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Hubo un tiempo en
el que corría de un sitio para otro
descubriendo nuevas experiencias, nuevas personas,
nuevas formas de amar y ser amado.
Mis jóvenes piernas gozaban de tu energía
y me permitían acudir allí donde requerían nuestra
presencia.
Pero a alguien no
le debió gustar todo lo que yo hacía,
y un día me las cortaron cruelmente.
Te pedí ayuda, Señor, y juntos y sin que nadie lo supiera
utilizamos nuestras manos para seguir haciendo el bien.
Cuántas personas gozaron de nuestras manos amigas.
No conforme con nuestra
tarea, una mañana desperté con las manos maniatadas.
Acudí a ti. Tu mirada cariñosa me hizo descubrir que todavía
podíamos seguir construyendo un mundo mejor.
Fue entonces cuando utilizamos nuestros ojos, nuestra mirada y nuestra
sonrisa
para estar cerca de los que más nos necesitaban.
Sin embargo, muy pronto
también me privaron de la vista.
Volví a acudir a ti y juntos utilizamos nuestras voces
para gritar a todo el mundo tu palabra.
Nuestra voz llegó a mucha gente y muchos fueron los que se unieron;
y nuestra voz se hizo más potente
y tu palabra quedó sembrada en muchos corazones.
Aunque lo que era
una voz sana, melódica y reconfortante para muchos,
para otros era estridente y molesta.
Por eso también me negaron expresar con palabras
las maravillas que tú estabas haciendo en mí...
Hoy me presento ante
ti, malherido por todos los costados.
Ellos al fin creen haberse quedado tranquilos,
sentados en sus amplias butacas.
Al fin ya nadie será un estorbo en sus cómodas y placenteras
vidas.
Lo que no saben, Señor,
es que tú seguirás a mi lado,
y juntos, corazón con corazón,
seremos aliento y estímulo para tanta gente cansada, agobiada e
injustamente maltratada.
Feliz jornada...
Reza y pide..., reza y da..., reza y ama... Sé tu mismo oración,
acción de gracias, petición...
Un abrazo de Miguel
Ángel...
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