la solidaridad, la generosidad, el servicio... Tal vez, descubrirnos, saber cómo somos, cómo pensamos... ¿Quién hay detrás de esa cara...? Según lo que queramos descubrir hemos de poner los medios para ello... Ni sirven todos los que pensamos ni tampoco podemos desperdiciar todos los que creemos no posibles...

Esta mañana leía un pequeño relato de Carlos G. Vallés... Voy a hacer una pequeña síntesis del mismo...

Eran tres en la familia: el padre, la madre y el niño... Al niño se le antojó un juguete caro... El último del mercado... Los padres le dijeron claramente que si se le compraba se le acabarían los juguetes en unos cuantos meses... Él lo entendió... Cuando llegó el juguete esperado se sintió muy feliz e inmediatamente llamó a todos su amigos para enseñárselo... Todos le envidiaban por su juguete nuevo... Pero el entusiasmo pasó enseguida... En cuanto a un amigo suyo le compraron un juguete un poco más moderno, más caro y más nuevo... El niño perdió todo su interés en su juguete... Lo abandonó en un rincón de su habitación...

La madre le explicó que era un buen juguete y que incluso en algún aspecto mejor que el de su amigo... Pero él no hizo caso...

La madre tenía su propio problema... Había conseguido tener casa nueva... La había preparado como ella quería... Cada rincón, cada puerta, cada ventana, el jardín... Todo lo había diseñado ella... Invitó a todos sus vecinos a conocer su casa... Entusiasmada explicaba cada parte de la casa con todo detalle... Conservaba con orgullo su casa, con limpieza exquisita y con gusto... Pero esto duro poco... Hasta el momento en el que en el vecindario se construyó una nueva casa... No era mucho mayor ni distinta, aunque sí un poco más moderna... Y fue invitada por los nuevos vecinos donde ellos le explicaron con detalle cada rincón de la casa... Cuando regresó, su casa le parecía vulgar... Perdió todo el interés por ella... Ya no se ocupaba de ella...

El marido se dio cuenta de ello y habló con ella... Le explicó que su casa era buena, que les había costado mucho trabajo y ahorros... Pero la mujer lo escuchó en silencio y con resignación, pero no hizo caso de nada y lo fue dejando todo de lado hasta el punto de deteriorarse...

El marido también tenía su problema... Él amaba a su esposa... Era trabajadora, culta, refinada, elegante, afectuosa... La llevaba a fiestas y se enorgullecía de presentarla a sus amigos... Presumía de esposa y solía decir que eran la pareja más feliz del mundo... Pero todo cambió cuando sus amigos se fueron casando y le presentaron a sus jóvenes esposas... Algunas eran jóvenes muy completas... Se dio cuenta que cuando más las iba conociendo y apreciando menos afecto sentía por su mujer... Le parecía ordinaria, poco interesante, aburrida... Poco a poco la relación se fue enfriando... Se distanciaron y se fueron separando...

La tristeza llegó a la familia...

El entusiasmo del niño convertido en abandono; la alegría de la mujer convertida en tristeza y repulsa; la ilusión del marido convertida en frialdad y separación...

Suele ser un peligro de nuestra sociedad actual... Eso de querer más y más... y no ser feliz con nada... Soñamos con lo que tiene el vecino y cuando lo tenemos, queremos algo mejor... Y pataleamos contra todo y contra todos... Como los niños cuando no les das lo que piden... Soñamos con el escaparate, pero no con el corazón... Soñamos con ilusiones que no pisan tierra, que se desvanecen en superficialidades...

Pero, la vida, ¿siempre es tan dura, tan cruel...?

Hubo un día en que ese niño, estaba solo en su cuarto cuando se fijó en el juguete... Lo cubría una buena capa de polvo... Lo miró un buen rato y lo reconoció... Lo tomó en sus manos y se puso a jugar con él... Merecía la pena jugar con él... Era bueno... Sonrió y se llenó de entusiasmo... Su madre lo observaba a través de la puerta con curiosidad... Pero no quiso decir nada para no romper el momento... Lo entendió todo y se sintió feliz de ver a su hijo feliz...

Otro día la mujer estaba sentada en el salón cuando observó que la casa estaba inundada de polvo, que la pintura de puertas y ventanas estaba cayéndose y que el jardín eran un montón de hierbas salvajes... Inmediatamente se puso a trabajar, a limpiar y ordenar... De nuevo había revivido el interés por su casa... El marido que llegaba de la oficina la observó desde la calle trabajar afanosamente en el jardín... Y notó la transformación que había ocurrido... Pero no quiso decir nada por si lo echaba a perder todo... Y se alegró de veras al sentir a su mujer llena de alegría...

Y hubo otro día en el que estaban el marido y la mujer leyendo en su cuarto... Cada uno en sus pensamientos, en sus recuerdos... El marido miró a su mujer y se dio cuenta de lo encantadora que era y de lo mucho que él la amaba... Se acercó a ella, la miró, la tomó en su brazos con dulzura y la atrajo a sí... Y juntos renovaron ese primer amor de sus vidas...

“Y Dios los vio. Los vio desde lejos sin que ellos se apercibieran. Y no quiso decir nada para no distraerlos; pero, al ver que al fin se habían reconciliado los dos, Dios se sintió de veras muy feliz...”

Descubrir lo maravilloso del otro, lo nuevo y no lo viejo... Descubrir el amor como aquello que hace vivir... Descubrir la alegría que cambia nuestro corazón... Descubrir la sorpresa de las cosas, la primera presencia, el primer amor... Descubrir nuestro corazón y la cantidad de tonterías por las que estropeamos en ocasiones nuestra vida... Descubrir que tenemos mucho que dar, mucho que aprender, mucho que vivir, mucho que celebrar, mucho que entregar... Aprender que tenemos que darnos nosotros mismos, como la raíz de nuestra felicidad y de la felicidad de los demás...

“Un niño descubre su juguete; una mujer, su casa; un marido, a su mujer. ¿Cuándo, por fin, me descubriré yo a mí mismo...?”

Un abrazo de Miguel Ángel y feliz jornada para todos...