| "Titulitis..." |
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¿Cómo te va la vida...? ¿Cómo andas...? ¿Cómo respiras...? Y sobre todo, ¿qué respiras...? Espero que vengan buenos aires a tu vida... Seguro que tienes algún título en el bolsillo o estás esperando que llegue... Acabar la carrera y licenciado en... O tal vez, el master de no se qué... Un gran y buen papel en bonito color, con un marco de esos que impresionan... No me entiendas mal... No es que esté en contra de que estudies, de que te formes, de que aprendas (sobre todo que aprendas a vivir...) ¡No es nada de eso...! Simplemente que a veces metidos en nuestras cosas, nuestros estudios, nuestros títulos, acabamos por no ver más allá de dos metros en la vida... Cuando la gran lección de saber vivir, de aprender a vivir, ser personas constructoras de humanidad, cada día, se nos olvida... Es que últimamente me ha tocado visitar varios centros y organizaciones de personas especializadas, "gente importante..."; o al menos lo parece... Entras en el despacho y lo primero con lo que te topas es con un montón de cuadros colgados en la pared... Todos muy parecidos... Te aproximas un poco y... títulos... Y piensas, este tío tiene que ser muy importante, porque tiene toda la pared abarrotada de títulos: éste en EE.UU, el otro en la facultad de Londres, el otro en Madrid... ¡Qué tipo! Entras en otro despacho y otro tío con su montón de títulos por todos los lados... Parece que vivimos en una sociedad en la que los títulos son los que dan de comer o al menos de trabajar... Preparas un currículum vitae y ¿qué pones?... Pues todos los títulos, trabajos, estudios, preparación que tienes, los idiomas que sabes, los programas informáticos que sabes manejar, foros en los que has participado, etc... Sin embargo, a nadie le interesa si eres una buena persona, la calidad humana que tienes, la capacidad de relación con los demás, la sencillez, la escucha, la comprensión... ¿Por qué no ponemos esto?... Tal vez, ¿por que nos da miedo? o ¿porqué simplemente esto no vende...? Vivimos en una sociedad tan práctica que lo único que interesa es la formación intelectual recibida, aunque más que la formación intelectual, los títulos que puedas presentar... Y no me entendáis mal de nuevo, por favor, hay buena gente, con gran calidad humana, que está bien preparada... Me quejo de aquellos que sólo se fijan en un papel lleno de cosas, de cursos realizados, de expedientes fantásticos, pero nada miran de la persona que tienen delante, de un corazón anhelante con inmensas ganas de salir adelante... Como dice un buen amigo mío en una de sus canciones, que es lo que vamos a presentar a Dios cuando estemos a su lado... Tal vez saquemos nuestras hojas con brillantes licenciaturas y doctorados, con todos nuestros títulos... - Mira Dios, yo he hecho esto, he trabajado como director en este sitio, tengo estos estudios y también hice este curso en esta facultad... ¡Ja! Y seguro que Dios se muere de la risa, por no llorar de pena... Y esos títulos, ¿te han servido para luchar por la justicia, por la solidaridad, por el amor...? Esos títulos, ¿te han hecho más persona o han hecho de ti un egoísta...? Esos títulos, ¿te han servido para vivir o para creerte lo que no eres...? Tal vez estemos enfermos (y digo sólo tal vez). Enfermos de titulitis... Con síntomas graves: egoísmo, autosuficiencia, competencia, inhumanidad, alteraciones en la conducta, estrés... ¿Habrá curación? Seguro que sí. Cuando aprendamos a vivir y vivamos lo aprendido sin creernos mejores que nadie ni peores que los demás; cuando nos sirva para vivir más, mejor y con mayor humanidad; cuando sepamos poner al servicio de los todos los hombres y mujeres, nuestros conocimientos y nuestra vida desde la gratuidad... ¿Habrá médicos para tal terapia? Hubo uno, Jesús de Nazaret, que fue más allá de lo mucho que sabían todos los doctores, fariseos, letrados del tiempo... Hubo uno, Jesús de Nazaret, que supo mirar al corazón sin disfraces, sin papeles, sin títulos... Hubo uno, Jesús de Nazaret, que no pidió ningún título a los que llamó, ningún curso ni doctorado... Jesús de Nazaret, aquel que vivió amando y amando murió... No tenía títulos, no fue a clase, no era un gran doctor; pero supo vivir... Él aprendió la lección desde y con el corazón y no enmarcada en un cuadro... ¿Has aprendido esta lección?... Porque ésta es la lección magistral por excelencia de la misma Vida... Un abrazo muy fuerte de Miguel Ángel... y feliz jornada...
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