¿Encontrar a Jesús..., o dejarse encontrar...?

 

¡Buenos días...!

El relato del Evangelio de hoy (Lc 24,35-48) es de los relatos que encierran una gran sabiduría y profundidad de Dios para con el hombre... Seguro que muchos de vosotros los conocéis... el relato de los discípulos de Emaús... Un relato que nos puede ayudar a entender un poco más nuestra vida cristiana y humana... Nuestro ser en relación con Dios y con los hombres...

Imaginaos la escena... Dos discípulos que van caminando hacia su casa... Habían vivido las fiestas de Pascua en Jerusalén... La gran Jerusalén... Sin embargo, en ella habían matado a su Maestro, al Señor Jesús... Seguro que la ida había sido llena de alegría... Iban a encontrarse con sus amigos, los otros discípulos, y también con el gran Amigo, Jesús de Nazaret... Seguro que partieron rebosantes, llenos de gozo, llenos de felicidad... Igual que cuando nosotros vamos a encontrarnos con la gente que queremos... Preparamos todas las cosas con gran alegría y soñamos con ese encuentro... Fueron felices... y volvían tristes...

Toda su fiesta primera se había convertido en angustia, en tristeza, en soledad... El Señor había sido crucificado, lo habían matado por decir la verdad, por anunciar un nuevo orden: el amor de unos con otros... Eso es lo que había dicho en la Última Cena: Amaos los unos a los otros como yo os he amado... Servid a todos, porque es más feliz el que sirve que el que es servido... Yo he venido a servir no a que me sirvan... Ese ha de ser vuestra talante y vuestra actitud para con todos los hombres...

No entendían cómo habían matado a Jesús de Nazaret... ¿Qué había hecho...? Curar, sanar, salvar, traer esperanza a un pueblo dolido por la opresión, decir la verdad... Y ahora..., ¿qué...?

Volvían un tanto desesperados, porque las cosas no habían ido como esperaban... Pensaban que iban a ser unas fiestas felices y se han teñido de sufrimiento...

En estos pensamientos andaban los dos discípulos de Jesús cuando Él se pone a caminar con ellos... Cuando de repente Jesús de Nazaret se hace compañero de camino... Tan metidos estaban en sus cosas que su corazón no es capaz de reconocerle... Le mirarían y se preguntarían, pero, ¿quién es este...? Y más sorprendidos se quedan cuando les pregunta sobre lo que ha pasado estos días en Jerusalén...

¿Quién es éste forastero que no sabe lo que ha ocurrido en Jerusalén...? ¿Quién es éste que pregunta sobre lo que todos saben...? Ellos esperaban mucho de Jesús de Nazaret y ahora se ha ido... Lo han crucificado y lleva así dos días... No sabemos mucho más... Hasta entonces los dos discípulos buscaban afanosamente una explicación a todo... ¿Querían encontrar a Jesús...? Y sin embargo, es Jesús el que se deja encontrar... Jesús es el que se deja ver, tocar, palpar...

“¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas!” Y Jesús..., les explica todo... Poco a poco sus ojos se van abriendo y van comprendiendo lo sucedido... Van entendiendo que era necesario dar la vida, para tener la VIDA DE DIOS... Era necesario el dolor y la cruz parta llegar a la RESURRECCIÓN Y LA VIDA...

Será en la fracción del pan, donde descubran al Señor... Donde le reconocen, donde le encuentran... Donde se dejan encontrar por el amor, la vida y la paz de Dios... Es ahí donde descubren que todo tiene sentido, que todo era verdad... Es ahí donde descubren que Dios vive, que Jesús ha resucitado...

Era tarde... Pero regresaron de nuevo a Jerusalén a contar la experiencia que habían tenido... No podían por menos que compartir lo vivido junto al Señor Jesús... Ahora era Jesús quien les había encontrado...

¿Cuántas veces nos preguntamos...

cómo encontrar a Dios...,

cómo amar a Dios...,

cómo buscar a Dios...?

Y nunca cambiamos el tono, el talante de nuestra pregunta...

¿Cómo dejarme encontrar por Dios, amar por Dios, buscar por Dios...? Él siempre está dispuesto a encontrarnos si nosotros estamos dispuestos a abrirle nuestra vida y corazón... Si nosotros estamos dispuestos a escucharle con un poquito de silencio en nuestra vida... ÉL NOS ENCONTRARÁ...

Por ello decía al principio que este relato puede ayudarnos a entender más nuestra fe y a vivir de forma más humana... ¡Cuántas veces nos desesperamos, nos abatimos en las dudas y en las crisis de nuestra vida! ¡Cuántas veces sentimos la tristeza, la desesperanza en nuestro corazón! ¡Cuántas veces pensamos que no tiene sentido nuestra vida, que no tiene norte, ni fin, ni meta...! Y cuando todo esto ocurre siempre hay Alguien que está dispuesto a desbaratar todo ese sufrimiento en forma de vida, de nueva vida, de auténtica vida...

Y siempre hay posibilidad para la alegría, para el encuentro, para la lucha diaria, para el amor, para encontrar en sentido a la vida... Nuestro Dios no ha venido de paso a esta tierra, sino para quedarse... Para hacer de nosotros personas felices, llenas de vida...

Me gusta recordar esa imagen de la naturaleza que tanto tiene que ver con nuestra naturaleza humana... Siempre que ha habido nubarrones, días oscuros, días de noches duras, tormentas fuertes..., luego, siempre ha vuelto el sol, los días claros, los días azules, días de bonanza... De nosotros depende no refugiarnos a la sombra y quejarnos que no hay sol... Hay que dar de nuevo un paso para dejarse tocar por sus rayos...

Un abrazo muy fuerte de Miguel Ángel y feliz día para todos...