| Corta
la cuerda |
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Buenos días... La confianza a todos nos cuesta un poquito... En nuestras relaciones, con nuestros amigos, con nuestra pareja, con Dios... Confiar implica dejar algo de uno mismo y depositarlo en el otro... Confianza es abrir el corazón a manos llenas en el otro... Y como digo, esto es costoso...
¡Sí! A veces nos cuesta confiar sobre todo cuando alguien nos la ha jugado, o tal vez, haya jugado con nuestra vida, nuestros sentimientos y nuestro corazón... Seguro que todos hemos experimentado lo que significa también el sentirse traicionado... El que alguien te haya vendido... A pesar de ello, pienso honestamente, que es mejor seguir confiando, abriendo el corazón, que cerrarse definitivamente a todos y a todo... Aunque nos la hayan jugado una, dos o tres veces pienso que enriquece, nos llena más y nos hace más personas seguir confiando...
Y ¡cómo no!, también Dios está ahí... Esperando que nosotros tengamos la valentía de confiar en Él... ¡Cuántas veces dudamos de Él! ¡Cuántas veces no nos fiamos de su Palabra!... ¡Cuánta desconfianza...! Nos aferramos a nuestra vida y a nuestras fuerzas como si alguien nos las fuese a arrebatar...
También nos gusta colgarnos las medallitas nosotros solos... Que nos adulen y para ello es mejor hacer las cosas en solitario, sin necesidad de nada ni de nadie... Eso crea personas solitarias, egoístas, autosuficientes... Crea cotos cerrados en la humanidad...
Tal vez sea la hora de soltar cuerdas, de cortarlas todas... Dejarse caer, porque en ello puede ir nuestra salvación y nuestra felicidad... Seguro que la historia que a continuación relato, la has escuchado o leído... Pero no está de más volver y fijarse como va nuestra vida en eso que se llama confianza... Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía. Después de años de preparación, quería la gloria para él sólo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde y más tarde, no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo hasta llegar a la cima. Oscureció, la noche cayó con gran pesadez a la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas con las nubes. Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas cada vez más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, pensaba que iba a morir... Sin embargo, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos... ¡Sí!, como alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar...: "Ayúdame Dios mío!" De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "QUE QUIERES QUE HAGA HIJO MIO?" Sálvame Dios mío "REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?" Por supuesto Señor "ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE....." Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó... Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO... Feliz día y un abrazo de Miguel Ángel...
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