Una carta de Dios cada día

 


Buenos días amigos y amigas..., que pacientemente seguís ahí..., leyendo, esperando, compartiendo y viviendo el gran don de la fe, del amor y de la vida que Dios nos ha manifestado en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios... Espero que el test de ayer lo hayáis superado... ¡Es broma! Mejor, espero y deseo que os haya ayudado...

El otro día estaba de lleno metido en el estudio leyendo unos artículos sobre san Agustín... Son de esos días en los que te concentras de una manera especial y además te gusta lo que estás haciendo... Cuando de repente suena el teléfono, el móvil... Lo cojo...

- Si...
- Hola Miguel... Soy Alejandro...
- ¡Hombre, Alejandro!, ¡qué alegría!. ¿Cómo te va? Mira que hacía tiempo que no hablábamos...
- Sí... Pues ahí ando. Con el trabajo... Bueno, más o menos...
- ¿Qué te pasa? Te veo un poco tristón...
- No sé tío... Te parecerá una tontería... Pero, hace tiempo que llevo pensando que no recibo ninguna carta de nadie... Y me da mucha pena... Antes todos nos escribíamos...
- ¡Cómo que no recibes ninguna carta de nadie! Ya sabes que ahora con los medios modernos, los e-mails, internet, teléfono...
- Ya... Pero me gustaba recibir cartas de los otros, de los amigos, de los padres... Y ahora nada... Todos estos medios nuevos, creo que nos han hecho perder la sorpresa, la alegría de ver en nuestro buzón la carta de un amigo... ¡No te parece!
- No había pensado en ello, pero ahora que lo dices... Tienes razón... Pero, ¿no te parece que todos los días tenemos una carta en nuestro buzón...?
- ¡Qué dices! Una carta en nuestro buzón... Sí, y no una sino muchas cartas de facturas, de publicidad, propaganda, basura...
- No, Alejandro... No me refiero a esas cartas... Sino una carta muy especial en el buzón de nuestra vida... Y que muchas veces no recibimos, no acogemos, no abrimos porque no estamos atentos... La dejamos pasar, aunque el Cartero de esa carta venga todos los días...
- No sé de qué me estás hablando... Cuando te elevas no hay quien te siga...
- Déjame explicarte...
- Ok...
- Es la Carta que Dios nos envía cada día al amanecer..., esa carta son los otros... Aquellos que al abrir la ventana de tu habitación ves correr en la calle de un lado para otro... Las personas que nos rodean, con las que compartimos la vida, aquellas que vemos solas en la calle, en la familia, aquellas que están sufriendo o se encuentran tristes...
- Ya te voy entendiendo...
- Gracias hombre... Todos tenemos una carta, una nueva sorpresa en la vida de los otros... ¡Qué mejor carta que los otros! Ahí están esperando a que nosotros nos acerquemos, quitemos nuestros miedos y sepamos leer en el corazón de los demás... Está escrita por el mismo Dios... ¡No es maravilloso! El mismo Dios me escribe una carta..., escrita con el boli del amor, el papel de su misma historia (historia de salvación), el sobre de la esperanza y de la alegría, con sello de Dios...
- Sí, creo que el sello lleva una panorámica del cielo...
- ¡Qué gracioso!... Mira que todos guardamos las cartas de nuestros amigos con tanto esmero que nos enfadamos si alguien toca alguna que es para nosotros... Que las leemos un montón de veces... Y con la carta de Dios, nada de nada... Y esta carta de Dios todos debiéramos guardarla, pero no en nuestros armarios..., sino en nuestros corazones... Cuántas veces nos quejamos que Dios no nos escucha, no nos habla, no nos dice nada... ¡Está a su bola!, decimos... Si abriésemos un poquito los ojos nos admiraríamos de lo mucho que habla, de lo mucho que dice..., y de lo poco que somos capaces de escucharle... Hay que saber mirar, no sólo con los ojos de la cara; hay que saber buscar más con el corazón que con las gafas... ¿No te parece...?
- Tienes razón... Nos quejamos demasiado de que no recibimos nada, cuando recibimos lo mejor y lo importante todos los días... Al mismo Dios en los otros... Una Carta de Dios que entrega él mismo, que pone en mi camino para mi felicidad... Tal vez, estamos demasiado cegatos... ¡Oye!, muchas gracias Miguel...
- De nada... Bueno, ¿Qué tal Ana...?
- Bien... Andamos preparando...
- [...]


¿Ya has abierto tu carta?... En marcha..., porque ya te ha sido enviada... ¿Te has acercado al buzón de tu vida, de tu corazón?... Sólo necesitas la llave de la entrega, del servicio, del amor... Esta llave nunca falla... NUNCA...

Un besazo para todos/as y feliz día... Miguel Ángel...