Si no me matan antes...

 

Hoy me he despertado con el susurro de miles de niños y niñas que gritan libertad, paz, amor, vida... Me he despertado con lágrimas en los ojos y con rabia en el corazón por la injusticia a la que son sometidos y sometidas tantísimos niños y niñas en nuestro mundo...

No quiero que se pase la oportunidad para que llegue su clamor hasta tu corazón, para que abras los ojos y sientas su dolor y su esperanza... Para que recordemos lo afrotunados y privilegiados que somos...

Esta carta la escribe un niño... Un niño que por nacer en un determinado país, en circunstancias distintas a ti y a mí, pierde su inocencia cada día... Siempre en la esperanza de un día en donde el sol pueda brillar en su cara... Un día en el que sonreír alzando en sus manos no un fusil sino una flor, una paloma...

Querido Dios:

Creo que lo que necesitamos no es nada fácil, aunque tampoco es nada difícil; digamos que es difícil. Pues solos no podemos conseguirlo, pero con tu ayuda, tal vez sí.

Te pediré de todo lo bueno, un poco, que no es poco, y, por si acaso, te mando la lista de lo más urgente:

Queremos cientos de gafas para racistas, miles de lágrimas de arrepentimiento, nocturnos ataques de risa, bellas sirenas que susurren nanas, médicos que operen el rencor, campamentos de cariño para heridos, todo tipo de verduras y ternuras, miras telescópicas para ver a los cansados, radares que intercepten el llanto de los niños que pasan hambre y frío, legiones de poetas que enseñen en los cuarteles alguna palabra más que "pin, pan, pun".

También te pido varias cajas de carcajadas para troncharse en las trincheras, un camino para ir a la paz sin peajes ni fronteras, ¡ah! Y que sea ancho para que quepan todos.

Bueno, ya sé que se agotó el combustible y los coches no corren; queremos llenar los depósitos de golosinas para los motores de ilusión. Todo esto lo necesitamos: ¡ya!

Aunque ya que vienes, y con el fin de aprovechar mejor ese viaje de tu corazón a nuestro país, te pediré alguna cosa más. Pues se me ha ocurrido que podemos celebrar la fiesta de la paz, por ser algo especial y nuevo para nosotros.

¡No te cortes!, añade desde tu experiencia y originalidad alguna sorpresa a la lista, nos encantan. Pues para empezar quiero que en todo el mundo dejen ir a los niños a los ríos y puertos de mar para enviarnos sus barcos de papel, porque siempre nos los hunden los mayores. No más barcos de guerra, queremos barcos de papel con mensajes de ánimo y basta ya de balas que matan a las personas. Queremos balas que maten el hambre, ¡queremos comer!

¡Ah! Y necesitamos bombas que estallen de alegría y misiles de colorines sin frontera. Necesitamos que nos cambies la banda de violadores por una de violines. Que te lleves esas marionetas que se llaman soldados, y que hagan un tobogán con todos los tanques soldado. Si no es mucha molestia, ya sabes que nos haría mucha ilusión.

También nos hará falta luna llena para que no se apague la fiesta en toda la noche, la intervención aérea de un amanecer precioso y miles de rosas rojas para regalárselas entre vecinos todo el día. Aquí en la guerra, a veces, sólo veo nubes y me siento como una monda de fruta.

De todas formas, sacaré lo mejor de mi vida, como tú siempre haces, y ofreceré sorbos de vitamina C (Cariño), para los acatarrados de desesperanza y no sé qué más... De todo corazón y de antemano, gracias. Espero verte pronto y de sorpresa por la calle, como siempre. Si no me matan antes.

Niño-soldado de Sierra Leona

(Tomado de la Revista “Todos Uno”)

Un abrazo de Miguel Ángel y disfruta del fin de semana desde la paz del corazón, la paz interior y la lucha por la construcción de un mundo más de hermanos, más humano..., pero siempre sin violencia. La violencia nunca es el camino para la paz...