¿En nombre de qué Dios?

 

¡Buenos días! Hablábamos el otro día del cinismo con que enfrentan algunas personas los destinos del mundo... Hablábamos de cómo algunos son capaces de llevar a su pueblo y a otros hombres y mujeres a la destrucción... Cuando se trata de personas no podemos jugar... No podemos permitirnos el lujo de decidir sin más...

Últimamente he estado leyendo que los grandes dirigentes, los grandes dictadores rezan... Pero me pregunto, ¿a qué Dios rezan...? ¿Cómo rezan...? ¿Qué piden a ese Dios...? Más que rezar han de ser conscientes de que debemos escucharle... Sí, escuchar a Dios... Solo desde su escucha podremos caminar, avanzar y vivir... Tenemos que tener la suficiente valentía para escucharle... Hemos de evitar actitudes farisaicas, como las del tiempo de Jesús... Evitar actitudes de creerse buenos ante Dios y por ello hacer lo que nos venga en gana...

Podemos caer en la tentación de escucharnos a nosotros mismos, creyendo que es Dios el que nos habla... La tentación de hacernos nuevos mundo al margen de Dios... Hacernos nuevas historias sin contar con la historia de Dios...

Por ello de nuevo hemos de mirar al Lugar donde no nos equivocaremos de a quién estamos escuchando... Este es el Evangelio... La misma Palabra de Dios que sigue viva y sigue diciendo... El Evangelio es claro, nos guste o no nos guste, Amar... Esta es la síntesis del mismo: Amarnos como Él nos amó, y amar a los otros cómo Él fue capaz de hacerlo por nosotros... No es fácil, pero implica todo un estilo peculiar de vida, de apertura de corazón, de escucha de Dios y de los demás, de búsqueda de bien, de bondad, de servicio gratuito a los más desfavorecidos...

Mi pregunta es ¿en nombre de qué Dios...? ¿Qué Dios es el que está moviendo nuestros corazones?... En estos momentos de abatimiento generalizado todos hemos de ponernos a reflexionar... Principalmente aquellos en quienes hemos puesto la confianza... Confianza para llevar a nuestro mundo y a nuestros pueblos a la paz, el bienestar y la vida...

No vale rezar, si solo nos escuchamos a nosotros mismos... Sino dejamos que la voz de Dios llegue a nuestro corazón y toque nuestra tierra (tantas veces seca), la tierra de los hombres y mujeres de hoy...

Te deseo una feliz jornada en la que pidas por la paz... Pero también por el cambio de nuestros corazones aferrados a la seguridad, a lo nuestro, a lo de siempre... Que pidas por un mundo de auténtica fraternidad, donde los hombres estén por encima de los intereses particulares...

Un abrazo muy fuerte de Miguel Ángel...